¡Mal Momento!
4 Feb. 2026
Es tarea del traductor liberar en su propia lengua esa lengua pura que está bajo el hechizo de otra, liberar la lengua aprisionada en una obra en su recreación de esa obra……Walter Benjamin
Arturo Suárez Ramírez / CAMBIO22
La administración de López Obrador dejó muchos pendientes, una herencia maldita como la inseguridad y aquella política de los “abrazos y no balazos”, que hoy le pasa factura a Claudia Sheinbaum con una creciente tensión con Estados Unidos. Luego está el tema de la escasez de medicamentos, un asunto que debería ocupar el primer renglón de su agenda. López Obrador empeñó su palabra una y otra vez y se fue como lo que es: dejando un enorme problema que atenta contra la salud de los mexicanos. Así actúan los demagogos.
Qué decir de aquellas visitas, al inicio del sexenio de López, a construcciones en obra negra que prometían ser hospitales. Ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto los concluyeron, pero con la llegada de la 4T se abrió una esperanza que poco a poco se fue diluyendo con la creación del INSABI. Todo se puso a prueba de la peor manera con la pandemia de Covid-19. Demolieron lo que había tardado años en construirse: el Seguro Popular, que, con todas sus deficiencias, no registraba la escasez de fármacos ni la falta de equipo, insumos y médicos que hoy se padecen.

Todo se justificó bajo el argumento de que había corrupción en la compra de medicamentos. Nadie podía estar en desacuerdo con combatir a empresas leoninas, pero no lo hicieron de manera correcta. Quienes aconsejaron a López Obrador —y, por supuesto, él y su gabinete— tienen responsabilidad directa. Ninguno de aquellos corruptos pisó la cárcel; en cambio, se provocó un nuevo problema: se dejaron de surtir miles de recetas y se monopolizó la compra.
Han pasado siete años de gobiernos morenistas y el acceso a medicamentos sigue siendo una asignatura pendiente. Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, este problema, ya crónico, se ha convertido en una de las principales cicatrices del discurso gubernamental y de la percepción ciudadana sobre la eficacia del gobierno en materia de salud pública. Acudir a una clínica del sistema de salud se vuelve un calvario, aunque desde la “mañanera del pueblo” repitan que todo está bien y bajo control, y califiquen de “politiquería” a quienes se quejan o denuncian.
A ello se suman brotes de enfermedades como el sarampión, prácticamente erradicado desde 2016. Claro, durante los gobiernos neoliberales —esos que tanto desprecian— no ocurría. Hoy está de vuelta, con más de siete mil casos y los que se acumulen. El origen, de nuevo, está en el gobierno del Pejelagarto, mal aconsejado por sus “matraqueros”, que no compraron las vacunas correspondientes. Otra factura más de quienes prometieron que seríamos Dinamarca. Así es la marca de la casa: como aquella bodega con apenas unas cuantas pastillas, presentada como una megafarmacia. Una verdadera tomada de pelo.

El fin de semana, la presidente vivió una escena de reclamos, todo por la falta de medicamentos, especialistas, citas y le gritaron a Sheinbaum que no son “politiquería”, los escucho, pero con la cara descompuesta, eso se ha repetido en otras ocasiones y le seguirá pasando. El discurso no cura, las promesas no surten y la propaganda no salva vidas es “politiquería” … pero mejor ahí la dejamos.
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