Seguridad y Retenes en las Carreteras en México
4 Feb. 2026
Carlos Barrachina Lisón/ CAMBIO22
Transitar por las carreteras principales de México, especialmente de día, es relativamente seguro para los vehículos particulares. Los transportistas se quejan de robos, y de presencia del crimen organizado. Aún así, siguen circulando por las principales autopistas del país, porque la economía en México sigue funcionando y asumen los costos. Ello implica estar continuamente sorteando camiones de todo tipo, así como pipas de gas y gasolina y autobuses de pasajeros de diferentes compañías, costos y tamaños.
Pasando más allá de Coatzacoalcos, por la carretera hacia Campeche, o Yucatán, atravesando el Istmo de Tehuantepec, o en Chiapas y Quintana Roo acercándose a la frontera con Guatemala los retenes se multiplican. Para mí es muy interesante ver los puestos de “verificación migratoria”, que en algunos casos todavía mantienen el nombre de “rescate humanitario”. Suelen estar acompañándose de marinos o soldados en una serie de carpas permanentes, especialmente en las fronteras de las entidades federativas. Se me hace interesante, porque a pesar de que se les ha dicho por activa y por pasiva que la función del INM de verificación migratoria, únicamente puede hacerse en los puertos migratorios, ellos siguen ingresando a todo tipo de autobuses solicitando identificación, a ver lo que “cazan”, y en todos los puntos en los que están presentes hay de una a tres camionetas de último modelo, para llevarse a los “rescatados” a las estaciones migratorias, para seguirle cumpliendo al presidente Trump.

En general los retenes están dirigidos por policías estatales, municipales, fiscalías de los Estados, soldados, marinos, agentes de migración y desde hace poco tiempo militares de la Guardia Nacional. Las preguntas suelen ser las mismas, de dónde vienen, a dónde van; pueden bajar la ventanilla trasera, qué lleva en esa bolsa. En algunos casos se atreven a preguntarte tu profesión y ocupación. En muchas ocasiones el ciudadano no sabe si esos retenes son para protegerlo, o para intimidarlo, o incluso para pasarle información a integrantes de diferentes grupos del crimen organizado. De hecho, los uniformes se pueden clonar y nunca se tiene la certeza de con quien uno está entablando conversación.
Si bien te va son amables. Te miran con desconfianza, atentos a las reacciones, pero incluso te pueden hacer alguna broma. Si no tienes tanta suerte son autoritarios y mal encarados. Hay que comprender que pueden tener guardia de muchas horas, bajo el sol, y en otras partes de la geografía bajo el frío o la lluvia, de noche, o de día; pero en esos casos ellos no son receptivos de que el ciudadano también puede llevar 12, 13 o 14 horas manejando su vehículo, y puede estar cansado. En otros no tienen la capacitación, ni entienden que no están tratando con subordinados, sino con ciudadanos que se están desplazando de un lado a otro, porque las libertades les asisten.

Recientemente me encontré con un sargento de la Guardia Nacional mal capacitado, y con aires de pretender ponerme a hacer sentadillas y reclutarme para algún tipo de fuerza de operaciones especiales. Llegué a su altura y de malas formas me soltó un artículado que ni entendí, ni pretendí entender, por el que estaba facultado para obligarme a que detuviera el vehículo. Como estoy acostumbrado a los retenes, la verdad es que en ningún momento le solicité esa información. De hecho, ya estaba detenido mientras me golpeaba con sus palabras. Acto seguido me citó otros artículos, que ni sé de dónde salieron para pedirme mi licencia de manejar; y mientras estaba buscándola, me ordenó a que bajara el vidrio trasero. En ese momento me puse serio, le miré fijamente y le dije: “mi sargento, si me permite, primero le encuentro la licencia”. Me regresó la mirada retadoramente. Cuando le entregué la licencia, le bajé el vidrio trasero, y en ese momento, sin casi tiempo para respirar, citó otro artículo, para anunciarme que era obligatorio que el pasajero que me acompañaba, llevara puesto el cinturón de seguridad trasero. Eso sí, según él, actuó de buena onda, porque no me puso una infracción, sino que me otorgó la cortesía y me dió una advertencia verbal (lo que me pregunté por dentro es que les pasará a todos los vecinos que no tienen cinturón trasero en sus vehículos). Le volví a mirar con cara de emputado, nivel ciudadano mal tratado por alguien que no tiene por qué venirme a darme órdenes, ni ser grosero. Le volví a mirar fijamente y muy tranquilamente le dije con tono casi marcial “gracias mi sargento … y me fui”. Mis acompañantes se asustaron y me dijeron que yo no debía retar con la mirada, que no sabíamos a quien teníamos enfrente; y que lo conveniente era dejarse humillar por el sargento, o quien realmente fuera.
En estas experiencias, las he tenido de todo tipo porque me muevo mucho en auto, la gran pregunta es sí sirven de algo los retenes en las carreteras. ¿Realmente están para garantizar la seguridad de los ciudadanos y librarnos de los delincuentes, o cuál es su sentido? Me comentaba un marino, que la seguridad en Baja California Sur había sido relativamente fácil de recuperar porque una de las dos ciudades importantes tiene únicamente una entrada y una salida. Con el apoyo de los empresarios, y de la sociedad civil la Marina en el año 2018, fue capaz de recuperar el orden y el crimen organizado se tuvo que ir hacia otro lado. En el caso de Chetumal, sucede algo parecido. Únicamente hay una entrada y una salida, y existe un punto de control carretero, en el que recientemente hay tres vehículos militares fuertemente armados. No son ellos los que hacen las preguntas, de hecho en general el tránsito es fluído. Interpreto que si hay un problema en Chetumal, se puede cerrar el tránsito. Sin embargo, en la capital de Quintana Roo están instalados varios grupos del crimen organizado, la violencia es intensa, y el retén no soluciona, ni inhibe nada.

Mi preocupación es sincera, y va más allá de la incomodidad, o de la preocupación de que alguien te detenga en medio de una carretera vacía y te haga preguntas personales. ¿Para qué sirven este tipo de controles? Normalmente siempre se encuentran fijos en los mismos puntos, y para los delincuentes es sencillo evitarlos. Una segunda pregunta relacionada, tiene que ver con la democracia y nuestra condición de ciudadanos, y sigue la anterior. ¿Es útil para la autoridad el realizar estos ejercicios, o únicamente son para hacer como que se hace algo? ¿Qué debe poder hacer la autoridad, sin existir un estado formal de excepción, para poder protegernos de una situación tan compleja como la que vivimos?
En mis cursos de Derechos Humanos con militares y fuerzas de seguridad, la incomodidad de algunos elementos es obvia, especialmente al inicio de los cursos. ¿Los delincuentes tienen más derechos que los funcionarios públicos? El punto es que las tareas de seguridad pública se pueden hacer sin violentar derechos, y sin recurrir a la violencia física, verbal o de actitud y presencia. Si se procede a una detención, una vez detenido el presunto delincuente, no aporta nada amenazarlo, golpearlo, o humillarlo. El trabajo debe hacerse, y debe hacerse conforme a derecho y a la dignidad de las personas. Otros funcionarios públicos, como los agentes de migración, se quejan de que los extranjeros sometidos, o que se encuentran en puestos migratorios son groseros, agresivos, que incluso les llegan a amenazar. Se olvidan de que ellos como agentes del INM son servidores públicos, y que tienen la obligación de establecer protocolos para ese tipo de situaciones. Sin embargo, es sencillo ser un funcionario irresponsable y no aprender de las experiencias. En un mundo autoritario, en un contexto de orden y obediencia, es mucho más cómodo reproducir esas actitudes en lugar de esforzarse por generar un servicio en condiciones.
Se señaló en diferentes medios de comunicación, y se utilizó políticamente, la idea de que los policías federales, o los Guardias Nacionales civiles eran corruptos. Lo militar elimina la corrupción nos dijeron. Ya hemos visto en el último año que ello es falso. Pero además, la capacitación de unos y otros es diferente y eso todo el mundo lo sabe (y de ello se derivan consecuencias).

Necesitamos policías, no necesitamos militares en tareas de seguridad pública, y mucho más en tareas de control vehicular. La Guardia Nacional militar es un error histórico del gobierno de la cuarta transformación. Es un error que ni siquiera la buena voluntad de los altos mandos de la corporación puede evitar. La secuencia reiterada de sargentos groseros, cuadrados, y poco respetuosos con la ciudadanía va a generar muchos más problemas de convivencia que la supuesta corrupción policial. ¿Por qué no se les ocurrió luchar contra la corrupción, en lugar de entregar el Estado?
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