El Periodismo en Veracruz se Escribe con Letras de Sangre
15 Ene. 2026
Redacción / CAMBIO 22
Ejercer el periodismo de a pie en regiones como Veracruz no es una profesión, es un acto de resistencia. Mientras el discurso oficial se regocija en cifras macroeconómicas y triunfalismos políticos, en las calles del estado de Veracruz la realidad se escribe con sangre. Los recientes asesinatos de los compañeros periodistas Avisack Douglas Coronado y Carlos Leonardo Ramírez Castro no son solo estadísticas de la nota roja; son el recordatorio de que, en México, la verdad tiene un precio que el Estado no está dispuesto a garantizar, pero que la delincuencia se cobra con puntualidad.
Lo que el poder no alcanza a comprender, o no quiere, es la naturaleza de nosotros los periodistas de a pie. Ese profesional que surge de las clases económicamente desprotegidas, que lo mismo cargamos la cámara, escribimos la nota, editamos el video y vendemos la publicidad para sobrevivir. No somos empresarios mediáticos ni intelectuales de élite; somos ciudadanos que hemos decidido hacer de la calle nuestra oficina y de la realidad contradictoria nuestro alimento.

Hoy, los periodistas nos encontramos atrapados en una pinza mortal. Por un lado, una delincuencia organizada que mata porque puede, porque el silencio le es rentable y porque sabe que el costo de jalar el gatillo es prácticamente nulo. Por el otro, un Estado que, embriagado por la “droga del ego” que otorga el poder, prefiere criminalizar al mensajero antes que combatir al verdugo. Acusar de terrorismo a un reportero o estigmatizar la crítica es la vía más corta hacia el Estado fallido.
El periodista que narra el sepelio de un colega o que narra el horror de su comunidad, es el último bastión de una democracia que se desmorona.
Si la actual administración no es capaz de garantizar que el ejercicio de informar deje de ser una rifa de muerte, estará admitiendo su derrota frente al crimen. Porque mientras el poder se sienta en “sillas malditas” a alimentar su egocentrismo, el periodista de a pie sigue ahí fuera, entre el plomo y el olvido, intentando que la próxima noticia no sea su propio nombre en una esquela.
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