Frente a Trump, Estrategia y Entereza
2 Feb. 2025
-
La guerra tarifaria podría ser la respuesta si estamos convencidos de que nuestra capacidad de sacrificio es mayor que la tolerancia de los estadounidenses a la incomodidad
Jorge Zepeda Patterson / CAMBIO 22
Finalmente sucedió, y en los peores términos. Trump aplicó un gravamen universal de 25 por ciento a las importaciones procedentes de México y Canadá. Con el añadido de que cualquier réplica será castigada con un aumento adicional de tarifas. En la práctica un acto de abuso inconcebible en materia de relaciones comerciales en el mundo contemporáneo. Un proteccionismo sólo de un lado, por sus pistolas.
¿Qué efectos tendrá y qué podríamos hacer para afrontarlo? Primero, habría que entender que la excusa tantas veces mencionada del tráfico de fentanilo o la persecución de los cárteles es sólo eso, una excusa. Desde luego habrá que hacer lo necesario para quitarles el motivo de esgrimirla; al margen de Trump, era imprescindible que el Gobierno asumiera una estrategia más decidida en contra del crimen organizado. Pero es evidente que esa no es la razón de la imposición de tarifas, no en este caso. Y el castigo a Canadá lo revela.

Lo que Trump busca es disminuir el déficit comercial (nos compran más de lo que nos venden), repatriar empresas, sustituir importaciones y generar empleos. Por lo menos ese es una parte esencial del discurso con el que ganó, y muy probablemente él mismo lo cree. De paso, esas tarifas constituirían ingresos netos para el atribulado presupuesto del Gobierno estadounidense. Y, finalmente, aunque la mayor parte del mundo de los negocios está en contra, es una medida popular entre su base electoral y parte sustantiva de la narrativa de Make America Great Again (MAGA).
La pregunta de fondo es si se trata de un régimen tarifario temporal, de mediano plazo o definitivo. Lo cierto es que sea una cosa u otra, es un paso en una dirección contraria al proceso de integración que Estados Unidos favoreció con México durante tres décadas. Cuán profundo vaya a ser este bandazo probablemente ni el mismo Trump lo sabe, entre otras cosas porque estamos en un terreno inédito. Es tal la urdimbre de intereses que sus efectos apenas pueden vislumbrarse.
Encarecer las mercancías procedentes de México no genera su producción en suelo estadounidense de manera automática ni mucho menos. Lo único que haría es que otro país sustituya a México. Muy evidente en casos como el jitomate, la fresa los pimientos o los aguacates, de los que somos el principal proveedor. Si bien es cierto que se cultivan en la Unión Americana, por clima y cambios estacionales son incapaces de responder a la demanda todo el año. Cancelar las importaciones de México sólo haría que Centroamérica, Filipinas o equivalente entraran “al quite”. Se produciría un daño a México, es cierto, pero sin beneficio para Estados Unidos, salvo que el consumidor tendría que comprarlo más caro.
Por otro lado, hay muchas exportaciones mexicanas cuya competitividad supera el 25 por ciento de gravamen; es decir, seguirán siendo más baratas que intentar producirlas en Estados Unidos. La diferencia en costo de la mano de obra entre Estados Unidos y México es de cinco a uno. La media del salario por hora allá ronda los 20 dólares, en nuestro país equivale a cuatro dólares considerando no el salario mínimo, sino los 17 mil 200 pesos mensuales promedio de los trabajadores inscritos en el IMSS.

Fuente: Sin Embargo
GPC/DSF



















