• Sus captores pasarán 30 años en la cárcel

 

Redacción/CAMBIO 22

Zunduri fue una adolescente rebelde, al grado de que terminó con un hombre al que su madre no consideraba alguien adecuado para su hija, con quien vivió un maltrato tanto físico como psicológico. La única salida que encontró, fue irse de casa por la oferta que una de sus amigas le hizo de vivir con ella, y trabajar en el negocio familiar, una tintorería.

Llegó a vivir con la señora Leticia, pero luego de tres meses de parecer que vivía en un sueño, donde obtuvo el amor de una madre como nunca antes, donde tenía un cuarto, comida y vestuario, la hicieron comenzar con labores domésticas en la casa de la familia, y dio sus primeros pasos dentro de la tintorería.

Lamentablemente tuvo muy malos resultados dentro de la tintorería, perdía camisas y tenía muchas reclamaciones; en una de esas tantas fallas, Leticia terminó por golpearla, y la deuda generada de todas las prendas derivaron en una deuda para Zunduri que la obligaron a pagar con trabajo. Comenzó la explotación laboral. Debido a que se quemaban las prendas, entre otras cosas, la deuda se extendía, también el trabajo.

“Pasó el tiempo la deuda fue aumentando, aumentando y aumentando, hasta el punto en que era una deuda impagable”, reveló la mujer. También la obligaron a dormir en el piso del negocio, ya no comía si no le daban de comer, tampoco le permitían bañarse ni podía salir a la calle. Fueron tres años los que estuvo esclavizada.

La primera vez que intentó escaparse, fue después de que la cacharon robando 100 pesos de una camisa. También subieron de tono los abusos, y con la plancha caliente se la puso en los brazos para dejarle quemaduras. Logró llegar a un lugar seguro donde se refugió, pero Leticia logró encontrarla para cobrarle una suma de 65 mil pesos, presuntamente de la deuda. Lamentablemente regresó a la tintorería bajo amenazas, supuestamente solo por tres meses para terminar de pagar.

Durante un año se respetaron los acuerdos de no golpearla, de darle de comer y permitir que tuviera una vida mucho más digna. Pasados los 12 meses decidió hablar con ella para irse a buscar oportunidades nuevas, pero encontró una golpiza que incluso la dejó desmayada; comenzó la esclavitud otra vez.

Durante los siguientes dos años el trabajo aumentó, cada 5 minutos entregaba una camisa, cada media hora era para media docena, y para cada hora era una docena. En caso de no cumplir con el trabajo, recibía golpes con un palo de parte de Leticia y de sus tres hijas, incluida su amiga, quien la llevó ahí.

Un buen día, ante el miedo de que Zunduri se escapara, Leticia, compró una cadena y la amarraron del cuello, amenazándola de que solamente saldría muerta de aquella tintorería. Continuamente la tenían amarrada, atorada de un tubo donde no había posibilidades de salir, pero un buen día se equivocaron al poner la cadena; fueron tres días los que la mujer planeó su escape.

Luego de monitorear su rutina durante varios días, se quitó la cadena, y saltó por la parte trasera del local. Brincó un piso hacia el patio, luego salió por el garaje y se echó a correr. Aunque no quería denunciar por tener mucho miedo, lo que le impidió ser atendida en un hospital. Terminó denunciando a todos los responsables ante las autoridades.

Las autoridades detuvieron a Leticia Molina, José de Jesús, Ivette Hernández, Fany Molina Jannet Hernández. Después de un proceso, cada una recibió un total de 30 años de cárcel por el delito de trata de personas en su modalidad de trabajo forzado en contra de una menor de edad.

Además, tendrán que pagar una multa de un millón 49 mil 250 pesos; así com 58 mil 491 pesos por concepto de medidas de compensación a favor de la víctima, además de 727 pesos por sanciones económicas, más lo que llegara a sumarse por reparación del daño con respecto a la rehabilitación.

 

Fuente: EL HERALDO

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