• Frente al terrible acontecimiento de Acapulco, que dejó una herida abierta para todos los mexicanos.

 

Redacción/CAMBIO 22

Frente al terrible acontecimiento de Acapulco, que dejó una herida abierta para todos los mexicanos, las vacaciones decembrinas tuvieron que destinarse a otros hermosos sitios de la República; con mi familia decidí pasar unos días en Mérida, y francamente quedamos sorprendidos por la hospitalidad, la infraestructura, las antiguas y bellas mansiones del Paseo Montejo. Mérida, ciudad blanca, refulge como un remanso de paz familiar y de concordia colectiva.

En estas tierras del faisán y del venado, de la gran civilización maya, emergen maravillosas pirámides, lo mismo en Uxmal que en Chichén Itzá; el pueblo mágico de Itzamal tiene un color amarillo refulgente, con que se vistió para recibir al Papa Juan Pablo II y el atrio de su iglesia es maravilloso y su comida inigualable. Las carreteras son amplias, bien trazadas y casi en ninguna se cobra cuota.

Este panorama produce una gran envidia de la buena, para quienes tenemos que sufrir –día a día— la inseguridad y el rostro siniestro del crimen organizado, que nos amenaza en gran parte del territorio nacional.

Las candidatas a la presidencia tienen que estudiar el porqué de esta calma que permite a los ciudadanos pasear a cualquier hora del día, o de la noche, por bulevares, pueblos o carreteras, sin sentir la opresión que aterroriza a gran parte de los mexicanos.

El Tren Maya es una oferta turística de primer orden, aunque no se consolida todavía su infraestructura, los trenes no están listos, ni los horarios se respetan. No obstante, existe la esperanza sólida de que, en poco tiempo, esta obra será un impulso fantástico al Sureste, a pesar de que tuvo un costo más allá de lo programado.

Viajar a estas tierras es una alegría y un encanto y, sobre todo, nos hace renovar la esperanza de que sí se puede, y de que el Estado debe cumplir su función fundamental de proteger a sus ciudadanos, como lo he repetido innumerables veces.

El tema central de estas líneas, no sólo es la promoción de este bello Estado con su cultura, música, arquitectura, arqueología, gastronomía –que son insuperables— sino hacer hincapié en la posibilidad de tener una ciudad, con una respuesta rápida de las autoridades policiacas y con una atención adecuada, de quienes tienen la obligación de preservar la paz pública; lo cual se logra con la participación colectiva, con la armonía y con la plena convicción de que tenemos un destino que cumplir, y que sólo podrá ser posible si olvidamos rencores, pero sobre todo, si nos unimos en la lucha por rescatar nuestras libertades y nuestro territorio.

 

Fuente: EL HERALDO

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