Milton Merlo / CAMBIO 22

 La crisis venezolana se ha vuelto un nuevo elemento de fricción al interior de Morena. En Palacio Nacional no gustó el mensaje de Andrés Manuel López Obrador, inesperado, sin previo aviso y crítico respecto a las acciones de Donald Trump y clamando contra la captura de Nicolás Maduro.

Una tónica frontal que no existió ni en el primer comunicado de la Cancillería, de momento dirigida por Roberto Velasco ni en el mensaje de Claudia Sheinbaum desde su gira en Tlaxcala donde se mostró contraria al ataque a Venezuela, pero sin ahondar en demasiados detalles.

El mensaje de López Obrador tenía mucho que ver con los borradores iniciales que circularon en el Senado para responder a la avanzada militar de Trump en Venezuela. Una llamada urgente desde la cúpula al teléfono de Adán Augusto López Hernández hizo que el mensaje final tuviera un tono suave, descafeinado, sin cuestionar a la Casa Blanca.

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Gestiones que, sin embargo, no alcanzaron para frenar la decisión del senador Carlos Lomelí, totalmente alineado con Palenque, de suspender una reunión este lunes en el Senado en la cual se debía autorizar el ingreso de tropas estadounidenses a México para acciones de capacitación.

Tampoco se pudo contener la manifestación frente a la embajada de Estados Unidos en Polanco que tuvo lugar este sábado. A la presidenta le informaron, además, que casi ninguno de los manifestantes era venezolano, casi todos mexicanos.

Toda la narrativa de Trump en Venezuela encierra un problema potencial para México: el ataque no se presenta bajo la lógica de pelear por la democracia o la libertad, sino, como el cumplimiento de una orden judicial que no podía, ni quería, ser procesada por agentes del orden venezolanos.

Entre esos polos vive su cotidianidad el movimiento que conduce Sheinbaum: desde la necesidad pragmática de no enervar a Trump hasta la vocación imperturbable por consolidar el voto duro morenista, hablar de imperialismo y abrazar al chavismo.

Frente a este estado de situación es que cobra especial importancia la reunión que inicia mañana lunes con todo el cuerpo diplomático. En ese encuentro anual se trazan las líneas de la diplomacia mexicana. Pregunta inevitable: ¿Reaparecerá el canciller Juan Ramón De la Fuente? Su nombre está en el programa, aunque al interior del cuerpo diplomático no descartan que asista, ofrezca su discurso y luego vuelva a su licencia, dejando el terreno libre a Velasco.

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El crecimiento del subsecretario comienza a generar algunos anticuerpos que, además, se manifestaron en las últimas horas, especialmente en la bancada oficialista del Senado, donde una legisladora norteña se preguntaba cuál era el sentido de no molestar a Estados Unidos si el propio Trump se envalentonaba contra México en su entrevista con Fox News. Velasco comienza a ser registrado por los duros como sinónimo de evitar cualquier tensión con Washington. Complejo, sobretodo en un movimiento que siempre ha abrazo el conflicto.

Otro detalle: este domingo el senador Alejandro Murat defendió a la presidenta en su red social X de la frase de Trump de que México está “gobernado por los cárteles”. Notable: en su ambición por ser subsecretario de América del Norte o embajador en Estados Unidos, el exgobernador juega el papel que los propios diplomáticos eluden.

Existe, sin embargo, una noción común en el oficialismo. Toda la narrativa de Trump en Venezuela encierra un problema potencial para México: el ataque no se presenta bajo la lógica de pelear por la democracia o la libertad, sino, como el cumplimiento de una orden judicial que no podía, ni quería, ser procesada por agentes del orden venezolanos.

Ante la imposibilidad de que la autoridad venezolana diera cause al reclamo del Departamento de Justicia se optó por el secuestro de Maduro. Ese guion es el que busca preservar a Trump de futuras pesquisas judiciales o problemas con el Congreso.

Un eco hacia el pasado, sobre lo sucedido hace más de un año en Sinaloa, cuando fue capturado Ismael “Mayo” Zambada, pero, esencialmente, un mensaje inquietante hacia el futuro.

 

 

 

Fuente : La Politica Oline

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