Redacción/CAMBIO 22

En la represa de Canelón Grande, una importante fuente hídrica para la sedienta capital de Uruguay, Montevideo, los niveles de agua han estado tan bajos durante tanto tiempo que ahora la hierba cubre gran parte de lo que solía ser un lago.

El país sudamericano de 3.5 millones de habitantes intenta recuperarse de su peor sequía en 74 años, y ha llevado al país a una grave emergencia hídrica, la que, de acuerdo a las estimaciones del gobierno, dejaría a la capital sin suministro de agua potable en los próximos 7 a 10 días, lo que empuja a sus habitantes frustrados a depender del agua embotellada.

Las bajas precipitaciones han obligado a las autoridades a usar agua de una parte más salada del río Santa Lucía, que provee la mayor parte del suministro de agua potable de Uruguay , lo que impide a muchos beber directamente de los grifos.

“Es horrible, no se puede tomar”, dijo el profesor Adrián Días, que debe comprar dos o tres botellas de agua de 6.5 litros cada dos semanas. “Mi esposa tiene hipertensión entonces es imposible que tome el agua por la cantidad de sal que tiene”.

La indignación por el acceso restringido al agua potable provoca múltiples protestas en la capital. En el edificio de la empresa Obras Sanitarias del Estado (OSE), un grafiti dice: “No es sequía, es saqueo”.

Para la represa de Paso Severino, la principal fuente de agua dulce para la zona más poblada de Uruguay, vive la misma situación, donde según las autoridades pronto podría no tener “agua bebible”.

El embalse sobre el río Santa Lucía Chico, ubicado a unos 90 km al norte de Montevideo y que abastece a la capital y alrededores, “se resiste a secarse, pero la lluvia sigue sin llegar”, coinciden vecinos.

NIVELES HISTÓRICOS

La sequía que azota a Uruguay y que se agudizó desde hace más de tres años, ha llevado a niveles históricamente bajos las reservas de Paso Severino: al 28 de junio quedaban solamente un millón 652 mil 547 metros cúbicos de agua, el 2.4 por ciento de su capacidad total.

El agua represada no sólo ya no escurre sobre el gris hormigón del vertedero, sino que está varios metros por debajo. Y el caudal controlado que fluye hacia la usina potabilizadora, situada 35 km río abajo, apenas salpica las rocas enfrente.

Una placa recuerda la fecha de inauguración de la represa: 30 de octubre de 1987. Fue entonces que se anegaron los terrenos aledaños. Hoy el descenso de las aguas es tan pronunciado que aparecieron puentes sumergidos hace 30 años.

El embalse de Paso Severino tenía una superficie de mil 487 hectáreas cuando la represa funcionaba por encima de su cota de 36 metros, según la OSE, empresa estatal que suministra agua potable al país.

Hubo sequías antes, pero ninguna como esta, asegura Julio Sánchez, un productor rural retirado de 78 años, que integra un grupo de historiadores locales.

Para paliar la falta de precipitaciones, OSE ha estado mezclando desde hace dos meses el agua de Paso Severino con otra de cursos cercanos al Río de la Plata, más salobre por provenir del estuario.

A principios de este mes, el Gobierno de Uruguay declaró una emergencia hídrica, eximiendo de impuestos el agua embotellada y ordenando la construcción de un nuevo embalse.

El Gobierno también está distribuyendo agua potable a grupos vulnerables e instituciones como escuelas, hogares de ancianos y hospitales, dijo Gerardo Amarilla, subsecretario del Ministerio de Medio Ambiente.

 

 

 

 

Fuente: El Sol de México

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