Redacción/CAMBIO 22

En el último par de años trasladamos muchas actividades a la virtualidad, lo que eliminó la necesidad de hacer el trayecto diario entre nuestras casas y nuestro centro de estudio o trabajo. Pero si hay una cosa que nadie extrañaba sobre volver a lo presencial es el tráfico. Estando atascados no solamente perdemos tiempo, sino que generamos contaminación acústica y ambiental. Pero hay maneras de optimizar los viajes, con buena planeación e incluso colaboraciones internacionales.

La movilidad está conectada a muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En cuanto a salud y bienestar (ODS 3), se busca reducir los accidentes de tráfico así como las enfermedades y muertes derivadas de la contaminación. En términos económicos, el transporte se relaciona al consumo y producción responsable (ODS 12) y a una infraestructura sostenible y resiliente (ODS 9). Además, es importante la eficiencia energética (ODS 7) para minimizar emisiones e impacto ambiental (ODS 13) y crear ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11).

Por eso necesitamos sistemas de transporte seguros, asequibles y accesibles. El metro de Delhi es un gran ejemplo de cuánto se puede lograr. Transporta a 2.8 millones de pasajeros al día, lo cual reemplaza a 400 mil vehículos particulares, ahorra 300 mil toneladas de importaciones de petróleo al año y evita que se emitan 70 toneladas de contaminantes al aire ¡al día! Cada persona ahorra aproximadamente 32 minutos en su trayecto diario y se evitan 135 muertes por accidentes automovilísticos al año.

No hiciste tu papeleo anoche

¿Sabes qué se necesita para mandar un contenedor de aguacates desde Kenya hasta Holanda? 200 interacciones y más de 20 documentos. Parece chiste, pero es verdad. El proceso de documentación cuesta lo mismo que el envío del producto. Tradicionalmente el desarrollo de sistemas de transporte se abordaba desde el punto de vista de oferta-demanda, pero esto no generó soluciones sostenibles. El nuevo enfoque se conoce como “Evitar-Cambiar-Mejorar”. “Evitar” se refiere a no hacer viajes innecesarios o ineficientes, a través de planeación urbana integrada, ciudades compactas, cadenas de suministro menos complejas y extensas, y mayor aprovechamiento de la tecnología.

El transporte marino es cada vez más eficiente e inteligente, ya que se implementan sistemas de monitoreo conectados al internet, GPS y sensores que recolectan información en tiempo real sobre clima, velocidad y dirección, uso de combustible, necesidades de mantenimiento y número de pasajeros. Así que ahora, para que el viaje de los aguacates sea menos arduo, en el este de África se está trabajando en la creación del Canal de Información Logística Comercial. Permitirá compartir información de intercambios comerciales a través de infraestructura digital. Así habrá una cadena de suministro transparente y un flujo de información que facilite el flujo de bienes, sin tanto papeleo.

“Cambiar” implica combinar medios de transporte y utilizar las opciones más amigables con el ambiente para hacer viajes más eficaces

Finalmente, el aspecto de “mejora” que menciona la nueva propuesta se refiere al rendimiento ambiental: mayor eficiencia energética y menos emisiones de carbono. Un ejemplo de este tipo de tecnología son los autobuses del proyecto ElectriCity. Son completamente silenciosos, libres de emisiones y que funcionan a partir de electricidad obtenida de energía eólica e hidráulica. Es una colaboración de 15 organizaciones de la industria, la academia, autoridades y políticos, en la segunda ciudad más grande de Suecia, Göteborg.

Este proyecto nos da un panorama más completo del impacto social y ambiental del transporte sostenible. Calcula el valor monetario de la línea de autobuses eléctricos en una de las rutas más modernas del mundo y considera factores como el ruido, tiempo de viaje, uso de energía, impuestos y uso de recursos naturales. Si todos los autobuses de Göteborg fueran eléctricos, se ahorrarían 10 millones de euros al año. Algo interesante es que parte de estos ahorros se debe a todos los gastos en salud que se evitan a raíz de disminuir la contaminación ambiental y el ruido. También se evitarían las emisiones de CO2 equivalentes a las que generarían 3 mil casas suecas al año.

Se te va el tren, Araña

En Hong Kong es posible tener el poder de la movilidad en la palma de tu mano desde 1997. La Octopus Smart Card es un método de pago sin contacto que comenzó como un sistema de cobro de tarifas de transporte. Esta ciudad tiene uno de los sistemas de transporte público más avanzados del mundo.

El 48% de los viajes se hacen mediante él y 45% caminando. Esto significa que solo 7% de los viajes implican vehículos privados. La Octopus Smart Card se ha convertido no solo en una tarjeta para transporte público; también puede usarse en edificios comerciales y residenciales e incluso dentro de escuelas. Más de 14 millones de transacciones al día se hacen con esta tarjeta en Hong Kong y más de 99% de la población entre 15 y 64 años tiene una.

Todos los caminos llevan a… ¿China?

La iniciativa china “Un cinturón, un camino” lanzada en 2013 pretende conectar las economías de más de 65 países europeos y asiáticos mediante infraestructura, comercio e inversión. Incluye conexiones terrestres, marítimas y aéreas basadas en la ruta de la seda. Para desarrollar sus proyectos se toma en cuenta el impacto del cambio climático. Los países involucrados representan la mitad de la población mundial y 40% del PIB global. El plan implica la construcción y operación de infraestructura verde y baja en emisiones de carbono, integraciones multimodales, garantizar seguridad en el trayecto y estandarizar normas, políticas y autorizaciones de aduana.

Diseñar sistemas de transporte sostenible nos acerca un paso más a la equidad social, a través de mayor accesibilidad, movilidad y oportunidades para las personas. Mejora la calidad del aire en zonas urbanas y aumenta la productividad en zonas rurales, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero y ayuda a construir ciudades resilientes. Contribuye a la salud de las personas y del ambiente, y también a la economía, con la creación de trabajos y facilitando la distribución de bienes y servicios. A este tren sí nos queremos subir.

*Mariana Castro Azpíroz estudió biología molecular en la UAM Cuajimalpa. Ha realizado investigaciones en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC, UAM-X); además, se ha dedicado al cuidado y conservación de especies acuícolas endémicas. Desde 2019 se dedica a la divulgación científica y actualmente hace educación ambiental a través de redes sociales.

 

Fuente: Sopitas

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