Tragedias Mexicanas
22 Mar. 2026
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Especialistas advierten deterioro en la formación de niños y jóvenes ante la falta de un proyecto nacional claro y coherente
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Llaman a un gran acuerdo para rescatar la educación como motor del desarrollo y frenar el rezago acumulado
Redacción / CAMBIO 22
Entre nuestras tragedias, la educativa compite por los primeros lugares. Así nos lo advirtió Gilberto Guevara hace más de 10 años, cuando habló del desastre educativo, que dejó de ser silencioso como lo había calificado, y ahora tenemos que admitirlo sin subterfugios posibles.
Se ha perdido el valor central de la educación consignado en el artículo tercero constitucional, entre cambios y politiquerías, reformas mal hechas y presiones de todo tipo. “Si las artes y las letras no se apagan, tenemos derecho a considerar seguro el porvenir”, afirmaba Henríquez Ureña (como nos recuerda Monsiváis), un camino que tenía de referencias tutelares, figuras señeras de la gran gesta educativa de este país, a Justo Sierra, Vasconcelos o Torres Bodet; espíritu de una época cuyo compromiso con el saber, su cultivo y difusión era un faro.
Voces que hoy, si acaso, resultan referencias rituales, pero cuyas consejas hace tiempo dejaron de ser coordenadas del quehacer educativo nacional.
El tema se ha prestado para todo tipo de arengas y grandilocuencias, pero de lo que poco o nada se habla es de lo mero principal: el drama que constituye la mala –desestructurada, pobre, deficiente– formación educativa de los niños y los jóvenes apenas se toca. Sabemos, o al menos recordamos, ¿cuál es el eje de la educación en la perspectiva y lapso de un proyecto nacional?, ¿cuál el proyecto educativo del gobierno en turno?, ¿cómo quiere México formar a sus niños y jóvenes para que sean adultos creativos, productivos y ciudadanos con conciencia cívica?, ¿qué y cómo se prioriza en el currículo?
Nuestra educación pública ejemplifica, con creces, lo descuidado y mal hecho –maltrecho– del actual edificio educativo. Por cálculos sin sentido o simplemente malévolos, desdén burocrático o burda y descarada impericia, se han dejado pasar los años y acumular los daños. Incuria majadera, desvaríos sin fin ni cauce, desatenciones abusivas que han derivado en la situación que hoy campea donde agendas, estructuras sindicales y burocráticas son las que dictan el “currículo” y definen el aprendizaje.
Sin pausa, la vida pública se empobrece y degrada no sólo en la dimensión material sino en aspectos sustanciales: las generaciones se suceden por mandato demográfico sin facultad para que sus respectivas sensibilidades, cultura y mentalidades puedan configurar o siquiera considerar un destino diferente del presente que hoy nos abruma: grandes y extendidas violencias de todo tipo, vulnerabilidades, desigualdades, carencias…
Siendo un derecho, considerada en todo lugar como un bien público esencial, decisivo, la educación exige un trato integral, generoso y responsable.
Supone, necesariamente y de partida, un gran acuerdo nacional, compromiso político y honestidad intelectual que (nos) convoque a reflexionar y acordar en torno a qué educación queremos, qué formaciones magisteriales son necesarias, qué herramientas pedagógicas se requieren para salir del atolladero y poder vislumbrar un futuro habitable.
Entender a la educación como un instrumento indispensable para el progreso, un tesoro, como tituló su informe el grupo de trabajo, encabezado por Jacques Delors, convocado por la Unesco para que “reflexionara sobre la educación y el aprendizaje en el siglo XXI”, no debe ser considerada como misión imposible. (“La educación encierra un tesoro”, informe a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, de la Comisión Internacional sobre Educación para el Siglo XXI).
Salir no será fácil porque el daño se acumula y reproduce sin recato, como lo escenifica la triste y lamentable CNTE, y menos lo será si seguimos empeñados en usar a la educación en grosero mercado de intercambios políticos. ¡Y prebendarios!
Me congratulo por la nueva tarea encomendada al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien la sabrá cumplir con destreza y rectitud
Fuente: La Jornada
AFC/MA


















