• La falta de regulación en las luces de las pesadas unidades y la omisión de las autoridades viales provocan un accidente mortal que deja a dos personas sin vida en el sur del estado

 

Ricardo Jesús Rivas / CAMBIO 22

CHETUMAL, 24 de febrero. – Luego de que una camioneta Ford Ranger blanca se estrellara contra un camión pesado de transporte de caña en el tramo que conecta Álvaro Obregón Nuevo con el crucero de Javier Rojo Gómez dejando a sus dos ocupantes sin vida, se desataron los reclamos de los habitantes de la Ribera del Río Hondo.

Señalan directamente a la falta de regulación de estos vehículos de carga. A través de denuncias ciudadanas, los pobladores exigen que las autoridades controlen las luces de los “monstruos” cañeros, ya que circulan con faros delanteros ultra luminosos y estrobos que ciegan a quienes vienen de frente. Además, denuncian que muchos de estos camiones carecen de luces traseras o intermitentes, lo que convierte a estas unidades en trampas mortales invisibles durante la madrugada, cuando el cansancio y la oscuridad dominan la carretera.

Desde un análisis crítico, lo que ocurre en estas carreteras es una muestra de impunidad permitida por la Policía de Tránsito del Estado. Los vecinos aseguran que las autoridades dan “libertad” a los transportistas para operar sin cumplir las normas mínimas de seguridad, vigilando solo después de que ocurre una tragedia para luego volver al olvido. Esta falta de mano dura permite que los camiones se detengan o circulen en condiciones deplorables, dejando al ciudadano de a pie a merced de un accidente donde, como ocurrió hoy, las consecuencias son definitivas y desgarradoras.

La posibilidad de que se tomen medidas serias parece lejana si el gobierno estatal sigue ignorando el clamor de las comunidades rurales que conviven con la zafra. No basta con lamentar las muertes; se requiere que los operativos de seguridad vial dejen de ser temporales y obliguen a los dueños de los camiones a invertir en iluminación adecuada para no seguir deslumbrando y matando gente. Mientras la corrupción o la flojera de las autoridades continúen, los caminos del sur seguirán siendo rutas de peligro donde cualquier viaje matutino puede terminar en una tragedia familiar.

 

 

 

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