Redacción/CAMBIO 22

Cancún, 19 de marzo. – Lo que alguna vez fue el orgullo de las familias fundadoras de Cancún, un barrio de tradición y arraigo en el primer cuadro de la ciudad, se ha transformado hoy en un escenario de miedo, despojo y decadencia.

Los habitantes de la Supermanzana 23 alzaron la voz para denunciar una realidad que las autoridades prefieren ignorar: el secuestro de sus calles a manos de grupos de extranjeros, principalmente de nacionalidad cubana, quienes han instaurado un régimen de inseguridad que mantiene a los vecinos viviendo tras las rejas de sus propios hogares.

El conflicto, que comenzó hace algunos años con una presencia discreta, escaló ante la mirada indolente del Instituto Nacional de Migración (INM) y la total pasividad de las corporaciones policiacas.

Lo que inició como un asentamiento gradual se convirtió en una invasión sistemática de predios y viviendas. Según los testimonios de los afectados, personas ajenas al barrio se han apoderado de propiedades, llegando al extremo de coaccionar a los legítimos dueños para que abandonen el patrimonio de toda una vida.

Mientras algunos de estos extranjeros han establecido comercios en la periferia, un grupo numeroso se ha dedicado a convertir la zona en su centro de operaciones delictivas.

El hartazgo de las familias es absoluto. “Vivimos encerrados con candados, con el Jesús en la boca”, señalan los quejosos, quienes describen un entorno donde salir a la calle, ya sea de noche o a plena luz del día, es una ruleta rusa.

Los delincuentes han tomado el parque de la zona como su cuartel general; desde ahí, salen en motocicletas sin placas que circulan con total impunidad por las avenidas del centro, desafiando cualquier reglamento de tránsito y seguridad.

La estrategia de estos sujetos es de acecho constante: se ocultan entre los vehículos estacionados para estudiar los movimientos de los residentes, esperando el momento exacto para dar el golpe.

Ante la nula respuesta de la Policía Municipal y Estatal, los vecinos han tenido que realizar gastos extraordinarios para instalar cámaras de seguridad y reforzar sus entradas. Sin embargo, lamentan que la tecnología solo sirva para documentar la evidencia de los atracos, pues a pesar de las denuncias interpuestas ante la Fiscalía General del Estado, no hay detenidos ni estrategias de prevención reales.

Es indignante que, estando en pleno centro de la ciudad, la autoridad brille por su ausencia. Las familias que vieron nacer a Cancún hoy son testigos de cómo la indiferencia de los tres niveles de gobierno ha permitido que el tejido social se desgarre, entregando el primer cuadro a manos de quienes operan al margen de la ley.

La exigencia es clara y urgente: una intervención que recupere la soberanía de estas calles antes de que el daño sea irreversible, porque si el centro de la ciudad está así de abandonado, ¿qué esperanza queda para el resto de los cancunenses?

 

 

redaccionqroo@diariocambio22.mx

RHM

 

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