abril 14, 2024 13:30

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Renán Castro Madera, Director General

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abril 14, 2024 13:30

Renan Castro Madera/CAMBIO 22

Para algunos especialistas la detención de Rafael Caro Quintero, no representará mayor impacto en las operaciones del crimen organizado del país.

Y en parte les sobra la razón,  porque  el también llamado  “Narco de Narcos”, ya se encontraba semi retirado en la sierra sinaloense, en dónde fue recapturado la semana pasada.

Sin embargo, tal parece que olvidan o “desconocen” la infraestructura acumulada por el capo extraditable a través de una dinastía que hoy se ha apoderado de varios estados del país y con una estructura financiera que incluye una flotilla de aeronaves y lanchas rápidas, que les ha permitido forjar un poderío económico envidiable y disputable por otros grupos criminales.

Pero además, han sembrado la violencia, el terror y el incremento de la delincuencia en todas sus modalidades, gracias a la complicidad que han estructurado con diversas autoridades policiacas en los estados en donde operan.

Todo ello, suprimido en reportes y análisis de expertos de la capital del país, como si se tratara de una engañosa y amañada consigna, que en nada reflejan el clima de Inseguridad que afecta a las entidades dónde llevan a cabo sus operaciones este poderoso cartel, acostumbrado a las negociaciones al más alto nivel.

Reportes de autoridades federales, plasman que el cártel fundado por Rafael Caro Quintero, de Sonora a Quintana Roo, su poderío ha crecido y forjado a través de sus primos y sobrinos, quienes disputan el control de territorios en estados claves como Guerrero, Oaxaca, Cuenca del Papalopan en Veracruz, Chiapas, Campeche y Quintana Roo.

La prensa de la ciudad de México, asume un sospechoso silencio al omitir por completo la operación de los “Caborca” en la zona Sur-Sureste del país, pese a las decenas de aeronaves decomisadas por los cuerpos castrenses en pistas clandestinas y aeropuertos asentados en esta área de la geografía nacional.

Según registros de la SEDENA, en el 2020 y el 2021,  detectaron sobre territorio mexicano, más de 250 aeronaves sospechosas de las cuales se decomisaron al menos 46 de las mismas,  cargadas de droga, asegurando 12.6 toneladas de cocaína principalmente.

Según el reporte oficial, tan solo el año pasado, la SEDENA incautó 5,958 kilogramos del alcaloide que en algunos casos las avionetas aterrizaron en carreteras y terracerías de Quintana Roo, Campeche, Yucatán y Chiapas principalmente.

La mayoría de estas aeronaves eran propiedad del cártel de Caborca que dirige en esta zona José Gil Caro Quintero Payán.

En el 2019, en la frontera Sur del país, el Ejército incautó seis mil 691 kilos de coca y se aseguraron 17 mil 670 litros de gas avión.

Y esto es por mencionar algunas cifras estadísticas que plasman las millonarias ganancias que les otorga ese ilícito negocio.

Los datos oficiales son contundentes y confirman la presencia y solidez del crecimiento de esta organización criminal; sin embargo, en todos y cada uno de los análisis que surgen desde la capital del país, se omite las operaciones del cártel de Caborca en la zona.

Tal parece que existiera un insano comportamiento producto de reportes sesgados y amañados que les hacen llegar altos jefes y ex jefes policiacos locales, para beneficio de intereses totalmente divorciados de los quintanarroenses y de la población sureña.

Otro hecho suscitado recientemente en la península, se desarrolló hace menos de 30 días;  cuando se informó del levantón y ejecución de 15 personas en el corredor Majahual-Xcalak, de los cuales ocho cuerpos aparecieron semi enterrados en la población yucateca de Chinkindzonot.

En los días siguientes, diversas narcomantas aparecieron colgadas en varios municipios quintanarroense en donde el cártel de Sinaloa, “Los Chapitos”,  le declaraban la guerra a la familia Caro Quintero y además señalaban la red de protección que les brindan jefes policiacos del gobierno de Quintana Roo.

En la narcomantas acusaban y evidenciaban los nombres de altos funcionarios de la Fiscalía, así como de comandantes y efectivos de la Policía Quintana Roo.

Por lo que las investigaciones están plenamente fundamentadas y plasman las operaciones y complicidades de los Caro Quintero en Quintana Roo, en donde se involucra a altos jefes policiacos y figuras de la política doméstica.

La simbólica figura de Rafael Caro Quintero, tiene un claro mensaje al llevarse a cabo dos días después de la visita del Presidente López Obrador a los Estados Unidos y no en el sentido negativo como se ha plasmado; al contrario representa el banderazo e inicio de los operativos para la detención y desmantelamiento de las principales estructuras criminales, tras reconocer el fracaso sufrido con la política de “abrazos, no balazos”.

En tanto en Quintana Roo, el clima de impunidad y protección se sigue imponiendo pese al dolor y daño que le causa a la sociedad quintanarroense y que desde la ciudad de México, autoridades federales y medios de comunicación,  se han  sumado a esa cadena de complicidades estructurada por altos jefes policiacos de la mano de  la clase política local, misma que toleró y solapó el empoderamiento de esta poderosa organización criminal, causante en gran parte,  de la extrema violencia que aqueja al estado.

 

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RAM

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