• La travesía de María, mujer migrante, luchando por sus hijos en una ruta peligrosa hacia Nueva York. Esperanza, valentía y resiliencia…

 

Redacción/CAMBIO 22

La conocí en octubre en la Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas (CAFEMIN). Sus ojos verdes aún mantenían la esperanza propia de sus 24 años y, a pesar de su situación difícil, sonreía. Es madre de dos niños menores de dos años nacidos en Colombia, una de las paradas de su larga travesía desde Venezuela. “Quiero llegar a Nueva York, quiero llegar por ellos”, me dijo señalando a los bebés.

María, cuyo nombre real omito, viaja con sus niños pequeños y su madre hacia Estados Unidos. En el camino, su pareja decidió que no quería seguir con ella y sus hijos. Su caso es parte de un fenómeno que siempre ha sido complejo, pero que este año alcanzó en México un número histórico: diariamente llegan hasta 11 mil personas a la frontera de México con Estados Unidos; de enero a agosto de 2023 creció 62% la migración de menores de edad por territorio mexicano. La magnitud de la migración llegó a tal punto que, por ejemplo, la empresa Ferromex decidió suspender el recorrido de varios trenes porque constituía un peligro para los migrantes.

De acuerdo con la ONU, la frontera de México con Estados Unidos es la ruta migratoria más peligrosa del mundo: casi 700 personas murieron o desaparecieron en 2022 intentando cruzarla. Nuestro país es hoy un lugar en tránsito que no ha implementado los mecanismos suficientes para atender los crímenes contra personas migrantes. En este contexto, las mujeres que migran pagan un doble precio por querer cambiar de vida. Por ejemplo, delitos que comúnmente se cometen contra personas migrantes, como trata de personas y violencia sexual, muestran una tendencia histórica de mayor ocurrencia en mujeres: desde 2016, 47 mujeres migrantes manifestaron ser víctimas de violencia sexual frente a 10 hombres en el país.

En su relato, María me dijo que tenía miedo porque escuchó que en México roban niños. El cuidado y la protección de los menores de edad que transitan en las caravanas de migrantes recae en las madres. Algunas viajan sin el padre de los niños, que a veces se adelantó hacia la frontera o ya logró cruzarla. Además, muchas mujeres viajan embarazadas y deben dar a luz en la selva, el desierto o donde se pueda. En la gran mayoría de los casos, estás mujeres no reciben la atención médica necesaria.

La migración, para la gran mayoría de las personas, implica la decisión de trasladarse a buscar una mejor vida o morir. Para las mujeres no solo es morir ellas sino morir con sus hijos, con sus padres. Como otras decisiones femeninas, la de migrar está anclada a los retos que implica haber nacido mujer en Latinoamérica: carga de cuidados, desempleo, abandono conyugal, desnutrición, falta de oportunidades, además, significa mayor probabilidad de ser víctima de ciertos tipos de violencia, como la sexual. Ser migrante es enfrentar condiciones muy difíciles; en el caso de las mujeres puede ser doblemente complicado.

 

Fuente: La Lista

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