Yolanda Gutiérrez/CAMBIO 22

ISLA MUJERES, Q. ROO, 21 de octubre-. Un sábado 21 de octubre, pero de 2005, tocó tierra “Wilma”, apenas dos días después de emitirse la alerta de huracán en el Caribe que provocó que los isleños protegieran con maderas los ventanales de sus hogares y negocios para resguardar sus bienes y la integridad de su familia.

Las compras de pánico vaciaron los supermercados, los pescadores resguardaron sus embarcaciones en tierra firme, los turistas fueron evacuados y la bahía y el puerto de abrigo se llenaron de embarcaciones que buscaban refugio del huracán.

Por la tarde la policía, Protección Civil y elementos de la Marina recorrían las calles exhortando a quienes permanecían en la vía pública a retirarse a sus hogares.

La noche se hizo eterna, entre el fuerte silbido del viento y el corte del suministro de energía eléctrica la incertidumbre se apoderaba de todos, amaneció y el viento no arreciaba, el día transcurre sin poder salir a la calle y, como buenamente pueden, los isleños se enteran que el huracán permanecía estacionado en la península de Yucatán, a causa de un frente frío que impedía su avance hacia el golfo de México.

El potente huracán, de categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, permaneció estacionado por tres días, generando una ola de destrucción a su paso, calles inundadas que parecían ríos, comercios destruidos, árboles caídos, embarcaciones encalladas en la arena y decenas de postes de luz derribados por la furia de la naturaleza.

Los daños fueron incuantificables, los servicios básicos quedaron interrumpidos y se hicieron necesarias grandes labores de recuperación y reconstrucción una vez el huracán dejó de afectar el territorio; con la temporada de invierno prácticamente encima, la reactivación era urgente.

Empiezan los trabajos para retirar maderas, ramas y todo tipo de obstáculos, además de la arena que invadió el malecón principal, la gente unida con la única fuerza para que la isla volviera a brillar nuevamente.

Gracias al esfuerzo de la CFE, que envió brigadas desde varias partes de la República, se consiguió reestablecer el servicio de energía eléctrica en un tiempo récord de 11 días.

De manera directa el huracán no provocó víctimas mortales; de manera indirecta, uno de los trabajadores enviados por la paraestatal falleció en accidente laboral, justo el día que las brigadas concluían su encomienda en la isla.

“Wilma” evolucionó de tormenta tropical, con vientos de 110 km/h a huracán categoría 5, con vientos máximos sostenidos de 280 a 295 km/h, en tan sólo 24 horas.

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RHM