Redacción/CAMBIO 22

Pan con tomate y jamón. Ese es el desayuno que ha disfrutado en esta fría mañana de viernes, y durante las tres últimas, Elsa Pataky (Madrid, 46 años). Como sus visitas a España son esporádicas, no se anda con remilgos: pide tortilla española y —más— jamón en los caterings, visita junto a sus amigas los restaurantes más castizos de la capital y experimenta toda una regresión nostálgica al disfrutar de un arroz con leche o unas simples natillas.

“Recuerdo cómo las hacíamos en casa y vuelvo a la infancia. Echo muchísimo de menos todo aquello”, confiesa la polifacética actriz.

Ha vuelto para presentar la nueva campaña de la firma alicantina de zapatos Gioseppo, con la que comparte proyección internacional y una conciencia medioambiental que, en su caso, certificó con hechos al abandonar las ostentosas colinas de Los Ángeles, California, y mudarse junto a su pareja, el actor Chris Hemsworth, y sus tres hijos a la localidad costera australiana de Byron Bay.

“Estar en contacto con la naturaleza es muy especial para mí, me costaría mucho volver a vivir en una ciudad”, concede con un ligero acento anglosajón que no tardará en diluirse.

Pese a lo temprano de la cita y lo ajetreado de su agenda, en su porte no se aprecia ni un ápice de cansancio o somnolencia. Acostumbrada a levantarse cada mañana sobre las seis y media, saltando de la cama a la piscina para darse un baño —sí, también en invierno— que la llene de energía, Elsa Pataky lleva el oficio por dentro y por fuera. Su mirada oceánica, su piel bronceada y un físico exuberante y tonificado a base de ejercicio y disciplina alimentaria siguen despertando tantos titulares y anhelos como antaño, pese a que el paso del tiempo, según la madrileña, también se deja notar:

“Conforme te vas haciendo mayor ves que esa belleza se va volatilizando y que no puedes depender de ella. Pero estás en paz porque la madurez te da tranquilidad. Cuando me miro al espejo ahora soy mucho más indulgente que cuando era joven”.

Pataky abraza la madurez personal y profesional. 25 años de oficio a este lado del charco, al otro y al de más allá han acabado imponiéndose a cuantas etiquetas se ha ido encontrando por el camino: de símbolo sexual a chica de revista o mujer de, para labrarse un camino guiado únicamente por su instinto. No queda nada ya de la joven que allá por 2006 se ponía Hollywood por montera para callar las bocas de críticos y escépticos, empeñados en que no fuera profeta en su tierra.

“Cambié esa filosofía de vida”, sostiene, “cuando era joven me sentía más insegura y me afectaba lo que decían de mí, pero luego me di cuenta de que lo importante es lo que yo opino y quiero. Si no estás por encima de los comentarios vas a vivir con una ansiedad y un estrés que no merece la pena”.

Tras haber priorizado el cuidado de su familia sobre los trabajos interpretativos durante los últimos años, la madrileña vio este pasado verano cómo su carrera se reactivaba de forma inesperada. El thriller Interceptor, con el que Pataky cumplió por fin el sueño de protagonizar una película de acción, se convertía en el filme más visto de Netflix en todo el mundo y restauraba una ilusión por la profesión que parecía amortizada.

“Como en este tiempo me he dedicado más a ser madre, llegas a pensar que tu carrera ya está, que se acabó, que se han olvidado de ti. Es una sorpresa que me ha hecho muy feliz… más vale tarde que nunca. Eso sí, me podía haber surgido cuando era más joven para haberme recuperado antes de las lesiones”, bromea.

A su yo más lozano, aquel que conquistó a una generación de espectadores con series como Al salir de clase o películas como Ninette, la Elsa actual le recomendaría más paciencia. Que la ansiedad y la ambición inherentes a la edad están mejor fuera que dentro, así que “Let it go” (Suéltalo en español), como diría su tocaya en la película Frozen, que todo llegará. Quizá lo próximo en llegar sea el regreso de una hija pródiga que, sirva como ejemplo de la anomalía, hace 15 años que no pisa la alfombra de los Goya.

¿Cómo se deterioró esa relación? “No sabría decirte…”, divaga mientras se encoge de hombros. “Como me ven en Australia ni siquiera hacen el esfuerzo de pensar en mí porque creen que voy a decir que no. Lo entiendo perfectamente, pero yo estaría dispuesta a volver. Me encantaría vivir una temporada en España con mis hijos, les vendría muy bien. ¡Paloma [mira a su representante], vamos a buscar un proyecto en España este año, por favor!”.

Quien seguro que tampoco hace ascos a una mudanza a la capital es su marido desde 2010, Chris Hemsworth. El australiano, estrella global por su papel del superhéroe Thor, no solo es un fan confeso de la comida española, sino también del modo de vida mediterráneo.

“Admira nuestra forma de disfrutar de las cosas, la positividad y lo apasionados que somos con todo”, corrobora su pareja.

¿Podemos empezar entonces los trámites para convertir al dios del trueno en hijo adoptivo? Elsa Pataky no tiene dudas:

“Le encanta nuestra manera de vivir. Cuando socializamos por allí Chris habla con muchísimo orgullo de España”.

 

 

 

Fuente El País

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