Redacción/CAMBIO 22

JOSÉ MARÍA MORELOS, 21 de enero.-  En José María Morelos, los restauranteros de mariscos enfrentan una marea alta de retos económicos que amenaza con hundir sus negocios. El alza constante en los precios de los insumos esenciales, como el combustible y los mariscos, se suma a una competencia desleal que deja a los empresarios formales en una lucha desigual.

Jorge Andrés Flota Chacón, propietario de un restaurante de mariscos, describe con frustración cómo los costos han escalado a niveles críticos. “El kilo de camarón ya ronda los 180 pesos, y el pulpo, al volverse escaso, ha disparado su precio. Esto nos obliga a ajustar los precios en los menús, algo que los clientes a menudo no entienden”, comenta.

Un menú cargado de impuestos y gasolina cara

El problema no se limita a los insumos. La alta carga fiscal y el encarecimiento de la gasolina han golpeado a los restauranteros con fuerza. “No subimos los precios por gusto, lo hacemos por necesidad. Cada día los costos aumentan, y los márgenes de ganancia se hacen más estrechos”, señala Flota Chacón.

Sin embargo, el problema se agrava con la presencia de vendedores informales que operan desde sus casas, esquivando impuestos y ofreciendo precios más bajos. “No competimos en las mismas condiciones. Nosotros cumplimos con las regulaciones fiscales y legales, pero ellos no, y eso nos perjudica gravemente”, denuncia.

2025: entre esperanza y llamado a la acción

A pesar de las dificultades, Jorge Andrés mantiene el optimismo y confía en que 2025 será un año más estable. “Por ahora, no planeamos nuevos aumentos de precios, siempre que los costos no sigan subiendo. Queremos ser competitivos y accesibles para nuestros clientes”, asegura.

El restaurantero también hace un llamado urgente a las autoridades. “Es necesario que regulen la competencia desleal. No estamos pidiendo privilegios, solo igualdad de condiciones para que los empresarios formales podamos sobrevivir y prosperar”, enfatiza.

Un llamado al consumidor

La crisis de los restauranteros de mariscos también deja una reflexión para los consumidores. Cada vez que elegimos un platillo, no solo pagamos por el sabor, sino también por el esfuerzo de quienes luchan por mantener su negocio a flote en un entorno adverso. Apoyar a los establecimientos formales no solo garantiza calidad y seguridad, sino también la continuidad de una tradición culinaria que enriquece a la comunidad.

¿Será posible navegar esta tormenta económica y salir fortalecidos? Eso dependerá de la acción conjunta de autoridades, empresarios y consumidores para devolver estabilidad al sector y mantener vivo el sabor del mar en cada plato.

 

redaccionqroo@diariocambio22.mx

JFCB

 

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