Raymundo Riva Palacio / CAMBIO 22

Una fotografía publicada la semana pasada afuera de Palacio Nacional provocó un fuego cruzado entre los radicales del régimen y los medios. La imagen era de Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores presidencial y exvocero del expresidente Andrés Manuel López Obrador, y Jenaro Villamil, titular del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, que según las crónicas de algunos periodistas que lo atestiguaron, aparentemente estaban discutiendo. Villamil ironizó la jerarquización periodística, minimizando que la fotografía fuera relevante, aunque omitió el porqué era significativa en ese momento: el contexto.

Días atrás, el exconsejero jurídico de López Obrador durante sus primeros tres años de gobierno, Julio Scherer, publicó su libro Ni venganza ni perdón, donde lanzó una batería de misiles contra Ramírez Cuevas, utilizándolo como un pretexto para golpear a López Obrador y a la cuatroté. El libro ha sido tratado por los ultras del régimen como un “libelo” y han tratado de desacreditarlo. Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que no lo había leído y que no lo haría, pero descartó que afectara al movimiento.

El libro, sin embargo, provocó un cisma hacia el interior del ala dura. De acuerdo con personas que saben qué está sucediendo en ese grupo, dijeron que Ramírez Cuevas vio una traición de Villamil en algunas afirmaciones de Scherer sobre su proceder, porque hay información ahí sugerida que sabían muy pocas personas. No hay dudas sobre quién, de los que conocían detalles muy reservados que vio publicados en el libro, fue el informante, porque el único que tenía relación con Scherer era Villamil.

Medios utilizan tácticas de guerra para manipular: Ramírez Cuevas

Scherer, que tiene una larga lista de libros publicados al alimón con diferentes personas que son quienes los escriben, fue co-autor con Villamil de La guerra sucia de 2006: los medios y los jueces, que salió a la venta en 2007, un año después de la elección presidencial que en ese entonces alegaban que a López Obrador le había robado la elección el sistema para darle la victoria a Felipe Calderón, aunque en el libro reciente el exconsejero jurídico dice que el panista sí la ganó. En aquel año Villamil era reportero de Proceso, la revista de la familia, y tenían una relación de complicidad que conciliaba sus intereses políticos con una agenda impulsada desde el periodismo militante.

Pese a la relación entre ambos, Villamil no llegó al gobierno de López Obrador por Scherer, sino por Ramírez Cuevas, que durante años fueron parte de uno de los grupos que pululaban en torno al gran cronista Carlos Monsiváis. El exvocero presidencial y Villamil fueron los arquitectos de la estrategia de odio contra medios y periodistas, que sistemáticamente alimentaba Ramírez Cuevas todas las mañanas en Palacio Nacional con López Obrador. También fue su sostén cuando se descubrieron irregularidades en la compra de antenas del sistema, logrando mantenerlo al frente y que durante el nuevo gobierno mantuviera el cargo.

Scherer dedica amplio espacio en su libro a destruir la imagen de Ramírez Cuevas, señalando con casos específicos –el litigio sobre el maíz transgénico y una pensión vitalicia para los trabajadores de la desaparecida Comisión de Luz y Fuerza del Centro– cómo manipuló para obtener beneficios económicos y políticos para el ala dura del obradorismo. Pero hay otro punto, aparentemente el que provocó el choque con Villamil, que apareció originalmente en una columna de Jorge Fernández Menéndez, quien fue el vehículo para la redacción del libro, publicada en octubre del año pasado, pero que pasó desapercibida para ese grupo hasta que apareció en el libro en un nuevo contexto.

Fernández Menéndez publicó que Ramírez Cuevas creó diversos “medios alternativos” ligados y financiados a la estructura de poder, donde sobresalía una sociedad anónima, Doble L Medios, que producía audiovisuales en instalaciones del gobierno, cuyo aparente propietario, Guillermo Llaguno, también era el responsable de multimedia de Regeneración, el periódico que fundó Ramírez Cuevas. El texto del columnista se enfocaba en la queja de cómo se canalizaban múltiples recursos a esas empresas ligadas a él, mientras se castigaba la publicidad oficial en los medios.

Es como mi hermano'

La lectura interna de lo que esbozó Scherer a través de Fernández Menéndez en el libro detonó el conflicto, no por lo que se expuso, que fue económico en detalles, sino por el temor de que el exconsejero se haya guardado más información que pueda ser devastadora para su red de propaganda. Personas que conocen el enjambre de medios y periodistas financiados con dinero irregular que se desvió del presupuesto de la oficina de Comunicación Social de la Presidencia revelaron beneficios para un buen número de periodistas, en líquido, privilegios y propiedades.

Con ese desvío de dinero –que constituye el delito de peculado– dijeron que se pagaron propiedades para Villamil, para dos periodistas reconocidos y para varios más que aparecen en programas de los canales 11 y 22, que tienen como común denominador un abordaje faccioso que a veces busca ser sarcástico, pero profundamente insultante contra críticos del gobierno. También sirvió para fondear a columnistas, supuestos periodistas y youtuberos, a quienes se les dieron contratos personales de varios millones de pesos, puestos de gobierno –como un afamado columnista que recibía dinero en efectivo y trabajo para sus familiares– o contratos para sus cercanos.

El tema de estos contratos, según lo que ha trascendido, ha sido la fuente de recriminación entre Ramírez Cuevas y Villamil, a partir de la sospecha del exvocero de que su viejo camarada y cómplice es la principal fuente de Scherer sobre el desvío de recursos. Ramírez Cuevas parece temer que su enemigo declarado tenga una pistola cargada como seguro de vida político y que pudiera ser utilizada en algún momento, si el exconsejero jurídico se ve en necesidad de canjearla. Por lo pronto, hasta donde se sabe, la relación entre Cuevas y Villamil está fracturada, con amenazas de represalias del actual coordinador de asesores presidencial en contra de su compañero de armas.

 

 

 

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GPC/RCM

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