• Un drama que retrata con crudeza la falta de atención del gobierno a personas con discapacidad mental, que nadie atiende el drama de personas con estos males.

  • No se trata solo de ella. Se trata de miles de mujeres y hombres que, como Sara, viven con padecimientos mentales graves

  • Personas que no tienen una red de apoyo, que no encuentran contención emocional, médica ni institucional. ¿Dónde están las instituciones de salud? ¿Dónde están los gobiernos que juraron protegerlos?

 

Dra. Candy Raygoza/CAMBIO 22

Esta mañana, alrededor de las diez y media, recibí una llamada de un número desconocido. Del otro lado de la línea, un oficial de la Policía Municipal me informó que tenían resguardada a una mujer llamada Sara.

Me explicó que la señora se encontraba perdida, desorientada, y que en medio de su crisis les había dado mi número para que me localizaran.

Me conmovió profundamente. Pedí que la llevaran a la estación de policía mientras intentábamos buscarle ayuda.

Intenté localizar a su hija, sin éxito. Nadie contesta. Me dicen que vive en Mérida y que también tiene problemas psiquiátricos. El hijo de Sara es menor de edad y presenta alguna condición.

Está bajo el cuidado de una mujer de 77 años, con quien la propia Sara ya ha tenido conflictos violentos en el pasado.

Las amigas y conocidas a quienes llamé fueron claras: no pueden hacerse cargo de ella. Nadie se siente con la capacidad para enfrentar sus crisis, su violencia, sus arranques.

Sara, cuando no toma sus medicamentos, se pierde en sí misma. Se vuelve otra persona.

Y entonces me hago la pregunta que da título a este artículo: ¿Quién se hace cargo de Sara?

Porque no se trata solo de ella. Se trata de miles de mujeres y hombres que, como Sara, viven con padecimientos mentales graves.

Personas que no tienen una red de apoyo, que no encuentran contención emocional, médica ni institucional.

Personas que sufren, que pierden la noción de la realidad, que vagan por las calles o permanecen encerradas en hogares sin condiciones ni cuidados adecuados.

Personas que también son madres, hermanas, hijas, tías, amigas. Seres humanos con dignidad.

¿Dónde están las instituciones de salud? ¿Dónde están los gobiernos que juraron protegernos? ¿Dónde está el sistema de salud mental en el estado de Quintana Roo? ¿Dónde están las feministas, las colectivas, las redes de apoyo? ¿Dónde está esa sororidad que tanto se promueve en discursos y redes sociales?

Aquí está Sara. No en una marcha, no en un cartel, no en una consigna. Aquí está viva, rota, vulnerable. Necesita ayuda. Ayuda de verdad.

LA SALUD MENTAL EN MÉXICO: UN PROBLEMA ABANDONADO

Históricamente, la salud mental en México ha sido invisibilizada. A pesar de los esfuerzos aislados, no se ha construido una política pública nacional integral que priorice el bienestar psíquico y emocional de la población. Según datos del INEGI y de la Secretaría de Salud, uno de cada cuatro mexicanos ha padecido o padecerá algún trastorno mental a lo largo de su vida. Y sin embargo, el presupuesto destinado a salud mental no supera el 2% del total en salud.

En mayo de 2022, se reformó la Ley General de Salud para sustituir progresivamente el modelo de hospitales psiquiátricos por un enfoque de atención comunitaria, ambulatoria y con respeto a los derechos humanos. Ya no se construirán más hospitales monoespecializados en psiquiatría. En cambio, se deben crear pabellones de atención inmediata y servicios ambulatorios integrados en hospitales generales y unidades de primer nivel.

Este modelo busca garantizar una atención cercana, humana, integral y libre de estigmas. Pero mientras se desmantelan los hospitales psiquiátricos, muchos estados —incluido Quintana Roo— no cuentan aún con redes comunitarias suficientes ni estructuras adecuadas para hacer frente a crisis psiquiátricas graves.

El estigma sigue pesando. Muchas personas no buscan ayuda por miedo, vergüenza o por desconocimiento. Otras tantas lo intentan, pero se encuentran con sistemas rebasados, sin capacidad resolutiva, sin personal capacitado y sin protocolos de actuación.

 

¿Y QUINTANA ROO?

 

Quintana Roo enfrenta una situación urgente. La economía turística, con jornadas laborales exigentes, inestabilidad social, consumo de sustancias y migración constante, genera un ambiente de estrés colectivo permanente. Pero la infraestructura de salud mental no se ha adecuado a estas realidades.

La Ley de Salud Mental del Estado de Quintana Roo, publicada en 2020, establece obligaciones claras. Sin embargo, no se ha reglamentado ni aplicado con efectividad. No hay centros de día, no hay redes comunitarias, no hay campañas de prevención, no hay un protocolo claro de atención para personas en crisis psiquiátricas como Sara.

 

EL MARCO LEGAL

 

La Constitución Mexicana, en su artículo 4º, establece el derecho a la protección de la salud. La Ley General de Salud, reformada en 2022, determina que la atención a la salud mental debe estar integrada al sistema general de salud, sin segregación ni institucionalización innecesaria.

El artículo 74 Bis de la Ley señala que las instituciones deberán brindar atención ambulatoria prioritaria, y que la hospitalización sólo debe darse en casos urgentes, por el menor tiempo posible y con respeto pleno a los derechos humanos.

Esto significa que los estados, incluyendo Quintana Roo, tienen la obligación de crear redes comunitarias funcionales, con servicios ambulatorios, centros de crisis, y personal capacitado. Hoy, esa obligación no se está cumpliendo.

 

EXPERIENCIAS INTERNACIONALES Y ENFOQUES HUMANISTAS

 

La crisis de salud mental que vivimos en México no es exclusiva. Diversos países han enfrentado situaciones similares y han avanzado hacia modelos de atención más humanos, eficaces y comunitarios. Sus experiencias nos muestran que sí es posible construir sistemas de salud mental que protejan la dignidad de las personas y ofrezcan verdaderas oportunidades de recuperación e integración.

Modelos comunitarios exitosos

En países como Chile, España e Inglaterra, la atención a la salud mental se ha reestructurado para centrarse en el entorno del paciente. Se promueven centros de salud comunitarios, visitas domiciliarias, acompañamiento terapéutico y redes de apoyo local. La hospitalización es la última alternativa, y solo se aplica por breves periodos y bajo criterios estrictamente clínicos. Estos modelos priorizan la vida cotidiana, el sentido de pertenencia y la autonomía de las personas con padecimientos mentales.

 

Prevención e intervención temprana

Uno de los pilares en los sistemas más avanzados es la prevención. Identificar factores de riesgo desde la infancia, trabajar con las familias, generar campañas educativas, ofrecer espacios de escucha en escuelas y centros de salud: todo ello permite actuar antes de que los cuadros se agraven. En México, estos esfuerzos son todavía escasos, fragmentados o inexistentes.

Campañas de sensibilización

Iniciativas como Enero Blanco, surgida en Brasil, han mostrado el poder de la concientización colectiva. Esta campaña promueve cada enero el diálogo abierto sobre salud mental, con un enfoque esperanzador y educativo. También se han implementado campañas nacionales de salud mental en países como Canadá, Australia y Alemania, donde se fomenta hablar de lo que se siente, sin miedo ni juicio.

Recomendaciones de organismos internacionales

La Organización Mundial de la Salud ha emitido lineamientos específicos desde 2021 para la transformación de los sistemas de salud mental. Entre sus recomendaciones destacan: la integración total con los servicios generales de salud, la atención centrada en la persona, el respeto irrestricto a los derechos humanos, y el reemplazo de los hospitales psiquiátricos por servicios ambulatorios accesibles en las comunidades.

Lecciones para México

México necesita mirar con seriedad estas experiencias y adaptarlas a nuestra realidad. No basta con desmontar hospitales psiquiátricos: hay que construir alternativas sólidas. La atención ambulatoria no es improvisación. Requiere recursos, capacitación, redes interinstitucionales, educación pública y voluntad política.

Sara no puede esperar a que el sistema se reorganice dentro de diez años. Las personas con condiciones mentales graves merecen atención profesional, cercana, continua y compasiva hoy. No mañana. No después.

¿QUIÉN SE HACE CARGO DE SARA?

La respuesta es tan clara como dolorosa: nadie.

La policía no puede, no sabe, no le corresponde.

La familia está fracturada y también enferma.

La comunidad no sabe cómo ayudar.

Las instituciones están ausentes.

Y mientras tanto, Sara espera. En una estación de policía. En un rincón del abandono. Entre la lucidez y la confusión. A la espera de que alguien, cualquiera, le tienda una mano.

LLAMADO URGENTE

Desde este espacio, exijo:

  1. La creación inmediata de pabellones y centros comunitarios especializados en salud mental en Quintana Roo, con atención médica, psicológica y psiquiátrica digna y humana.

  2. La reglamentación efectiva y aplicación de la Ley de Salud Mental del Estado.

  3. La implementación de protocolos de atención inmediata en crisis psiquiátricas para policía, urgencias médicas y personal comunitario.

  4. Campañas de sensibilización y prevención, con enfoque comunitario y derechos humanos.

  5. Redes de apoyo reales para familias, mujeres, niños y adultos que viven con condiciones de salud mental.

 

Porque la salud mental no puede seguir siendo ignorada. Porque Sara podría ser tu madre, tu hermana, tu prima, tu tía, tu amiga, tu abuela.

Porque si tanto hablamos de sororidad, de solidaridad entre mujeres, ¿dónde están esas mujeres ahora que una de nosotras las necesita?

Porque la dignidad no puede depender del azar ni del silencio.

Este es un llamado a la conciencia, pero también a la acción. Dirigido al Gobierno del Estado, al Congreso, a la Secretaría de Salud y a la propia Presidenta de la República.

Háganse cargo. Ya no hay más tiempo.

 

redaccionqroo@cambio22.mx

GFB

 

WhatsApp Telegram
Telegram