Redacción/CAMBIO 22 

En el año 2013 Xiao Wei, un trabajador que operaba una máquina dentro de un taller en China, sufrió un grave accidente que aplastó su brazo y cortó una de sus manos.

Su brazo quedó aplastado y había que actuar con rapidez para no perder la mano. Varios informes de prensa indicaron que Wei se quedó paralizado en el sitio cuando sufrió el accidente.

“Un compañero desenchufó la máquina, agarró mi mano y me llevó al hospital”, declaró el paciente.

Pero en el hospital local de Changde, los doctores se vieron incapaces de hacer algo por Wei y decidieron trasladarlo al hospital regional de la provincia de Hunan.

Allí, los expertos necesitaban tiempo, y en accidentes de este tipo, el tiempo es lo que más escasea.

Fue así como decidieron buscar otra extremidad dónde colocar la mano mientras se dedicaban a la reconstrucción del brazo, que había quedado aplastado.

Su tobillo izquierdo pareció ser el lugar ideal para el injerto.

Necesitaban un lugar que garantizara el suministro de sangre y las arterias de la pierna fueron las perfectas candidatas para mantener con vida la mano de Wei.

Un mes después, los cirujanos pudieron retirarla y reimplantarla en el brazo del paciente.

Posteriormente tuvo que someterse a otras operaciones antes de que recupere la funcionalidad completa de su mano.

Finalmente Wei recuperó la movilidad y estabilidad de su mano.

Esta historia invita apreciar los avances de la ciencia y cuyo desenlace indudablemente alegra, aunque el procedimiento parezca un tanto extraño.

 

 

Fuente Cosmos

[email protected]

MRM