Ciro Gómez Leyva / CAMBIO22

 

A menos que esto haya sido un engaño de principio a fin, alguien tendría que asumir la responsabilidad primaria del naufragio de la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum, formalmente sepultada ayer.

El primer nombre que me viene a la cabeza es el del veterano a quien se le encomendó la conducción del proyecto: Pablo Gómez. No parecía tan difícil diseñar una iniciativa que cumpliera con los objetivos trazados en Palacio Nacional y fuera aceptable para los aliados del Verde y el PT. Pero no ocurrió.

Entérate Sheinbaum no hará llamado al PT y Verde para que voten a favor de  la reforma electoral.

Todo indica que, fiel a su biografía y a su estilo, Pablo Gómez se movió con la lógica de no hay más ruta que la mía. Él tenía una reforma en su mente y era la que debía imponerse. He escuchado versiones de que, incluso, llegó a modificar por sus pistolas acuerdos adoptados por la Comisión de la reforma —que él, cierto, presidía—, y eran esas versiones unilaterales las que exponía ante la Presidenta.

Lista de Temas en Foros por Nueva Reforma Electoral: Participación Podrá  Ser en Línea | N+

El resultado está a la vista: un fracaso. Un fracaso que es también el de su gestión. No habría estado a la altura. Fue el teórico obtuso incapaz de construir acuerdos ni siquiera con los de casa. Se machacará, por supuesto, que la culpa es de la ambición  política y la codicia del Verde y el PT. Quizá por eso Pablo reaparezca pronto por ahí, como si nada hubiera pasado. Otra vez sin más ruta que la suya.

 

redaccionqroo@diariocambio22.mx

MRM

 

 

WhatsApp Telegram
Telegram