• La oscuridad que rodea al templo es evidencia de la falta de luz eléctrica y de acuerdos claros entre la fe, la autoridad y la convivencia comunitaria

 

Ricardo Jesús Rivas/ CAMBIO 22

CHETUMAL, 22 de octubre. – En el corazón de la colonia San Patricio, vecinos y feligreses de la Parroquia San José Obrero se encendió una conversación pública sobre la falta de iluminación y el deterioro del entorno inmediato del templo. Las denuncias, que comenzaron a circular en redes sociales, exponen un grave problema, mientras algunos habitantes reclaman la penumbra de las calles, la luz que mantiene encendida la parroquia —a costa de su propio consumo eléctrico— se ha convertido en un foco de convivencia desordenada y, en ocasiones de insalubridad.

La comunidad eclesial señala que el estacionamiento de la iglesia, que no forma parte de la vía pública según los títulos de propiedad de la Diócesis, es ocupado de manera informal por vecinos que lo utilizan como extensión de la calle. Ahí, aseguran, se reúnen personas a beber y fumar durante la noche, dejando basura y excremento de animales, afectando incluso el acceso de fieles y personas con discapacidad. “Muchos se quejan de las autoridades, pero ni teniendo un servicio gratuito colaboran”, se lee en una de las publicaciones difundidas por los encargados del templo.

El reclamo también pone sobre la mesa la falta de infraestructura que el ayuntamiento de Othón P. Blanco se niega a proveer. Aunque la parroquia mantiene iluminados dos postes instalados con donativos de años anteriores, la zona permanece vulnerable a la oscuridad y la inseguridad. Los vecinos argumentan que el Ayuntamiento desatiende la reparación del alumbrado público y la limpieza de los alrededores, mientras que la parroquia asegura cubrir mensualmente entre nueve y diez mil pesos por consumo de electricidad y haber pagado casi 17 mil pesos de impuesto predial el año pasado.

A unos días de que el sacerdote Patrick Corrigan L.C. cumpla 55 años de servicio pastoral en Quintana Roo, la situación simboliza una tensión común en muchas comunidades del estado, la frontera difusa entre los deberes ciudadanos, las responsabilidades municipales y el papel de las instituciones religiosas como soporte de la vida cotidiana. La oscuridad que rodea al templo es evidencia de la falta de luz eléctrica y de acuerdos claros entre la fe, la autoridad y la convivencia comunitaria.

 

 

redaccion@diariocambio22.mx

AFC

WhatsApp Telegram
Telegram