Morena I
7 Mar. 2026
Paco Acosta / CAMBIO 22
Si lo que buscas es entender hacia dónde lleva Claudia Sheinbaum a la 4T, sigue leyendo este post.
No ofreceré una predicción como tal. Daré forma a eso que presientes pero que todavía es un garabato inenarrable, de esos que Pablo Bustamante o Estefanía Mercado nunca terminarán de descifrar.
Porque tú quieres ver más allá. Así que lee lo más que puedas.
En el cónclave guinda de hoy la presidenta estará poniendo la primera piedra del futuro del movimiento. Y con ello le cambiará la jugada a todos.
Me refiero al proceso para la sucesión de Luisa María Alcalde, no a la selección de los 17 precandidatos a gobernador. Una entrega de estafeta que tendrá más tintes camachistas que obradoristas.
¿Ya lo notaste?
Palacio Nacional ha destapado dos figuras: Citlalli Hernández y Alfonso Durazo.
Hernández representa más de lo mismo. La continuidad del ADN pelangocho en el que se han encumbrado Arturo Ávila, Marx Arriaga o Fernández Noroña. Un estilo fantástico para campañas, pero suicida para un gobierno. Los datos en poder de la presidenta muestran la caída del partido en distintas entidades gracias a estos “genios de la comunicación”.
Durazo es todo lo contrario. Él encarna el punto final al genoma troglodita de las izquierdas mexicanas. No un viraje al centro del espectro político, sino al de las formas.
A la presidenta le urge profesionalizar sus huestes. Poncho representa la diplomacia y la templanza que Palacio Nacional necesita para transitar al tercer y cuarto año de gobierno.
Recuerda esa escena en que la corcholata Sheinbaum se inconforma con Durazo: ambos salieron bien librados. Eso dice mucho de los dos.
Con estas opciones sobre la mesa, con el contexto geopolítico como está y con la alianza como está, el sentido que Sheinbaum quiere darle a la 4T es inequívoco: de cuerpo y de forma. Dejar atrás la costilla de Andrés, entendida como esa confluencia ganadora pero arbitraria de fuerzas, expresiones e intereses.
Falta, por supuesto, que Morena vote. Sin embargo, las cartas que se barajan hoy apuntan a que la presidenta intenta dar un viraje drástico de timón. Uno que incomodará a quienes viven del desorden: a Pablo Bustamante regalando rebanadas de pizza a las afueras de hospitales públicos, a Estefanía Mercado en sus vergonzosas colaboraciones con Camila Martínez y su campaña Playa del Chairo, y a todo ese ecosistema que medra entre la movilización simulada y la disciplina aparente.
Porque lo que se viene no es solo un proceso electoral intermedio. Es la primera piedra de algo distinto: el nacimieto del Movimiento de Regeneración Nacional e Institucional.
El Morena i.
¿Te hace sentido?
GPC


















