• Una sonda solar, la nave más rápida hecha por humanos, capaz de hacer un viaje equivalente al de Nueva York a Tokio en un minuto, habrá cubierto este año el 96% de la distancia que separa a la Tierra del Sol, para recoger información sobre la estrella central de nuestro sistema solar.

 

Redacción/CAMBIO 22

ESTADOS UNIDOS (France24) Una sonda solar, la nave más rápida hecha por humanos, capaz de hacer un viaje equivalente al de Nueva York a Tokio en un minuto, habrá cubierto este año el 96% de la distancia que separa a la Tierra del Sol, para recoger información sobre la estrella central de nuestro sistema solar.

Los hallazgos de la misión, definida por el científico que la dirige, el doctor Nour Raouafi de la Universidad Johns Hopkins, como “equivalente al alunizaje de 1969”, permitirán comprender mejor la actividad del astro, y de ese modo, por ejemplo, forma predecir tormentas solares.

Este fenómeno se origina a partir de vientos que se producen en la corona del Sol, ocasionando llamaradas que tienen la capacidad de incidir en el campo magnético de la Tierra, y causar interrupciones en las telecomunicaciones.

Los datos que se puedan recopilar a partir de las observaciones de esta misión podrían hacer que los científicos sean capaces de desarrollar una especie de servicio meteorológico solar para pronosticar estos eventos.

La sonda Parker también permitirá comprender algunos misterios sobre el Sol, como el hecho de que la atmósfera de este astro, con su temperatura de más de un millón de grados Celsius, es muchísimo más caliente que la superficie, que “apenas” alcanza los 6000ºC.

Un viaje al infierno

Para cumplir su misión, la sonda Parker fue fabricada a partir de compuestos de carbono que la blindan con un grueso escudo térmico, que ofrece protección a los instrumentos con los que espera medir partículas cargadas y fluctuaciones magnéticas.

Pero no solo es un tema de recubrimiento. El éxito de la misión se basa en las velocidades vertiginosas que protegen a Parker en su incursión en el horno solar. La sonda puede llegar a alcanzar los 700 mil kilómetros por hora, un desplazamiento que la hace inmune a las infernales condiciones.

Esas velocidades cuentan con una pequeña ayuda de Venus, pues la nave orbita alrededor de este planeta para aprovechar su gravedad y ganar un impulso extra. Pero este “trampolín” sólo funcionó hasta fin de año, porque ya su órbita no le permitirá seguir girando en torno a Venus.

Ya en 2020, la misión fue capaz de captar las primera imágenes y sonidos del viento solar, un registro que maravilló al mundo entero. Pero otros hallazgos recabados desde su lanzamiento en 2018 son definidos como “un logro monumental para la humanidad” por Raouafi.

Básicamente estamos aterrizando en una estrella”, destaca el científico a cargo del proyecto, el primero de su tipo en la historia.

 

Fuente:Proceso

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