abril 16, 2024 02:52

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Renán Castro Madera, Director General

Renán Castro Madera, Director General

abril 16, 2024 02:52

 

  • Es una práctica muy común que un medio de comunicación cite a otro medio como fuente, sobre todo si este es un medio poderoso o quien da la noticia es un comunicador de referencia.

 

Redacción/CAMBIO 22

¿Cuántas veces les ha pasado que leen una noticia y la dan por cierta? Ese dato que obtenemos a través de un medio de comunicación se queda en nuestra cabeza, a veces para toda la vida, e influye en nuestro criterio y en nuestra manera de percibir el mundo.

Las fake news no son nada nuevo, pero en esta era de la posverdad ya les dimos un nombre y ahora es más fácil -o al menos debería serlo- referirse a ellas, detectarlas y señalarlas. Pero no todas las personas se toman un momento para hacer este ejercicio de limpieza de sus fuentes de información. Estamos saturados y nadie tiene tiempo.

En eso radica la confianza que depositamos en un medio de comunicación, porque se supone que no le corresponde a la audiencia usar su propio tiempo, además de consumiendo la noticia corroborando que la información sea correcta. La ética periodística también contempla que el fact-checking lo hace el propio medio.

Sin embargo, es una práctica muy común que un medio de comunicación cite a otro medio como fuente, sobre todo si este es un medio poderoso o quien da la noticia es un comunicador de referencia. De tal modo que, desde tiempos inmemoriales, conceptos como filtraciones, trascendidos, pronósticos, predicciones, encuestas, tendencias y otros más, pueden usarse como vehículos para promover fake news.

Dicho de otra forma, estos son los mecanismos que se utilizan para construir una narrativa que beneficia a cierto medio de comunicación o grupo de poder, golpeando, desestabilizando, influyendo en la opinión pública y hasta en el gusto, para inclinar la balanza a su favor, usando datos, información y noticias que la audiencia da por ciertos pero que, desde que los medios de comunicación existen, siempre fueron “otros datos”.

En lo que a cultura y espectáculos se refiere, estaríamos hablando de chismes y rumores, porque al público se le ha educado para creer que lo que sucede en la industria del entretenimiento no tiene mayor importancia, cuando en realidad el entretenimiento influye poderosamente en nuestras vidas y es una industria millonaria que mueve economías, al mismo tiempo que moldea el pensamiento de los individuos e impacta en la cultura.

Tomemos como ejemplo la reciente entrega de los Globos de Oro. Apenas hace dos años se destapó que la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA) fallaba a los principios de diversidad que promovía con esta entrega, pues no contaba con miembros de la comunidad negra, además de caer en prácticas financieras cuestionables. Tras el escándalo, la asociación se disolvió y el multimillonario Todd Boehly, de Eldridge Industries, dueños del Chelsea FC, los Dodgers, Pizza Hut, Cirque du Soleil, Billboard y The Hollywood Reporter, compró ahora el nombre y el programa conocido como Golden Globe Awards.

Lo que vimos el domingo pasado fue un relanzamiento de esta marca, donde acudieron la crema y nata del espectáculo tras haberle dado la espalda no hace mucho. Ahí estaban todas las celebridades, desde Meryl Streep hasta Oprah Winfrey, pasando por Taylor Swift, aunque también es curioso que este evento sucediera a la par del escándalo en curso de los documentos del caso Epstein, donde algunas de estas celebridades fueron señaladas.

Pero eso no es todo. Entre los nuevos dueños del evento también está Variety, el influyente medio especializado en entretenimiento, y la cadena CBS, por lo que todos los medios de comunicación en el mundo, incluyendo a los periodistas que más cuestionaron la credibilidad del premio, volvieron a reportar sobre el evento como si nada hubiera pasado.

Es comprensible que los actores, representantes de agencias de relaciones públicas, grandes estudios de cine y demás miembros de la industria cinematográfica estén felices de recuperar un premio que por dos años dejó de ser importante y valía menos que una lata de refresco. Fueron dos años en los que se evitó usar la etiqueta de “ganador del Globo de Oro” y eso devaluó la carrera de muchos actores, directores, productores o guionistas que hasta el momento no se pueden preciar de ser un “ganador del Oscar”.

¿Pero de verdad la credibilidad se puede recuperar tan fácil? Ahí es donde empieza un conflicto de intereses que la mayoría de los medios tratarán de ignorar. Si bien es cierto que esta es una nueva etapa para los Globos de Oro, alejados de una mala administración y de los criterios y filias de un reducido grupo de críticos, ahora que se han convertido en una empresa nos enfrentamos a un conflicto más grave, el permitir que medios de comunicación como VarietyThe Hollywood Reporter y CBS decidan qué productos culturales son dignos de premios y encima dicten esta narrativa a otros medios de comunicación en el mundo que, por poder y por presión, se sumarán a tal discurso.

Medios dando línea editorial a otros medios. Si nos quejábamos de que un columnista ventilara “trascendidos” o un comunicador esparciera chismes, esto ya es otro nivel. Olvídense de Gustavo Adolfo Infante y cómo otros medios de comunicación dan por ciertas sus predicciones sobre el caso de Sergio Andrade y Gloria Trevi. Ya superen el trauma de que Javier Ceriani de Chisme No Like se haya convertido en un comunicador de referencia, son minucias comparadas con las grandes corporaciones de medios y entretenimiento.

Recuerdo cuando trabajé en un periódico de circulación nacional donde, en mi capacidad de editor, me correspondía revisar las columnas de opinión de gente como Shanik Berman. Cierta ocasión, cuando la serie de Luis Miguel estaba en su apogeo y los periodistas se peleaban por conseguir una declaración oficial, me llegó la columna de dicha comunicadora citando una supuesta declaración del cantante. Para mí era obvio que tal declaración no había sucedido, por lo que exigí la fuente y puse a trabajar un sábado a mi jefe de sección y al director editorial. Me decían “Shanik se va a enojar”, pero la realidad es que para muchos el día de descanso es más sagrado que la ética.

Y es en esta área gris donde prosperan las fake news sobre el estado de salud o muerte de los famosos, los falsos veredictos judiciales, las supuestas resoluciones sobre negocios, las predicciones que adelantan resultados y las encuestas electorales. Pero debo admitir que yo mismo he caído en errores. Los periodistas somos falibles. He leído titulares y los doy por ciertos. Procuro analizar la información concienzudamente, pero en un mar de desinformación nadie está exento de fallas.

¿Cómo recuperar entonces la confianza en los medios? La ética profesional, en este caso la periodística, debería ser a los medios de comunicación lo que el juramento hipocrático es a los doctores: el beneficio de las personas, público o sociedad tienen que ser primero. Pero veamos lo que dicen las encuestas. Un sondeo de Gallup de 2023 reveló que, en Estados Unidos, solamente 7% de adultos confían plenamente en las noticias, mientras que 39% no tienen absolutamente ninguna confianza. De acuerdo con Statista, en México solamente el 36% de personas siguen confiando en los medios.

BREVES

Con el anuncio de los nominados al Oscar cada vez más cerca (se harán públicos el 23 de enero), empiezan a llegar a la cartelera nacional varias de las películas que según las predicciones aparecerán en esas listas. A partir del 11 de enero ya se puede ver The Holdovers (Los que se quedan) en salas de cine.

Parece que el mes de enero de 2024 inicia una nueva costumbre del circuito de exhibición, pues están liberando una gran cantidad de títulos que fueron muy comentados en los últimos meses del año. Esta semana estrenan otras dos películas de terror muy interesantes: Cuando acecha la maldad de Argentina y La mesita del comedor de España.

 

Fuente: La Lista

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