Marx y la Educación
17 Feb. 2026
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Aun cuando ejerció una facultad fundamental de su cargo, la de destituir a un subordinado que se negaba a acatar instrucciones, la presidenta Sheinbaum parece tener miedo de molestar al presidente López Obrador, a su esposa Beatiz o a los grupos radicales de su movimiento
Sergio Sarmiento / CAMBIO 22
“La clase gobernante teme a la educación porque hace imposible la obediencia”. – Atribuido a Karl Marx
Aun cuando ejerció una facultad fundamental de su cargo, la de destituir a un subordinado que se negaba a acatar instrucciones, la presidenta Sheinbaum parece tener miedo de molestar al presidente López Obrador, a su esposa Beatiz o a los grupos radicales de su movimiento. Declaró ayer que “Marx Arriaga no estaba de acuerdo en que hubiera ninguna modificación a los libros”, lo cual sería un abierto acto de desobediencia, pero añadió: “Valoramos muchísimo el trabajo de Marx Arriaga, muchísimo”.
La mandataria afirmó: “Los libros de texto están bien”. Insistió en que el problema con Arriaga fue que se negó a incluir personajes femeninos en la historia de México: “No había mujeres en los libros de texto. Yo creo que para todos es muy importante que se incorpore a las heroínas de la patria., entre otras cosas”.
La verdad es que los libros han sido muy cuestionados por los especialistas, pero ni siquiera este es el problema; lo relevante es el deterioro del sistema educativo de nuestro país. Lo peor es que no parece ser siquiera producto de la ineptitud, sino de una política pública deliberada. Al presidente López Obrador le interesaba más lo que llamaba “la revolución de las conciencias” que lograr una instrucción de calidad. Marx Arriaga sostenía que la educación no debe ser “un mercado” que genere “una obra de mano barata para la maquila, para la transnacional”.

Aurelio Nuño, el exsecretario de educación, ha escrito que, “por primera vez desde que José Vasconcelos creó la SEP en 1921, la matrícula no creció, cayó. Hay 1.5 millones de alumnos menos que en 2018. La cobertura disminuyó en todos los niveles. En preescolar pasó de 71.8% a 63.6%; en primaria, de 98.7% a 94.5%; en secundaria, de 96.5% a 93.1%, y en media superior se desplomó casi 10 puntos, de 84.2% a 74.8%”.
En contraste, la presidenta Sheinbaum declaró el 7 de febrero que durante “el periodo neoliberal, que fue de 1983 al 2018”, no se construyeron ni preparatorias ni universidades, “porque en ese período se consideró que la educación no era un derecho“. Sin embargo, la cobertura en educación media superior pasó de 25-35 por ciento en 1983 a 84 por ciento en 2018 mientras que la de educación superior subió de 10-15 por ciento a casi 35 por ciento. O la presidenta mintió o le informaron mal.
No solo preocupa el descenso en cobertura educativa, sino también la calidad. Hay indicios en las pruebas PISA que se aplican a alumnos de 15 años. Los resultados de 2022 muestran una caída de 14 puntos en matemáticas desde 2018, el mayor en la historia, para quedar en 395 puntos. En ciencias la baja fue de nueve puntos, a 410, y en lectura de cinco puntos, para quedar en 415. Nos encontramos muy abajo de los promedios de los países que participaron.
Las pruebas PISA, sin embargo, muestran solo la superficie del problema. Más de fondo es que el gobierno ha eliminado las evaluaciones de maestros y alumnos. En 2019 acabó con el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) y en 2025 con su debilitado sucesor, la Comisión Nacional para la Mejora de la Educación (Mejoredu). Al régimen le molestan las mediciones de calidad de la educación. El resultado es que vamos a ciegas y así resulta imposible avanzar.
Poco importa lo que suceda con Marx Arriaga: si acepta o no un nuevo cargo, consulado o embajada para ya no dar problemas o si sigue en rebeldía ante una presidenta que lo alaba. Lo realmente relevante es que México está sufriendo un retroceso en cobertura y calidad de la educación. El costo lo pagarán los niños, a quienes el Estado finge estar educando.
No leer
Dice la presidenta que no ha leído ni va a leer el libro Ni venganza ni perdón de Julio Scherer Ibarra. No es por falta de tiempo, sino porque no quiere leer algo con lo que podría estar en desacuerdo. Lo curioso es que el texto los elogia a López Obrador y a ella.
Fuente: Reforma
GPC/RCM


















