Marihuanos vs Fifis: El Abismo Social en el Chetumal de la “Trasnformación”
8 Feb. 2026
Redacción/ CAMBIO 22
CHETUMAL, Q. ROO (8 de febrero de 2026).— La noche del sábado siete de febrero quedará marcada como el día en que la capital de Quintana Roo se partió en dos. Fue el choque de dos realidades paralelas: por un lado, la opulencia de una gala “fifi” con estrellas internacionales; por el otro, el abandono y la improvisación de un festival cultural para “la banda” que terminó en humillación para el talento local.
Fue el experimento social definitivo de MORENA en el sur: privilegios para unas cuantas, sobras para el resto.
El Brillo del Poder: “Skultora” 2026 y el Lujo de Emmanuel
Mientras las calles de Chetumal sufren por baches y penumbras, la cúpula del poder se encerraba en el Baile de Carnaval para Damas “Skultora” 2026. Organizado por el DIF, el evento fue una pasarela de vestidos de gala y exclusividad. El invitado de honor: Emmanuel.
Traer a una figura de la talla de “La chica de humo” para un evento privado plantea una duda legítima de corrupción: ¿De dónde salió el dinero y cuánto se pagó? Hasta hoy, los gastos permanecen bajo llave, protegidos por una opacidad que insulta a las familias que solo reciben despensas de frijol.
El Grito de la Calle: El Reggae Fest y la Humillación al Artista
A pocos kilómetros, en la Megaescultura, el Reggae Fest agonizaba. Lo que debió ser la celebración de nuestra identidad caribeña fue un caos de improvisación por parte del ICA.
La cantante local Despika Singer detonó la bomba en pleno escenario, frente a los funcionarios:
“Nos invitaron hace dos días. La convocatoria salió hace una semana. No respetan los tiempos de los músicos ni del público”.
Debido a esta falta de planeación, artistas de Cancún, Playa y Mérida quedaron fuera. El resultado: una Megaescultura semivacía y un festival que se sintió como un evento “de segunda” para gente “de segunda”.
La Tríada del Desprecio: Una Crítica Frontal
Esta noche no fue un error de logística; fue una declaración de principios. La responsabilidad es clara y tiene nombres propios:
A la Gobernadora Mara Lezama: Resulta indignante verla celebrando y bailando con Emmanuel mientras la identidad cultural de Chetumal es pisoteada. Su presencia en la gala, mientras el Reggae Fest se hundía en la improvisación, confirma que su gobierno prefiere la “foto VIP” que el apoyo real a la cultura popular. No se puede hablar de compromiso social con una copa de champaña en la mano y el pueblo olvidado en la Megaescultura.
Al DIF (Estatal y Municipal): Es una bofetada que la institución encargada de la vulnerabilidad social organice bailes millonarios con artistas de talla mundial. ¿Cuántas calles se pudieron pavimentar o cuántos comedores comunitarios en Morocoy se pudieron reabrir con lo que costó el show de Emmanuel? El DIF se ha convertido en un club social de élite, sordo al hambre de las comunidades.
A Lilian Villanueva (Directora del ICA): Su gestión al frente de la cultura es un fracaso absoluto. Organizar un festival internacional con una semana de anticipación es una falta de respeto al gremio artístico. Su incompetencia no solo dejó el festival vacío, sino que humilló al talento local que hoy le exige dignidad y no migajas.
A Yensunni Martínez: La “anfitriona” de este desastre. Como complemento de esta red de omisiones, Yensunni permite que su municipio se divida. Mientras ella busca reposicionarse con su marca “YM”, permite que el estado le quite fuerza a los eventos locales para favorecer las fiestas de la élite. Su administración es el puente que permite que la opulencia de unos brille sobre la miseria de otros.
“Hay que colocar el Ejército de Venezuela con el colombiano, una operación común, de tal manera que quienes (están) arrodillados al narcotráfico (y) no saben que esa época pasó, que se inicia una nueva era, y se quedaron en un inmediato pasado de codicia, sean derrotados”, agregó Petro tras la reunión con su homólogo estadounidense en la Casa Blanca.
Igualmente, dijo que la idea es que ambos países persigan a los líderes de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que están en Venezuela y “a los que más mal hacen como violentos a Colombia”.
Tras la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, el gobierno colombiano ordenó reforzar los 2.219 kilómetros de frontera con Venezuela para garantizar la seguridad, especialmente en el Catatumbo, uno de los mayores fortines del ELN.
En la zona también operan el Frente 33 de las disidencias de las FARC, que lleva más de un año enfrentado al ELN por el control territorial del Catatumbo, y otros grupos narcotraficantes.
El ELN es el segundo mayor grupo armado de Colombia, después de la banda criminal Clan del Golfo, según el informe oficial ‘Apreciación de las capacidades críticas de la amenaza (Accam)’ del gobierno.


















