Renán Castro Madera/CAMBIO 22

El malestar y la impotencia impregnan la suave brisa que envuelve al Séptimo Regimiento de Caballería Motorizada.

Y no es para menos, el secuestro y muerte de al menos un soldado, causado por el Cártel de Caborca, ha generado fuertes inconformidades que crecen en el día a día,  entre los elementos de tropa pertenecientes a la 34 Zona Militar con base en Chetumal, Quintana Roo.

Se sienten abandonados por sus altos mandos, quienes llenos de privilegios y avasallados por la clase política gobernante, han dejado de ser el orgullo de México, para convertirse en simples lacayos del Presidente de la República.

Y es que las numerosas funciones y el elevado presupuesto asignado por la 4T a la SEDENA, han terminado por contaminar a los altos mandos, que hoy en día gozan de innumerables privilegios que les hace olvidar su principal compromiso con el pueblo de México.

El “levantón” del sargento segundo de Caballería Andrés Gómez, ocurrida el pasado domingo alrededor de las siete de la mañana en la vía corta a Mérida, cuando viajaba a la ciudad de Mérida, Yucatán, producto de una presunta traición de un informante que salió de la mismas unidades que conforman la 34 Zona Militar.

El infortunado sargento había encabezado un pelotón que formó parte del equipo que participó en el operativo que llevó a cabo el aseguramiento y muerte del jefe de Plaza en Limones (Bacalar) Jesús Martínez Sarmiento “El Pelusa”.

Este alto jefe de esa organización criminal fue uno de los civiles que resultaron abatidos por el Ejército Mexicano, en el enfrentamiento registrado en el paraje de Río Indio, municipio de Othón P. Blanco.

**ADVERTENCIA: Esta nota informativa contiene imágenes que pueden afectar la sensibilidad de algunas personas, les pedimos discreción.

El enfrentamiento entre militares y gente armada del Cártel de Caborca, obedeció  a la serie de cateos que se realizaron en poblados de los municipios de Othón P. Blanco, Bacalar y Felipe Carrillo Puerto, el pasado mes de junio.

En ese entonces los altos jefes del Cártel de Caborca amenazaron con vengarse de la muerte de “El Pelusa” y el pasado lunes lo cumplieron por medio de una traición que desembocó en la entrega del infortunado sargento segundo de Caballería, cuando lo bajaron de un autobús del ADO en dónde se trasladaba a Mérida para acudir a una cita médica.

Un comando fuertemente armado que se trasladaba en más de cuatro vehículos, detuvo el autobús de pasajeros en las primeras horas de la mañana del pasado domingo, en la vía  corta que conduce de Chetumal a la capital yucateca, en un tramo cercano al poblado de Divorciados en el municipio de Bacalar.

Su cuerpo apareció la mañana del martes pasado con huellas de tortura, además de un balazo que le perforó la cabeza y otro que le atravesó el pecho.

Y es que el irresponsable accionar de los altos mandos ha propiciado que un gran número de elementos de tropa y oficiales, por decir lo menos se encuentren en las nóminas del crimen organizado que opera en Quintana Roo.

No sé sientes apoyados por sus altos mandos, aunado a los propios grupos que se han formado en el interior de sus unidades y que se han dividido para apoyar a los diferentes cárteles que operan en la entidad.

Una prueba de lo anterior es que hasta el momento de redactar esta nota periodística, han dejado las filas del Ejército en las unidades de Quintana Roo, más de 100 elementos, producto de renuncias ó deserciones, señalan fuentes bien informadas al interior de la SEDENA.

Las vacantes se incrementan a diario, sin que exista un intereses de la población en ingresar a las filas del Ejército, por la peligrosidad que hoy representa ser un efectivo militar y por otra “la baja moral” que cunde entre la tropa.

Entre el personal quintanaroense es común escuchar que resulta lamentable que hoy en día esa noble institución sea conformada por “mandos millonarios, que dirigen una tropa pobre”.

Los informes que salen de esas unidades militares retirados y en activo las califican de críticas y sin un rumbo fijo para evitar acciones como la muerte de sus efectivos en manos del crimen organizado.

Resulta lamentable, aseguran, que una gran parte de la población sepa en dónde frecuentan y hasta dónde viven los criminales y las autoridades encargadas en combatirlas no hagan algo para detenerlos.

Los mandos no quieren problemas y en tanto se mantengan con esa mentalidad las deserciones y bajas en las unidades, seguirán a la alza.

 

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