Redacción/CAMBIO 22

Todos guardan silencio en la sala de la Corte, el único ruido que se puede escuchar es un “shhh shhhh shhhh”, mientras Jane Rosenberg pasea su pastel sobre un lienzo, donde en unos segundos aparece una silueta humana.

Instantes después los trazos se convierten en cabello, aparece una expresión en el rostro, la figura humana tiene saco y corbata, una mano cruza el pecho y la otra aparece lanzando un beso con la mirada al frente. Es un retrato de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad en México, saludando a su esposa Linda Cristina, como al inicio de cada sesión en el juicio que enfrenta en la Corte del Distrito Este, en Brooklyn, Nueva York.

“Desearía verlo de frente más tiempo”, dice Rosenberg, una artista de la Corte que ha cubierto grandes juicios en Nueva York y otros estados de la costa este de Estados Unidos. En la mayoría de las Cortes en ese país, los jueces no permiten el acceso a cámaras de fotografía ni video para cuidar la identidad de las personas que integran el jurado y los testigos protegidos, pero argumentan que también es una forma de evitar que el juicio se convierta en un espectáculo.

La-Lista platicó con Rosenberg por varios días durante el tiempo de espera para entrar a la sala 8D, donde se lleva a cabo el juicio de García Luna. Cada día, Rosenberg fue contando sus experiencias y las imágenes que le quedaron grabadas de los juicios.

Por décadas, Rosenberg ha asistido a juicios para captar los gestos y momentos decisivos de casos como el de John J. Gotti, jefe de la familia de la mafia Gambino en Nueva York en los años 90. “Usaba unos abrigos muy elegantes”, recuerda.

Recientemente, mientras cubrió las audiencias iniciales de Ghislaine Maxwell, acusada de conspiración con Jeffrey Epstein por abuso sexual de menores, se hizo popular un retrato de su modelo dibujando a la misma Rosenberg.

Recuerda que Maxwell volteó a verla a la parte de atrás, donde se encontraba sentada en las bancas del público y la vio hacer trazos en su libreta, así que la artista eligió esa pose para uno de sus retratos, el cual se hizo célebre en las redes sociales.

Otras escenas de Rosenberg se han hecho célebres en la prensa de Estados Unidos, como el retrato de Harvey Weinstein, el productor de cine condenado a 23 años de cárcel por delitos sexuales cometidos por años en contra de actrices y que fue denunciado gracias al movimiento #MeToo.

“Destaqué su estómago porque era lo que sobresalía de él, los oficiales lo llevaban con las manos esposadas por la espalda y la postura hacía que se le hiciera el estómago hacia adelante mientras caminaba al interior de la sala”, dice la artista.

García Luna es su actual modelo. El exsecretario de Seguridad Pública en el gobierno de Felipe Calderón enfrenta cinco cargos relacionados con conspiración para el tráfico, venta y distribución de cocaína en Estados Unidos por los que podía alcanzar de 20 años de prisión a cadena perpetua.

Pero el procesado se sienta de espaldas a Rosenberg, quien ocupa la primera silla en el espacio para el público y se sienta sobre dos cojines para tener una visión con más altura de lo que ocurra en la sala 8D del ala Norte en el edificio de la Corte del Distrito Este.

Desde ahí solo alcanza a captar cuando García Luna llega escoltado por dos oficiales, conocidos como marshalls, que permanecen con él todo el tiempo. Rosenberg aprovecha mientras él voltea para platicar con sus abogados o cuando saluda a su esposa Linda Cristina, sentada en una banca exclusiva, detrás de la silla de Rosenberg.

En la mayoría de sus retratos alcanza a captar el ceño fruncido de García Luna inspeccionando con la mirada a cada uno de los testigos que se han sentado en el estrado en el otro extremo de la sala, al flanco izquierdo del juez Brian M. Cogan.

La artista de la Corte

Cada mañana, una mujer de ligera figura, con el pelo ligeramente alborotado, lentes y ojos entre avellana y color verde llega a la Corte de Brooklyn jalando un diablito en donde traslada equilibradamente sus lienzos de papel y unos tres bolsos con sus instrumentos de trabajo.

Ella es siempre la primera en la fila para ingresar a la sala donde se lleva cada juicio, poco antes de las 9 de la mañana. Pasa cada estuche por una banda de escaneo para que los guardias de seguridad los escaneen y entra para ocupar la primera silla del lado derecho a la entrada de la sala.

Rosenberg no pierde un segundo y comienza a desmontar el equipo de su diablito, pone unas hojas papel periódico entre su asiento y la alfombra, del lado derecho despliega una fina mesita con patitas de aluminio y encima monta un pesado estuche de madera que al abrirlo deja ver un montón de pedazos de pastel separados en tonos rosa, verde, marrón, negro, azul, ámbar, amarillo, naranja, rojo y sepia.

Del lado izquierdo de su silla despliega un cajón ligero, pero resistente, lo pone en posición vertical y coloca arriba una tabla larga para acomodar encima más cajas con piezas de pastel de otros colores. Dice que durante la pandemia le dio por comprar un montón.

Luego abre el estuche principal, donde trae sus pliegos de papel en los que plasma las únicas escenas del juicio que verá el mundo sobre lo que ocurre en esa sala.

Se apoya en una pieza de cartón como apoyo, sujeta su papel con dos inmensos clips de presión y empieza a observar para comenzar el primer dibujo.

Al terminar un lienzo, rotula con tinta china el nombre de los abogados, fiscales o personas que aparecen en la composición. Y en los recesos de la sesión, Rosenberg corre a la sala de prensa para escanear su trabajo y enviarlo a las agencias de noticias, televisoras y los principales periódicos, que suelen ser sus principales clientes.

‘El Chapo’ era solo un hombre pequeño que mandaba besos a su esposa

La artista asegura que tenía una mejor vista en el juicio de Joaquín “El Chapo” Guzmán, donde podía ver al exlíder del Cártel de Sinaloa de frente y no tenía tres filas de escritorios con abogados sentados que bloquearan la vista al acusado.

“Era solo un hombre pequeño que todo el tiempo estaba mandándole besos a su esposa“, recuerda Rosenberg.

A diferencia del juicio que ha cubierto en las últimas semanas, para cubrir el de “El Chapo” Guzmán, Rosenberg tenía que pararse a las 2 o 3 de la mañana en la puerta de la Corte, como muchos reporteros.

“En la puerta principal había hombres con armas largas Ak-47, un perro pasaba por la fila para olfatear, había detectores de metales y la seguridad era mucho más fuerte”, recuerda.

Para llegar a tiempo a la audiencia, una mañana decidió tomar un taxi desde su casa, ubicada en Manhattan, pero cuando iba circulando a la mitad del puente que conecta la isla con Brooklyn, la policía detuvo el tránsito para dar paso al convoy de patrullas con las torretas y luces encendidas que escoltaban al “El Chapo” desde el Centro de Reclusión de Manhattan mientras un helicóptero sobrevolaba alumbrando con una intensa luz el avance del traslado.

A la artista no le preocupó la seguridad, sino la tarifa del taxi que seguía avanzando mientras el traslado de “El Chapo” tenía detenido el tráfico en el emblemático puente de Brooklyn.

Los retratos de Rosenberg

Rosenberg recuerda que dibujaba gente desde los tres años de edad y hubo un tiempo en que se hacía autorretratos mirándose al espejo. Estudió en la Buffalo State University de Nueva York y la célebre The Art Students League del mismo estado.

Pero en su carrera ha tomado incontables talleres y cursos sobre pintura, retratos, técnicas y arte.

En los 80 pasaba los veranos en Provincetown, Massachusetts, una localidad turística con hoteles y restaurantes donde hacía retratos a los turistas para ganar dinero y pagar la renta.

Recuerda que sus padres habrían deseado que fuera maestra de escuela y tuviera un trabajo estable, pero la apoyaron en su deseo de ser artista.

Rosenberg platica sobre su carrera un ratito cada día mientras hace fila para entrar a la sala donde se lleva a cabo el juicio de García Luna. Protege su tiempo libre y una vez fuera de la Corte no suele dibujar retratos para mantener su mente clara.

Hay juicios y procesos que han llegado a afectarla emocionalmente. Durante la pandemia, a través de una computadora, presenció el juicio del expolicía acusado de matar a George Floyd, quien murió sofocado mientras era sometido por la policía en la calle.

Pasaron el video una y otra vez y tenía que dibujar al joven de cerca mientras decía: ‘No puedo respirar’… No puedo respirar’ Eso me afectó y me llegué a sentir mal del estómago por la forma en que murió”, dice apretando los ojos.

Pero eso no ha desanimado a la artista a ser testigo y registrar con sus bosquejos los juicios más emblemáticos en Nueva York y otros estados.

En todos los juicios que ha cubierto como artista asegura que ha visto y escuchado cosas terribles, por eso procura dibujar paisajes hermosos en su tiempo libre, como una forma de limpiar su mente.

 

Fuente La Lista
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RHM