abril 16, 2024 04:59

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Renán Castro Madera, Director General

Renán Castro Madera, Director General

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  • ¿Una disputa por drogas? No. ¿Una pelea por el control de ductos de combustible? Tampoco. ¿La venganza de un cártel contra un infiltrado en una posada? Menos. Las razones son más escalofriantes porque van al fondo de este país.

 

Redacción/CAMBIO 22

Un hombre pasa sus últimos minutos con vida en algún llano en el norte de Guanajuato con los brazos atados a dos llantas de una camioneta. La defensa le sirve como respaldo para que, sentado y moribundo después de ser paleado, vea a sus victimarios afilar un cuchillo que sabe que le atravesará para matarlo.

El video, que la Policía Cibernética de la extinta Policía Federal cree que fue grabado en 2017, es tan violento que apenas es tolerable, si se describe con palabras: tres hombres que sueltan risotadas se acercan lentamente para aterrorizar a su víctima hasta que clavan una punta que le abre el pecho. Enloquecidos, los sicarios parece que le arrancan el corazón y se turnan para sostenerlo como trofeo. Son 38 segundos desquiciantes que ojalá nunca hubiera visto.

Aquel video encontrado en el celular de un integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación llevó a la Quinta Visitaduría de la Comisión Nacional de Derechos Humanos —encargada de los temas de trata de personas y, por ende, de tráfico de órganos— a iniciar una investigación que quedó trunca cuando acabó el sexenio de Enrique Peña Nieto: ¿qué lleva a alguien a sacar los órganos de alguien que observa como rival?

Había muchas hipótesis. Cada una más terrible que la anterior: que el crimen organizado extraía los órganos para venderlos en el mercado negro aprovechando que la tecnología médica se ha portabilizado desde el primer trasplante exitoso en México en 1963; que sacar un órgano se usaba como rito de iniciación para que los nuevos soldados de los cárteles demostraran su ausencia de humanidad; que los sicarios se los daban de comer a los migrantes secuestrados para no tener que invertir en comida enlatada. Hipótesis que eran mitad terror, mitad fantasía.

Cuando uno de los autores de ese incipiente reporte —cuya identidad me pidió proteger— me habló de sus teorías, me dijo que lo más escalofriante fue hacia donde apuntaban las conclusiones, pues entró a varios penales federales para entrevistarse con internos de altísima peligrosidad en búsqueda de las respuestas. Confiaba en que, si ubicaba las causas del uso de órganos, podía establecer una estrategia de prevención.

“Lo que encontré fue mucho peor de lo que pensé”, me contó hace unos días frente a un vaso de ponche que se enfriaba. “Yo quería racionalizar la violencia, encontrar causas o justificaciones para lo más terrible. Y encontré que no hay causa. Estamos en una etapa de violencia extrema sólo porque sí. Y eso me parece aterrador”.

La masacre de 12 personas en una posada en Salvatierra entra en esa categoría. La línea de investigación más desarrollada apunta a que cuatro hombres se invitaron solos a una fiesta ajena, los corrieron y, en venganza, regresaron en forma de comando para aventar 195 casquillos de alto calibre contra amigos que recién habían roto una piñata y se alistaban para abrazarse en Navidad. Salvaje, aterrador, inexplicable.

Yo sí sé las razones de la matanza en la exhacienda San José del Carmen: porque a 18 años de la guerra contra el narco, en México estamos en una fase de violencia irracional. Se mata porque sí. Y esa es la etapa donde todos estamos en peligro.

GRITO. Por primera vez en la historia de Tierra Caliente, hay un presidente de Morena con una gobernadora mexiquense, una guerrerense y uno michoacano también de Morena. Se abre una oportunidad inmejorable para acabar con La Familia Michoacana, ¿la tomarán?

 

Fuente: La Lista

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