Redacción/CAMBIO 22

En México, desde hace más de 15 años, investigadores en Ecología de la Restauración realizan experimentos en la selva húmeda de los Tuxtlas, Veracruz, y la selva estacional de la Sierra de Huautla, Morelos. Sus resultados han documentado, en algunas parcelas, el regreso de especies vegetales y animales que requiere la selva para funcionar.

La Doctora Cristina Martínez Garza, experta en estrategias de restauración y académica del Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación (CIByC), de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), explicó a los lectores de Crónica que en las selvas de Los Tuxtlas y en la Sierra de Huautla se han generado datos importantes sobre cómo y por qué las interacciones entre plantas y animales son fundamentales para recuperar áreas dañadas por fenómenos naturales o por actividades humanas.

“Hoy sabemos que no basta con poner en un ecosistema las diferentes formas de vida que estaban presentes; se requiere un orden en la reintroducción de cada componente vegetal y animal para lograr la recuperación del ecosistema. En el caso de los experimentos hechos en México, hemos estudiado dos modelos que nos aportan información sobre estas interacciones planta-animal: uno es el proyecto que desarrollamos en selva húmeda, en Los Tuxtlas, donde fuimos apoyados con fondos de la National Science Foundation, de Estados Unidos; y el otro proyecto está en la selva estacional, en la Sierra de Huautla, donde recibimos apoyo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la UAEM”, dice la Doctora en Ecología Evolutiva.

En la selva húmeda se han aplicado tres formas de trabajo con diferentes parcelas para comparar resultados: algunas parcelas no son intervenidas y se documenta su proceso de recuperación natural; en un segundo grupo de parcelas se siembran árboles locales con frutos carnosos que atraen a los animales para dispersar semillas, y en un tercer grupo de parcelas se siembran árboles con frutos secos que no atraen a los animales, pero dan refugio para medir también la dispersión de semillas.

En la selva estacional, también conocida como selva baja caducifolia, se trabaja con dos tratamientos: el primero fomenta la recuperación natural de los terrenos y el segundo mide la recuperación mediante la plantación de una combinación de árboles presentes en selva: los de fruto carnoso y los que producen frutos secos.

En los dos casos se ha estudiado la recuperación de diferentes formas de vida: árboles, arbustos, hierbas, polinizadores, roedores y depredadores.

EVOLUCIÓN

Cristina Martínez Garza expuso que en las últimas tres décadas la práctica llamada Restauración ecológica se transformó en la disciplina científica Ecología de la restauración. Originalmente, era realizada por grupos ambientalistas que buscaban rescatar espacios naturales dañados reintroduciendo sus componentes y tratando de hacerlos funcionar. Ese trabajo comenzó a sistematizarse en los estudios llamados Comunidades sintéticas de investigadores como Henry Franklin Howe, tutor de Martínez Garza. Aquel trabajo con prueba y error generó metodologías y datos que construyeron la ciencia llamada Ecología de la Restauración.

CONTINUO MENTAL

Bióloga por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Doctora en Ecología Evolutiva titulada en la Universidad de Illinois en Chicago, Cristina Martínez Garza ha impulsado proyectos de Ecología de la Restauración en Veracruz, Morelos, Puebla y Jalisco.

En su recorrido biográfico y académico parece cumplirse el apotegma del psicoanalista Sigmund Freud “infancia es destino”, puesto que en sus recuerdos está grabado el tiempo cuando andaba por las calles con una resortera y frijoles, lanzando semillas a los terrenos baldíos y jardines que veía sin vegetación, “para que nacieran plantas y se vieran más bonitos”.

También recuerda sus carreras a casa para buscar en la enciclopedia de sus padres cómo se llamaba una planta cuya hoja había colectado.

“Fue una infancia muy divertida en el sur de la Ciudad de México, vivíamos en Villacoapa donde había terrenos silvestres e íbamos a cursos de verano en Xochimilco rodeados de parcelas de maíz. Entonces yo no conocía la palabra Biología, pero sí conocía la palabra Botánica. Muy pequeña supe que quería estudiar botánica y hacer investigación”, cuenta a este diario.

Premio de la SETAC

En 2017, Cristina Martínez Garza obtuvo el Premio de la Sociedad de Toxicología Ambiental y Química (SETAC por sus siglas en inglés) en la categoría de Mejor publicación de investigación, artículo de investigación innovador por ciencia relevante, transparente y reproducible para mejorar el ambiente.

“Estamos muy contentos de haber recibido el premio de la SETAC, este artículo surgió de un taller organizado por la SETAC y la Sociedad de Restauración Internacional que reunió a especialistas en restauración teórica y práctica, ecólogos, y empresas con el objetivo de descontaminar ecosistemas”, dijo entonces la investigadora.

Su estudio formó parte de su trabajo sobre las técnicas de descontaminación que se utilizaban en el pasado, “las cuales eran tan agresivas con el ambiente que los sitios quedaban totalmente deshabilitados para cualquier actividad biológica”.

La SETAC es una sociedad profesional sin fines de lucro a nivel mundial, integrada por investigadores e instituciones que se dedican al estudio, análisis y solución de problemas ambientales, la gestión y regulación de los recursos naturales, educación ambiental, investigación y desarrollo, entre otros temas.

*Cristina Martínez Garza, investigadora de la UAEM, ha documentado la importancia de las interacciones entre plantas y animales para recuperar áreas dañadas.

 

Fuente: Cronica

GCH

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