• Las redes sociales facilitan el anonimato para crear vínculos de comunicación e información con quienes vemos pero no nos ven.

 

Redacción/CAMBIO 22

El ver sin ser visto, hablar con máscaras, engañar con falsa identidad, escondernos en el anonimato cobarde y ventajoso, estafar y abusar de la buena fe de los demás se ha convertido, lamentablemente, en algo muy común y natural en las redes sociales.

El problema es que esas plataformas se prestan para ello y más bien, hemos distorsionado su función de ser enlaces de comunicación y vehículos de información.

Los estrategas de campañas políticas o publicitarias, gobiernos democráticos y populistas las han adoptado como parte de su marketing político en el mejor de los casos, porque ahora sus herramienta de guerra sucia para desinformar, confundir y manipular.

Por ejemplo, la democracia ahora es abatida por la encuestrocracia. El poder político y de persuasión radica en encuestas que pretenden conducir la voluntad ciudadana a supuestos resultados antes de que sucedan las elecciones. Las han querido transformar en el oráculo que adivina el futuro con “fotografías” del momento haciendo creer que es el resultado final. No debemos perder de vista que detrás de cada empresa de encuestas hay un cliente que contrató sus servicios y por lo tanto el principio comercial es atender la petición del cliente.

El poder de las encuestas o encuestrocracia se ha fortalecido porque son uno de los misiles preferidos de partidos y gobiernos para crear percepciones. Y ahora, la percepción suple a la realidad porque lo que cuenta no es lo que es, sino lo que la gente siente que es.

Y hemos usado las redes sociales para eso.

Funcionan como verdaderos tribunales digitales que lanzan sentencias lapidarias simulando ser “jueces sin rostro” similares a los que llegaron a usarse en algunos países para condenar a narcotraficantes y salvar el pellejo de los juzgadores y sus familias.

Aquí, los jueces sin rostros son los usuarios de las redes sociales que sin recato y escondidos en el anonimato lanzan anatemas y condenas despiadadas. No puede considerarse libertad de expresión cuando se expresan opiniones de manera anónima. Es fácil y cómodo lanzar la piedra y esconder la mano, censurar y atacar a quienes piensan diferente a nosotros, exigir tolerancia cuando somos intolerantes, linchar digitalmente escondidos en las enaguas del chat.

¿Por qué se actúa de manera anónima en las redes sociales? ¿cuáles son las causas de la desinhibición? ¿cómo nos transformamos cuando tenemos una capucha o pasamontañas?

El efecto de la desinhibición en las redes sociales se da por seis razones, según Noelia Flores, lo que ha alimentado una nueva irresponsabilidad de la que abusamos y nos ha convertido en cobardes que nos escondemos en las enaguas de esas redes.

Tiramos la piedra y escondemos la mano o lanzamos el “tuitazo” y ocultamos la identidad. En la supuesta era de la información y la transparencia, el anonimato y simulación son las reinas del imperio digital. Por eso cada vez estamos más invadidos de falsas noticias, desinformación y posverdad y por lo mismo, más alejados de la verdad, certeza y credibilidad.

Esas razones son: “Porque no me conocen”, “no pueden verme”, se trata “solo un juego”, al fin y al cabo “todo está en mi mente”, ya “somos iguales” y la despreocupación de que “nos vemos después”. Juan Suler es el autor original de esa teoría de la desinhibición en internet y lo explica de la siguiente manera:

Mientras están en línea, algunas personas se revelan o actúan con mayor frecuencia o intensidad que en persona. Explora seis factores que interactúan entre sí para crear este efecto de desinhibición en línea.

Las variables de personalidad también influirán en el alcance de esta desinhibición. En lugar de pensar en la desinhibición como la revelación de un “verdadero yo” dentro de nosotros, podemos conceptualizarla como un cambio que involucra grupos de afecto que difieren del entorno de la persona.

La primera razón es el anonimato con la expresión “al cabo no me conocen” y se esconde la identidad en internet y otras aplicaciones de redes sociales y es una razón suficiente para desinhibirse y decir lo que sea. Se es agresivo, corriente y vulgar con la confianza en que no lo identifican. De esa manera, con el anonimato por delante, muchas personas no sienten ninguna responsabilidad moral o legal de lo que escriben o atacan pues saben que no las conocen. Eso ha desencadenado una desinhibición tóxica generando conductas agresivas, impulsivas o abusivas.

Otro factor es la invisibilidad con la certeza de que “no pueden verme”. Se sienten fantasmas que actúan, pero no los ven. Dice Suler que la invisibilidad permite ocultar el sexo, la edad, el color de piel y otros aspectos que podrían ser causa de perjuicios o estigmatizaciones en el mundo real. Esa facilidad para ocultar lo que se desea y acceder a páginas y servicios de internet sin que nadie lo sepa, potencia también la desinhibición.

Se señala también lo que llama asincronía por los espacios virtuales o sea, que no coinciden los tiempos y los ambientes donde están los emisores de mensajes. Pueden estar en una fiesta, drogados o alcoholizados a diferencia del ambiente al que atacan. Los intercambios comunicativos no acontecen en tiempo real, sino que suele transcurrir un tiempo entre el mensaje y la respuesta o entre una frase y la reacción. Esa asincronía o falta de sincronía permite tener más tiempo para pensar lo que vamos a decir y para editar y poner el mensaje sin tener que hacer frente a la reacción inmediata del interlocutor. Esa falta de retroalimentación inmediata favorece la conducta desinhibida.

Cuando establecemos comunicación de manera anónima, como no vemos o no conocemos al otro, lo imaginamos construyendo una representación mental. “Todo está en mi mente”. Entonces cuando se responde a un mensaje se utiliza esa imagen mental que hemos ideado para dirigirnos a ese individuo.

Muchas personas ven su vida en la red como un juego y creen que al desconectar los teléfonos pueden abandonar este y la identidad que sumen en dichos espacios. Suler le llama la imaginación que pueden sentir que el espacio virtual no es del todo real y ver la vida en línea como una especie de juego cuyas reglas y normas no se aplican en la vida real.

Es preciso también al señalar que, en el ciberespacio, especialmente cuando nos comunicamos donde nadie nos conoce, no existen las relaciones de poder ni la asimetría. Le llama “minimización de la autoridad” además de que nadie puede conocer tu estatus social ni posición laboral ni siquiera si eres una persona que goza de prestigio o hasta del sexo real que tengas. Además de que la figura de la autoridad permanece ausente por eso varias personas se sienten más libres en esos espacios y hablan de más o se comportan de manera diferente a cuando están presentes delante de alguien.

Asi se ha conformado la nueva masa digital. Los individuos solos actúan diferentes a cuando están conectados. Gustavo Le Bon le llamaba mente colectiva, ahora es una mente digital que de manera anónima actúa irreflexiva, con la seguridad de que intervienen falsos perfiles, supuestas identidades o simplemente sin decir quiénes son.

Ese anonimato es donde se incuban los fraudes, estafas, acoso sexual, pornografía de menores, trata de personas, engaños y falsas noticias.

Y al calor de ese ambiente se esconden bajo las enaguas del anonimato.

 

Fuente: losangelespress

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