Las Lágrimas de Trevilla Trejo y su Significado Ante la Política de “Abrazos, No Balazos”
26 Feb. 2026
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El reciente pasaje del general Secretario de la Defensa Raúl Trevilla Trejo, no es solo una muestra de dolor por los militares caídos, es una obligada muestra de lealtad a las instituciones y de rabia contenida por seis largos años de solapar el avance masivo del crimen organizado en México.
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Las miles de muertes ocurridas en la población civil a lo largo y ancho del país durante varios sexenios, víctimas de la codicia y complicidad de las autoridades, hoy se extiende hasta los militares y eso representan la lágrimas del general Trevilla Trejo, la prueba clara de la impotencia y subordinación a un poder político contaminado por el narcotráfico.
Renan Castro Madera/CAMBIO 22
En diciembre del 2020, en una reunión realizada en Tulum, Quintana Roo, un alto Jefe Militar que había compartido aulas con este reportero en el Heróico Colegio Militar cuando cursé parte de mis estudios en esa gloriosa institución me comentaba con suma preocupación las decisiones políticas criminales que se estaban tomando en materia de seguridad en ese sexenio.
Se llegaba al segundo año de la malograda administración de Andrés Manuel López Obrador y habían girado la orden de frenar todas las acciones operativas e investigaciones contra el crimen organizado.

Mi antigüedad (como se le llama en el argot militar) y en ese entonces recién ascendido a general brigadier no sólo mostraba su enojo por tan absurda decisión, también externaba su enorme preocupación por el avance inminente que tendría la criminalidad, aunque en ese entonces ya se hablaba del dominio en más del 60% del territorio nacional.
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Y más aún, reconocía que en las investigaciones del Ejército Mexicano se confirmaba la sociedad de cárteles de la droga con políticos a través de funcionarios que estaban patrocinados y protegidos con el objetivo de hacerse del control total de gran parte de los municipios de México.

El reciente pasaje del general Secretario de la Defensa Ricardo Trevilla Trejo, no se trata tan solo de un reflejo de dolor por los militares caídos, más bien es una obligada muestra de lealtad a las instituciones y de rabia contenida por seis largos años de solapar el avance masivo del crimen organizado en México.

Las miles de muertes ocurridas en la población civil a lo largo y ancho del país durante varios sexenios, víctimas de la codicia y complicidad de las autoridades, hoy se extiende hasta los militares y eso representan la lágrimas del general Trevilla, la prueba clara de la impotencia y obligada subordinación a un poder político dominado por la delincuencia y por lo tanto responsable del empoderamiento del CJNG y otras organizaciones criminales en México.

Por ello en el Ejército existe un dolor contenido porque durante seis años la instrucción de su comandante supremo fue no atacar a los narcos.
Sólo disparar si les disparaban primero.
Y así, obligados a cruzarse de brazos, por lo que durante este periodo atestiguaron la muerte de muchos compañeros uniformados y de miles de ciudadanos a los que juraron proteger.

En el campo de batalla no los venció el enemigo: los vencieron las órdenes superiores. Los mandaron a la guerra con uniforme, con armamento… pero con las manos atadas.
Mientras los nuevos y viejos políticos pactaban con los jefes criminales la entrega de gran parte del país a cambio de ayudarlos a ganar elecciones y llevar a cabo negocios ilicitos a cambio del sufrimiento del pueblo que juraron defender.

A los soldados no los mató solo un grupo criminal. Los mató también la realidad de un Estado que permitió que organizaciones delictivas acumularan capacidad operativa suficiente para desafiarlo.

No afirmo complicidades penales pero sí señalo responsabilidades políticas. Que son otra cosa. Y no prescriben en la memoria pública.
En lo que va del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha insistido en que la estrategia contra la delincuencia organizada no es la confrontación frontal, sino la contención social y la disminución de homicidios. Hoy, la muerte de Oseguera Cervantes tensiona ese relato y demuestra no sólo el poderío del CJNG, exhibe su dominio territorial y su poder de organización en más de 20 Estados del País.

Un Estado fuerte no se mide solo por su capacidad de abatir objetivos de alto valor, sino por su habilidad para judicializarlos, desmantelar redes financieras y sancionar complicidades políticas.
Oseguera Cervantes, como ningún otro capo antes, creó una estructura empresarial con brazos en puertos, aduanas, minas, autoridades estatales y locales, controlando economías informales.
Si el gobierno quiere convertir este episodio en un punto de inflexión, debe ir más allá del Efecto mediático, porque personajes como “El Mencho” Oseguera no nacen solos, sino que prosperan en ecosistemas de impunidad, complicidad y miedo.

El gobierno debe demostrar que puede recuperar los territorios que el crimen convirtió en dominios absolutos, pues de lo contrario, la muerte de El Mencho será apenas un hecho espectacular que no altera la estructura profunda del poder criminal en México. Entonces, el gobierno habrá ganado una batalla mediática, pero no la guerra por el control de la República.
En el caso de los militares, murieron cumpliendo órdenes del Estado. En el caso de miles de civiles, han muerto atrapados entre la incapacidad institucional, estrategias fallidas y la expansión territorial del crimen organizado. Eso no es consigna: es el saldo visible de años de violencia persistente y de complicidades al más alto nivel.

El narco ha demostrado que ellos no trabajan de la mano de las autoridades, los criminales actuales han demostrado que las autoridades trabajan para ellos y que por esta medida hoy son los dueños absolutos de más del 70% del territorio nacional como bien dijo un alto funcionario Estadounidense.
Y siendo mas claros, Tras las muestras de poderío y presencia en al menos 20 entidades del país por la detención de su máximo líder hoy se rebasa dicha estimación.
Por ello valen la lágrimas del General Trevilla Trejo, que desde mi particular punto de vista además del dolor por la muerte de 20 de sus compañeros, también encierran su impotencia por obedecer órdenes de un régimen corrupto que se ha desgastado en menos de dos sexenios.

Y ese malestar ha contagiado a la mayoría de elementos del Ejército, por que ellos no se han beneficiado de las magnas obras impulsadas por López Obrador, las cuales lejos de resaltar la honestidad de esa noble institución convirtió en cómplices a un reducido grupo de militares que hoy son tan ricos como los narcopoliticos.

redaccionqroo@diariocambio22.mx
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