Las Calamidades de la Corte
3 Feb. 2026
Enrique Rodríguez / CAMBIO22
La necesidad de exponerse a preguntas directas de los medios generalmente abre otros frentes cuando existe incontinencia verbal. Ahora fue el turno del ministro Arístides Guerrero García, que durante su campaña ganó notoriedad por decir que estaba más preparado que un chicharrón. Sin mayor reflexión, mostró sus ansias de subir al ruedo mediático con una desafortunada intervención que exhibió su novatez y algo más
De entrada, llamó la atención que la conferencia fuera dirigida por la segunda al mando en el área de comunicación social y no por la directora general, lo que provocó el primer tropezón ante los reporteros de la fuente que habitualmente cubren la información judicial en ese recinto. Se sabe al interior de la institución que Yesenia Santiago Hernández, subdirectora general de Comunicación Social, excolaboradora de TV Azteca y El Heraldo, llegó al puesto con nula experiencia en comunicación social, estrategia mediática y manejo de crisis, así como un inexistente conocimiento en áreas de impartición de justicia. Pero también me dicen que ha sido respaldada incondicionalmente por Arístides Guerrero para alcanzar un sueldo neto mensual de 112 mil pesos, como se puede cotejar a través de la base de datos pública de la Corte.
La moderadora dio el turno a los reporteros que participaron en la conferencia a través de un sistema digital de inscripción previa, mala decisión que enfadó, con causa justificada, a algunos periodistas que todos los días cubren a profundidad los temas especializados. Curiosamente, los dos primeros en preguntar fueron desconocidos armados con tarjetas para leer textos inducidos y centrar pases a gol al ministro “chicharrón”.
¿Había previo acuerdo entre Yesenia, los “reporteros” favorecidos en el turno y Arístides? Fue evidente la maniobra, que acabó siendo contraproducente con el más reciente patinón del togado, que acusó a todos sus antecesores con ligereza y generalidades: “Las y los ministros de la Suprema Corte, de la integración anterior, no solamente se llevaron obras de arte, sino que además se llevaron las cuatro camionetas que había adquirido la Corte”. Tal señalamiento, sin base documental, obligó a Hugo Aguilar Ortiz a matizar la temeraria acusación de Arístides, recordando la existencia de un acuerdo para adquirir vehículos usados.
¿A qué obras de arte se refirió Guerrero García?
Ejemplo típico de un dislate que se magnifica tratándose de un ministro que está obligado a saber lo que cualquier alumno de primer semestre de la carrera de Derecho entiende: que lanzar una recriminación tan grave sin sustento implica asumir de inmediato la carga de la prueba al acusar.
Las simulaciones son el signo que define a una Corte vapuleada y fracturada: Lenia contra Yasmín; Arístides como chivo en cristalería; un Secretario General de Acuerdos apanicado; compras multimillonarias por adjudicaciones directas especiales; crisis mediática y los demonios de la intriga sueltos en la borrachera del poder efímero.
EDICTOS
Hace unas semanas, algunos de los reporteros de la fuente que cubre la Corte fueron convocados a la oficina de Lenia Batres para un desayuno. El tema adquiere relevancia al interior del tribunal porque es claro el desafío que tiene la institución cuando una integrante del pleno hace lo que se le da la gana, sienta precedentes delicados al desobedecer votaciones de mayoría y crea un aparato alterno de comunicación desde su ponencia. Me dicen que el organizador del desayuno fue un exreportero refugiado en la nómina de Batres; ella, por cierto, se “enfermó” con mucha oportunidad aquel lunes y evitó dar la cara ante la tormenta desatada por las camionetas machuchonas.
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