Redacción/CAMBIO 22 

Los fiscales estadounidenses han apuntado a una de las empresas narcotraficantes más poderosas de México, los Chapitos, en una serie de imputaciones que revelan la historia del grupo y la evolución global del tráfico de fentanilo.

Los cinco escritos de acusación dados a conocer el 14 de abril de este año, vienen de tres distritos judiciales federales de Estados Unidos: el distrito de Columbia, distrito del norte de Illinois, y el distrito del sur de Nueva York (SDNY), y relatan en detalle los actos delictivos de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, Ovidio Guzmán López y Joaquín Guzmán López, conocidos en conjunto como los Chapitos, así como diversos cómplices y aliados en un amplísimo espectro geográfico y cronológico.

Debe señalarse que el Distrito Norte de Illinois designa a los cuatro hijos como los Chapitos, mientras que el SDNY solo nombra a los tres primeros como los Chapitos; el SDNY también acusa a Iván Archivaldo y a Jesús Alfredo en un escrito de imputación aparte y a Ovidio en otro.

También los cargos son muy distintos: el Distrito Norte de Illinois acusa a los cuatro de tráfico de cocaína, metanfetaminas y cocaína, entre otros cargos, e intercala detalles sensacionalistas, como dar personas vivas como comida a los tigres, mientras que el SDNY acusa de tráfico de fentanilo a los tres y a numerosos cómplices y suministra detalles excelentes sobre su modus operandi y su historia.

Después de revisar cuidadosamente los escritos de acusación, estas son las cinco conclusiones principales:

1. Los Chapitos se convirtieron en los Chapitos en 2008

Fue en ese año que, según el Distrito Norte de Illinois, los Chapitos enviaron diez toneladas de cocaína por el “Pacífico” hacia Estados Unidos. Poco después, se dice que llevaron otras cinco toneladas por esa misma ruta del Pacífico.

El momento es importante. En enero de 2008, las autoridades mexicanas capturaron a Alfredo Beltrán Leyva. Poco después, liberaron a Iván Archivaldo Guzmán Salazar por un tecnicismo. La Organización Beltrán Leyva (OBL) vio eso como una señal de que el infame padre de Guzmán Salazar, Joaquín “El Chapo” Guzmán —quien no estaba como ahora encarcelado— había cambiado con las autoridades a Alfredo por Iván.

Se desató la guerra. Cientos murieron, incluido otro hijo del Chapo, quien cayó muerto por una ráfaga de balas cuando salía de un centro comercial en Culiacán. En medio de este embrollo familiar, los Chapitos se foguearon en el arte de la guerra, tanto como en el de los negocios.

En estos días, los Chapitos tienen presencia literalmente por doquier, según el Distrito Norte de Illinois, y ahí se incluye a Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala y, por supuesto, a Mexico. También estaban en Texas, Illinois, California, Nueva Jersey y Arizona, entre otros lugares, para el trasiego de cocaína, metanfetaminas y marihuana. El Distrito Sur de Nueva York, por su parte, dice que tienen presencia en 45 países.

2. La síntesis de fentanilo en México inició en 2014

Según el SDNY, esto ocurrió en una “modesta casa de Culiacán” bajo la supervisión de los Chapitos. A este le siguieron más experimentos en un laboratorio clandestino en Durango, que se usaba para elaborar metanfetaminas, dicen los fiscales.

Esta afirmación es increíble por muchas razones, de las cuales una importante es porque, al día de hoy, las autoridades mexicanas, incluido el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, insisten que los grupos criminales mexicanos no sintetizan fentanilo en México.

Pero también es poco creíble por la presunta fecha de inicio. El consumo de fentanilo en Estados Unidos despegó en 2014 (las estadísticas de sobredosis de 2015 en Estados Unidos fueron el primer indicio de la magnitud del problema) y no ha cesado, lo que pondría a los Chapitos al frente de la crisis del fentanilo.

Sin embargo, aunque esa narrativa tenga muchos adeptos en Washington, la realidad podría ser un poco más compleja. Cuando se inició el consumo de fentanilo en Estados Unidos, este se producía en China y llegaba directamente al país del norte sin participación de organizaciones criminales mexicanas.

Más aún, los Chapitos tendrían unos 20 o 30 años en 2014, muy jóvenes para cualquier negocio y sobre todo para supervisar una operación incipiente de fentanilo por su cuenta antes de que el gobierno chino comenzara a aplicar medidas estrictas para regular el fentanilo y los análogos de fentanilo, lo que no sucedió en propiedad sino hasta 2019.

Sin embargo, esto puede ser cierto en lo que respecta al Cartel de Sinaloa en general, específicamente porque las metanfetaminas siguieron un proceso similar. En la actualidad, los grupos criminales mexicanos como el Cartel de Sinaloa —en gran medida por la manera como se están endureciendo las regulaciones sobre los precursores de las metanfetaminas— se han hecho autosuficientes en la producción de metanfetaminas con calidad sobresaliente a nivel mundial.

3. Los Chapitos compiten por el “monopolio” del fentanilo en México

Ellos “controlan y manejan un porcentaje importante de los laboratorios del Cartel [de Sinaloa]”, según los fiscales del Distrito Sur de Nueva York. Y han montado una “avanzada” de distribución en Ciudad de México, donde podrían vender fentanilo terminado a otras divisiones de su organización y a otras organizaciones para mezclar con drogas tradicionales como la heroína.

Eso difiere en parte de lo que hemos descubierto en nuestros años de investigación sobre las drogas sintéticas. Nuestra hipótesis, sin tener necesariamente acceso a interceptaciones y testigos cooperantes, fue que estas redes actuaban de manera más independiente.

Aun así, la narrativa del SDNY habla de un control estricto.

“En la primavera de 2022, Ovidio Guzmán López señaló que estaba trabajando para centralizar toda la elaboración de fentanilo en Sinaloa”, dice uno de los escritos de acusación, lo que “impone de manera absoluta un monopolio para el Cartel sobre el mercado del fentanilo en México”.

Hay algunas variaciones de esto. La imputación del SDNY contra los Chapitos aclara que hay varias facciones del grupo que “manejan redes de laboratorios propias”. Pero, otros usan el “mismo grupo de cocineros compartidos” para sintetizar fentanilo, aducen los fiscales.

4. El mercado de los precursores está dirigido por intermediarios

El escrito de acusación del SDNY identifica a Ana Gabriela Rubio Zea, de nacionalidad guatemalteca, como una de las principales intermediarias del grupo para los precursores químicos. Rubio, según los fiscales, trabaja con productores chinos de químicos con operaciones en Wuhan y otras provincias que no fueron identificadas. Sin embargo, los fiscales identificaron a Jiang y Yonghao Wu, alias “Tim”, como “intermediarios radicados en China” y Wuhan Shuokang Biological Technology como la empresa que dirigen.

Estos precursores tenían distintas rutas. Algunos iban directamente a México “ocultos en contenedores de alimentos o empacados con químicos legales”, muchas veces por medio de “servicios de mensajería aérea china”. Pero “por lo general” llegaban por Alemania, como indicó un intermediario. Y otros más, pasaban por Estados Unidos, incluidos Alaska y California. Gran parte del fentanilo y los precursores de fentanilo llegaban por los aeropuertos internacionales de México, como los de Ciudad de México y Guadalajara.

5. El mercado mayorista de fentanilo en Estados Unidos puede alcanzar los US$3 mil millones

Los fiscales del SDNY dicen que los Chapitos y sus cómplices venden fármacos adulterados mezclados con fentanilo por cerca de US$1 por tableta en Estados Unidos. También afirman que los Chapitos y sus cómplices venden un kilo de fentanilo por unos US$1000. Esos dos datos son información suficiente para estimar el tamaño del mercado mayorista de fentanilo, aunque cada dato lleva a una conclusión muy distinta.

En su informe publicado en 2022, la Comisión Estadounidense para Combatir el Tráfico de Opiáceos Sintéticos (CCSOT) estimó que Estados Unidos consumió entre 3,75 y 5 toneladas de fentanilo al año. Este fentanilo se consume de dos formas en el país: por medio de píldoras adulteradas, en su mayoría pastillas falsas de OxyContin, conocidas como M30; o mezcladas con drogas tradicionales, como la cocaína y la heroína.

Dada la imposibilidad de calcular cuánto se mezcla en drogas tradicionales, se asume que el total del fentanilo en Estados Unidos se consume mediante tabletas M30 adulteradas. Esto nos ayuda también en otro aspecto, pues sabemos que la mayoría de las tabletas se mezclan con algo en el rango de los 1,7 miligramos, en parte porque 2 miligramos son letales.

Asumiendo, entonces, que las organizaciones criminales agregan 1,7 miligramos de fentanilo en cada tableta, y venden 5 toneladas de fentanilo al por mayor en razón de US$1 por tableta, entonces el ingreso bruto rondaría los US$2.940 millones.

Hacer los cálculos para los bloques de fentanilo es más complicado y lleva a un resultado muy distinto. Los ladrillos, como fiscales e investigadores antinarcóticos han indicado a InSight Crime, normalmente tienen solo un 10% de fentanilo puro o menos. En otras palabras, cada kilo tiene 100.000 miligramos o menos de fentanilo. Lo demás son excipientes.

Si tomamos estos 100.000 miligramos de fentanilo y los mezclamos con tabletas adulteradas en razón de 1,7 miligramos por tableta, tendremos cerca de 59.000 tabletas. Si luego se vende cada una de esas tabletas en US$1, tendríamos US$59.000 por cada kilo comprado. Ese es un buen retorno, pero en un mercado donde se consumen 5 toneladas, eso generaría US$295 millones de ingresos brutos, muy por debajo del mercado de US$2.940 millones citados anteriormente.

 

Fuente InSight Crime

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