La Semblanza del “Niño Verde” Ligada al PVEM y su Legado de Impunidad
27 Feb. 2026
Redacción / CAMBIO 22
Desde las entrañas del sistema político mexicano emerge un nombre que representa más una miseria moral que un compromiso con el medio ambiente: Jorge Emilio González Martínez, mejor conocido como “El Niño Verde”.
Figura emblemática de uno de los partidos con más escándalos, irregularidades y oportunismo en el espectro político de México, su trayectoria es un retrato descarnado de cómo se pervierte la política para beneficio de unos pocos.

Nacido el 16 de abril de 1972 en Ciudad de México, González Martínez proviene de una familia profundamente arraigada en la política y los negocios: hijo del fundador del PVEM, Jorge González Torres, y nieto del exgobernador de Tamaulipas Emilio Martínez Manatou, su entorno fue siempre uno de poder. Además, está ligado familiarmente a la saga empresarial de Farmacias Similares.
Se formó como licenciado en Administración de Empresas, pero su carrera nunca se desarrolló en el sector productivo: desde joven se incorporó a cargos públicos y de partido, escalando posiciones hasta llegar a ser senador y presidente del PVEM.
El apodo de “Niño Verde” más allá de su juventud cuando se hizo político encierra una ironía amarga: mientras su partido se decía defensor de la ecología, González Martínez cultivaba una reputación de vivir del poder y de utilizar su influencia para acumular beneficios personales.
En 2004, un video lo mostró negociando presuntos beneficios económicos a cambio de facilitar desarrollos inmobiliarios en zonas ecológicas de Quintana Roo.
Las imágenes desataron indignación nacional: el líder de un partido “verde” negociando permisos en áreas protegidas. Aunque negó irregularidades, el daño a su imagen fue profundo. Para muchos, aquel episodio definió lo que sería su sello: pragmatismo sin escrúpulos.

A lo largo de los años, el PVEM bajo su influencia construyó alianzas estratégicas con el poder en turno: primero con el PRI durante los sexenios de Enrique Peña Nieto y antes, y más tarde con Morena. El partido dejó de ser una fuerza ambientalista para convertirse en una maquinaria electoral de conveniencia, capaz de cambiar de aliado sin perder posiciones, prerrogativas ni espacios legislativos.
A pesar de la gravedad de muchas acusaciones y de un legado plagado de cuestionamientos éticos, González Martínez nunca enfrentó consecuencias legales significativas. Su nombre continúa siendo citado con frecuencia en análisis sobre la cultura política mexicana: una cultura donde el acceso al poder se traduce en impunidad y donde el discurso verde sirve, muchas veces, sólo como decoración.
Hoy, aunque ya no preside formalmente el PVEM, El Niño Verde sigue siendo un símbolo del uso del partido como trampolín de poder y un recordatorio de que en México muchas veces la política se parece más a un negocio familiar que a una vocación pública.
Y esta tan sólo es una pequeña muestra de la Impunidad y de su andar arrullado por los brazos del poder en México.
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