• La Impotencia y Rabia de los Familiares de los Mineros Desaparecidos

 

 

Redacción/ CAMBIO22

De manera extraoficial se ha señalado que por 200 mil pesos los mataron a todos los mineros desaparecidos en Concordia, Sinaloa, que una empresa minera pagaba esa cantidad mensual como “derecho de piso” y que, al negarse a aceptar un aumento abusivo vino el levantón que terminó en tragedia.

Hoy la realidad es brutal ya son tres los cuerpos identificados en una fosa clandestina localizada en la comunidad de El Verde, tres familias que ya recibieron la peor noticia de su vida, y otras más que siguen esperando respuestas, con el corazón desgarrado y la incertidumbre como forma de castigo.

Si esto es cierto, no estamos hablando solo de un crimen, sino de un sistema de extorsión y muerte, donde las vidas de trabajadores se convierten en negocio y la impunidad es la regla.

Puede ser una imagen de texto que dice "IGNACIO SALAZAR FLORES JOSE MANUEL CASTAÑEDA ANTONIO DE LA A o VALDEZ ANTONIO JIMENEZ JOSEANGEL JOSE ANGEL HERNANDEZ JAVIERVARGAS JAVIER VARGAS ANTONIOEZ ANTONIO EZPARZA JAVIER JAVIERVALDEZ VALDEZ SAUL OCHO NECESITAMOS TU AYUDA ENCONTRALOS. PARA MIGUEL MIGUELTAPIA TAPIA PRIVADOS DE SU LIBERTAD EN: FRACCIONAMIENTO RESIDENCIAL CLEMENTINA, CONCORDIA, SINALOA."

Pero la indignación no termina ahí, porque además de no dar información clara, las autoridades siguen complicando la búsqueda, a las madres rastreadoras les inhiben las señales, las limitan y las silencian, para que no puedan subir gráficas, fotos o evidencias de los horrores que están viendo en el campo.

Pretenden ocultar la realidad, tapar la barbarie, como si callarnos pudiera borrar las fosas, los restos y el dolor.

Como siempre, temo que el guion se repita, que detengan a un “charalito”, a un operador menor, mientras los verdaderos responsables permanecen intocables, protegidos por el poder, por las complicidades y por el miedo a incomodar a los de arriba.

Yo exijo información clara, oficial y transparente sobre lo ocurrido en Concordia, exijo que se investigue hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, exijo saber quién cobraba, quién ordenó, quién permitió y quién encubrió.

Y exijo que dejen de obstaculizar la labor de las madres buscadoras, que son quienes están haciendo el trabajo que el Estado no quiere o no puede hacer.

Porque los mineros no eran números ni daños colaterales, eran hijos, padres y trabajadores, porque mientras no haya verdad ni justicia, la impunidad seguirá matando.

Y porque como madre rastreadora y defensora de derechos humanos, no voy a callar, aunque incomode, aunque moleste, aunque duela.

La sangre no se tapa con discursos, la impunidad también mata.

 

 

 

 

redaccionqroo@diariocambio22.mx

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