mayo 30, 2024 10:53

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Renán Castro Madera, Director General

Renán Castro Madera, Director General

mayo 30, 2024 10:53

 

Redacción /CAMBIO22

“Mi historia, el único tesoro que tengo”, piensa Greta, que conoció el éxito como escritora a sus 22 años y sigue soñando con escribir la gran novela de su vida.

Para componer a la protagonista de Noticias sobre el iceberg, la escritora puso mucho de sí y de su propia historia, aunque aclara que la que cuenta es ficción: es la primera vez que se dedica a construir a una escritora que, habiendo alcanzado éxito y notoriedad, también enfrenta temores y bloqueos.

Greta asume: “Desde muy joven, por un impulso elemental e ineludible, escribía”. Percibe aquel inicio como un vértigo que se confunde con sus primeras aventuras sexuales, con los debates intelectuales de la época -los años 60-, y ese tiempo y la pasión le parecen un big bang, un resplandor incandescente que alguna vez pareció inagotable y, sin embargo -¿cuándo pasó?-, encontró su tope, su límite.

La llegada a casa de Greta de dos jóvenes -Marcos, estudiante de periodismo, y su amiga Albertina- que se proponen entrevistarla, llevará al personaje a repasar algunas de sus decisiones vitales, su propia historia, esa “totalidad indivisible”, y esa forma tan propia de gozar que ha tenido desde siempre: también siente que esa vitalidad la define.

Ahí están sus cuadernos de la adolescencia para recordarle los días en que soñaba con “ser la más grande”, aunque a sus 77 aún no sabe si va a lograrlo, no conoce el final de su propia historia y eso la inquieta: necesita saber si será capaz de hacerlo otra vez -como cuando compuso dos de sus obras más celebradas, Hinda Wangel La memoria de Uma Harán-, si será capaz de volver a escribir una novela fabulosa.

"Noticias sobre el iceberg", el libro de Heker..

¿Puede una mujer reinventarse a cierta edad? ¿Puede un autor volver a sentir la urgencia de crear luego de décadas sin componer una obra?

Movidos por el deseo de descubrir el misterio, Marcos y Albertina la impulsarán a ahondar en el conocimiento de su propia historia.

Noticias sobre el iceberg es una indagación profunda en las motivaciones y las dificultades que implica el derrotero de la creación, no exento de momentos de aparente locura e inesperada felicidad. Y una nueva lección de una autora ya consagrada y referente de una generación de grandes nombres de la narrativa argentina.

-¿Cuándo advertiste que tu propia historia como escritora podía servirte como inspiración para esta nueva ficción y para contar también lo que ha significado para vos como autora la construcción de una obra?

-Episodios de mi propia vida he incluido en muchas de mis obras, a partir de los 17 años: en el cuento Mariana y el universo, en La muerte de Dios, en La crueldad de la vida, en Zona de clivaje o en El fin de la historia, en todas hay cuestiones muy autorreferenciales. Siempre supe que cuando una escribe ficción hay obsesiones personales que están presentes. Y aquí pasa algo semejante, pero en una medida aún mayor, porque es cierto que es la primera vez que enfoco toda mi pasión en crear a una protagonista de novela que es escritora. Aunque a Greta le faltaron algunas cosas que yo tuve, y entonces le pasan otras cosas. Hay algunos episodios que sí son autobiográficos, pero su historia es distinta de la mía. Se trata de ficción.

“Una puede ir cambiando lo que siente y desea con el paso de los años”

"Cuando una escribe ficción hay obsesiones personales presentes"

-Greta está decidida a indagar en el misterio que para ella representa su propia vida. Marcos, y Albertina, que han ido a entrevistarla, le servirán como excusa para avanzar en un repaso profundo de su recorrido y en el análisis de su vida secreta como autora: la novela devela el proceso creativo, la intimidad del autor…

-Claro, en Zona de clivaje, Irene dice que “escribiría” pero no se sabe si lo hará, es un deseo. En El fin de la Historia, la protagonista también quiere escribir la historia de su amiga. Pero en esta novela me planteé a qué se iba a dedicar mi protagonista y decidí que sí, que iba a ser escritora, y yo iba a dotarla de todo lo que conozco, sé que intuyo sobre lo que significa ser una autora. Hay pedazos de mí en muchos de mis personajes, pero esto es otra cosa, y en ese sentido me exigió mostrar más.

-El tema de la que será la tercera novela del personaje lleva a Greta a pasar por todo tipo de emociones y estados, al punto de que llega a cuestionarse si será capaz de escribirla: el bloqueo la incomoda e incluso la acompleja. Lo vive, casi como una traición a su propia historia…

-Sí, va a sentir que su vida no tiene sentido si no es capaz de lograrlo, pero hasta que descubra que una puede ir cambiando lo que siente y desea con el paso de los años, que una no es siempre la misma y, por ende, algo que resulta atractivo a los 20 no tiene por qué seguir atrayéndonos a los 80, hay que animarse también a entender eso. En esa valentía reside también la clave de lo que le pasa. La visión de un iceberg en movimiento imperceptible le enseñará algunas cosas.

Liliana Heker con su máquina de escribir

-¿Y qué hay en el origen de la escritura de Greta, qué la llevó a convertirse en autora?

-La pasión pero también ciertas obsesiones, los desbordes, la indignación, ella los canaliza escribiendo. Y hay también una sensación temprana de inadecuación y mucha incomodidad cuando su madre les decía a todos que ella era “huraña”: ¿Qué era?, ¿Por qué la veían como una especie de monstruo greñudo, sintiéndose ella grandiosa y deslumbrante? Greta cree que nadie entendería la complejidad de su universo en la infancia, y por eso no hablaba. Hay bronca, en el origen, hay curiosidad, hay mucha energía y cierta complejidad del pensamiento que ella siente que solo va a poder dominar si escribe.

-También incluís pasajes casi explicativos del proceso de creación del personaje, en relación a la invención de sus dos novelas ya publicadas -con la segunda, el éxito fue grandioso-, y de una tercera, que sueña escribir.

-Claro, se me ocurrió contar también, además de su historia, la historia de sus novelas, como hice yo misma en La trastienda de la escritura. Incluso, en Noticias sobre el iceberg incorporé argumentos que yo como escritora no llegué a escribir: se las regalé a mi personaje.

“Las chicas de los ‘60 queríamos experimentar a fondo las transgresiones”

-¿La vida -lo que un autora o autor es- se mezcla siempre con la escritura, con lo que imagina, o hay dos vidas?

-Siempre es una, son indisociables. No se puede vivir sin escribir ni escribir sin vivir, son cosas que en el caso de los y las autoras van siempre entramadas.

"Hay pedazos de mí en muchos de mis personajes"

-De joven, vos soñabas con escribir una novela de aventuras, a la altura de las de los grandes autores, todos hombres… Tu personaje también sueña con eso, y de hecho, lo ha hecho.

-La literatura, se suponía entonces, cuando yo arranqué, la hacían los hombres y ellos eran los que imponían la medida de los grandes temas, pero yo me enojaba. Efectivamente, no podía entender que hubiera razones reales para que una mujer no fuera genial. Greta se piensa genial.

-Y es insumisa y rebelde.

-Es, como yo, una autora de los 60: ambas somos hijas de una época de transgresión. Las chicas de entonces queríamos experimentar a fondo las transgresiones.

-¿Y qué valor tiene la transgresión hoy, para vos?

-Tiene valor, a secas. Cuando uno escribe siempre sueña secretamente con transgredir algo. Para mí, eso vale.

-Hay, a su vez, una violencia en Greta, que ella asume y que la hace diferente.

-Jugó al fútbol y siente que le hubiese gustado boxear, la define el deseo desmedido. Yo escribiendo un cuento de un boxeador descubrí un tema central en mí, y es que el fracaso puede ser precioso, que es precioso que algunas veces la medida de los sueños sea más grande que la medida de nuestras posibilidades.

"La literatura, se suponía entonces, cuando yo arranqué, la hacían los hombres"-El tema de la muerte es otra presencia constante en la novela, una presencia que inquieta a tu personaje.

-Es una pregunta, un temor nocturno, sí. Greta ha sentido en cierto momento de su vida la tentación de quitarse la vida y dejar todo inconcluso, aunque después, lo descarta. En la madurez no tiene claro qué le espera. La verdad es que fue una aventura esta novela, la fui encontrando en el camino, pero realmente, hubo momentos en que no sabía dónde iba a ir a parar.

-¿Qué aprendiste escribiéndola?

-Uno aprende siempre de una ficción y de sus personajes, esta vez lo que a mí más me importó y me gustó fue conocer en profundidad a mi protagonista. Lo único que tenía en el origen, allá por 2013, porque fue un proceso muy, muy largo, era la imagen de una mujer haciendo la vertical, que en esta historia utilizo. A partir de allí, empecé a meterme en ese personaje.

-Hacés mención a Henrik Ibsen, el autor de Casa de muñecas, y a Thomas Mann entre los autores que marcaron a la protagonista: ¿hasta qué punto la lectura constituye a un escritor o una escritora?

-Yo, cuando era chica leía todo: Sandokán, El príncipe valienteMujercitas, estoy hecha de todas esos libros. A los 12 años leí Los miserables, de Víctor Hugo, y sé que opté ideológicamente. Y cuando entré a (la revista) El grillo de papel, a mis 17, me marcaron tres autores, los mismos que a Greta: Henrik Ibsen, Jean Paul Sartre -con quien entendí mi época, muchas discusiones y debates- y Thomas Mann, en particular con Doktor Faustus. Esos tres autores me cambiaron la vida: me permitieron ordenar la complejidad de lo que me pasaba y sentía. Desde que aprendí a leer a los seis años leo y sigo deslumbrándome con libros.

Liliana Heker, la pasión de la escritura-En la novela, también tiene un lugar fundamental los gatos, compañeros perfectos de la escritura para tu personaje. Los hombres, en cambio, aparecen como una gran intriga, al punto de que Greta se sorprende de poder llegar, finalmente, a compartir su vida con “el hombre de los ojos azules”.

-La sorprende que la convivencia pueda ser un hecho feliz, y no acepta la posibilidad de la dicha. Su gata Prascovia es su musa inspiradora, y ella cree que entiende a los gatos, y sobre todo que los gatos son quienes mejor la entienden a ella: hay una identificación. Esa gata tiene un lugar fundamental en esta trama, yo creo que quienes aman a los gatos van a entender mucho a Greta.

-El iceberg que da sentido al título le recuerda, por un lado, la inmensidad de lo que subyace a lo visible. Por otro, que incluso esa mole de un “azul esplendoroso”, es capaz de moverse, que la belleza también se asocia a la búsqueda de nuevos puntos de equilibrio.

-Tiene que ver con animarse a ver que a una se le cayeron pedazos, y entonces una es otra. Pero una puede, también buscar sus nuevas formas. La gran lección de Hemingway, fue que en todo buen cuento -toda buena historia- hay una gran dosis de vida sumergida. Si no, será un cuento más o menos trivial… Yo quiero darle a ese iceberg una nueva posibilidad.

La escritora que inaugura la Feria 2024

Que Liliana Heker (Buenos Aires, 1943) sea la escritora elegida para abrir la Feria Internacional del Libro 2024 es, ante todo, un hecho de justicia poética. No solo porque es dueña de una obra insoslayable -ella se define, ante todo, como una cuentista que de vez en cuando, se topa con un tema “de novela”-, sino porque, además, como maestra de escritores ha hecho un aporte inusual a la formación de una generación de autores.

Liliana Heker dará el discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires 2024

Pertenece a esa estirpe de grandes talleristas que, además de haber dedicado sus vidas al oficio de escribir, tuvieron la generosidad de asistir a otros en la construcción de sus respectivas obras. En su caso, durante casi medio siglo, desde 1978 hasta hace muy poco, cuando decidió volver a concentrarse en la escritura de sus propias ficciones.

Esas son las dos facetas de su biografía, la de narradora y la de tallerista: por su ya mítico taller pasaron muchos de los mejores escritores argentinos contemporáneos, como Samanta SchweblinGuillermo MartínezInés GarlandSilvia SchujerPablo Ramos o Enzo Maqueira, entre otros.

Protagonista de una época fundacional de la mejor narrativa argentina

Si se pretende abarcar su trayectoria, habrá que remontarse a sus 16 años, cuando Abelardo Castillo le propuso integrarse al equipo de El grillo de papel (1959-1960)-, una de las tres revistas literarias emblemáticas en las que ella también dejó su impronta.Y tampoco puede soslayarse el hecho de que sea una de las últimas representantes de una generación -la de los años 60, que integró junto al propio Castillo, Sylvia Iparraguirre, Miguel Briante y Ricardo Piglia– para la que el compromiso político se asimilaba a la literatura.

Heker llegaría a ser Secretaria de Redacción de El Grillo de papel, por la que desfilaron firmas como las de Julio CortázarCarlos FuentesAugusto Roa BastosJuan Goytisolo o Ernesto Sabato, mientras que otros como Ricardo Piglia, Sylvia IparraguirreHumberto CostantiniMiguel Briante, Alejandra Pizarnik o Isidoro Blaisten, debutaban con sus primeras obras.

En El escarabajo de oro (1961-1974) -otra revista, aparecida después de que El grillo… que fuera prohibida por un decreto de Arturo Frondizi, en 1961-, llegó a ejercer como subdirectora. Mientras que El Ornitorrinco, que ella co-fundó junto a Castillo e Iparraguirre en 1977, fue -como lo fueron los talleres de escritura de la época- un espacio de resistencia cultural durante la última dictadura, hasta su cierre, en 1984.

Los libros de Liliana Heker

En 1966 publicó su primer libro de cuentos, Los que vieron la zarza, al que seguirían Acuario, en 1972 y Un resplandor que se apagó en el mundo (tríptico de nouvelles), en 1977. Con el tiempo llegaron Las peras del mal (1982) y en 1987, Zona de clivaje, su primera novela. Los cuentos de Los bordes de lo real (1991); su segunda novela, El fin de la historia -publicada en 1996 y posteriormente reeditada; Las hermanas de Shakespeare, (1999); La crueldad de la vida (2001); Diálogos sobre la vida y la muerte (2003 y 2024) y La trastienda de la escritura, que recopila un método, las claves de su propio proceso creativo.

“Noticias sobre el iceberg” (Fragmento)

Creés que los años te hacen perder ese poder que siempre sentiste en carne viva? ¿Que no seguís teniendo las mismas ganas, y no te traspasan de golpe unas ráfagas de alegría que te voltean y la sensación a veces de que vas a poder alcanzar lo que siempre soñaste?

Sí, ya sé lo que estás pensando; yo también tuve tu edad y la convicción estúpida de que toda posibilidad y todo deseo se agotan a los treinta. Pero no se agotan.

¿Sabés lo que estaba haciendo esta misma mañana, antes de que ustedes irrumpieran en mi vida? ¡La vertical, estaba haciendo la vertical! No, no es una metáfora, es bien real.

Pararse cabeza abajo, patas para arriba. Ver-ti-cal. Y no me miren con esta cara de la vieja se volvió loca. ¿No me creen? ¡Miren! Y antes siquiera de pensar en lo que está haciendo, como llevada por una necesidad irrefrenable o por un resabio imprevisto de Mujer Maravilla, sin decir agua va se levanta, busca un pedazo de suelo libre, y ahí mismo se agacha, apoya los antebrazos en el suelo, y luego de poner la cabeza en el nido que hacen sus manos, toma impulso con las piernas y…

Un ACV, alcanza a pensar en el momento en que cae como una bolsa de cemento. Siente la mitad del cuerpo adormecida y un hormigueo que la recorre de pies a cabeza. Oye las voces desesperadas de Marcos y de Albertina y hay manos que la refriegan sin ton ni son. Intenta hablar pero le parece que las palabras no le salen. Se siente atravesada por el miedo; un miedo nuevo, que no se parece a ningún otro.

Liliana Heker es una de las grandes escritoras de la Argentina

Ya está, se terminó todo. Más que un pensamiento es una lava que se va metiendo en cada recoveco de su cuerpo. Eso que fue ella, la risa secreta que tantas veces la acometió, las canciones de las que nadie más que ella se acuerda ya, el recuerdo único e incomunicable de cada una de las personas que amó y de las que odió, las noches de insomnio en las que se le cruzaron historias que nunca todavía se animó a contar, el león que la esperaba detrás de la mesa del comedor, la torcacita que hace su nido en la ventana y de la que ella sigue cada día su paciente empollar, cada uno de los minutos que compartió con el hombre de ojos azules, los equilibristas alemanes que actuaron una noche en el Obelisco, el hombre de Mar del Plata que cayó a metros de ella porque no se le abrió el paracaídas, la felicidad de sumergirse en el mar, la mirada de cada uno de sus gatos, cada incidente que la había hecho aullar de alegría o sufrir hasta el derrumbe o contraerse de espanto o derretirse de amor, ese laberinto solo descifrable por ella que fue su propia historia y que a veces recordaba tan en detalle que creía enloquecer, todo eso único e inestable y esplendoroso que una vez fue su propia vida se había terminado para siempre.

Así de fácil. Quiero vivir, grita algo dentro de ella pero su prima Sonia se le ríe en la cara, ¿así que querías parecerte a mí, guachita?; lo conseguiste al fin; comamos orejones. ¡No!, quiere gritarle ¡No quiero ser vos! ¡Te juro que nunca lo quise de verdad!

¿Acaso me habría dado algún placer desparramar una cuota de luz por el simple mérito de haber venido al mundo con luz propia como quien nace con la nariz respingada o con una deficiencia hepática? Tu cuerpo, Sonia, impartía luz propia pero yo no quería eso, yo quería hacer la luz, ¿entendés?, inventarla cada día, y ahora… Sacude la cabeza con violencia o tal vez solo cree que la está sacudiendo con violencia. ¿Ya no es capaz siquiera de discernir algo tan simple como si está moviendo o no la cabeza, ella que se creía con aptitud para descifrar los secretos del universo?

¡Quiero ser yo! Y presiente algo inabarcable en las palabras que gritan en su interior, algo prodigioso y único que está a punto de esfumarse.

 

 

Fuente : Infobae

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