Redacción/CAMBIO22

La historia familiar de Héctor el “Güero” Palma, conocido como uno de los fundadores del Cártel de Sinaloa, y uno de los capos más poderosos de México, fue una de las más trágicas y sangrientas en el mundo del narco.

Apodado el “Güero”por su cabello rubio y sus ojos azules, Palma Salazar nació en abril de 1960 en La Noria de Abajo, en el municipio de Mocorito, Sinaloa, donde solo llegó a completar el nivel primaria de formación básica.

Poco se sabe públicamente sobre su niñez. Si acaso que era pobre y campesino. Que comenzó su carrera delictiva como robacoches. Que después trabajó como sicario y que con el tiempo se terminaría convirtiendo en uno de los hombres de confianza de Miguel Ángel Félix Gallardo, El Jefe de Jefes.

Sin embargo, cuando su mentor fue detenido por el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, el Güero y su compadre “El Chapo” Guzmán, otro niño campesino que había empezado desde abajo, decidieron separarse y armar su propio grupo criminal: el Cártel de Sinaloa.

En el mundo del hampa sinaloense circula la versión de que El Jefe de Jefes se enfureció cuando se enteró que el Chapo y el Güero, además de darle la espalda, le estaban robando sus clientes. Por eso habría tomado una decisión que terminaría suponiéndo un trágico antes y después en la vida de Palma Salazar.

A través de los hermanos Arellano Félix, que en ese período eran rivales a muerte de los cofundadores del Cártel de Sinaloa, Félix Gallardo uso a un sicario venezolano para vengarse del Güero.

Su nombre era Rafael Clavel Moreno. Mientras Palma viajaba por todas las rutas controladas por él y el Cártel de Sinaloa, Rafael Clavel se acercó poco a poco a su esposa, Guadalupe Lejía, hasta convertirse en su amante. El enamoramiento no quedó allí, la mujer quedó tan impresionada con el físico del venezolano que aceptó abandonar a su marido.

Cuando Guadalupe accedió irse con él a Venezuela, Clavel Moreno, por órdenes de los Arellano Félix, la decapitó y le mandó la cabeza a Palma Salazar en una hielera. Pero no conforme con eso, días después le mando al Güero un video en el que arrojaba a sus dos hijos de cuatro y cinco años del Puente de la Concordia, de más de 150 metros de altura.

La venganza del Güero

Era 1989 y según los rumores que se cuenta entre los sicarios más jóvenes del Cártel de Sinaloa, Palma Salazar enloqueció y nunca más volvió a ser el mismo. El Güero Palma habría ordenado una venganza ojo por ojo contra el venezolano Clavel Moreno.

Lo siguiente que ocurrió fue que Clavel Moreno fue detenido en Venezuela y encarcelado. Ya en prisión, murió en una “misteriosa” riña. Después, sus tres hijos fueron asesinados y descuartizados. La leyenda cuenta que las fotografías de los cadáveres fueron tan explícitas y atroces que solo el Güero pudo verlas.

La venganza no terminó ahí. Un abogado que trabajaba para los Arellano Félix, tres cómplices venezolanos de Claverl Moreno y nueve familiares de Félix Gallardo, entre ellos posiblemente su suegra o una de sus primas de 21 años, fueron ejecutados por órdenes de Palma Salazar.

A lo largo de los casi cinco años en los que Héctor “El Güero” Palma llevó a cabo su venganza, lejos del crimen organizado y con un espíritu altruista se encontraba Norma Corona Sapién, una abogada sinaloense conocida por defender a víctimas de violencia.

A sus oídos llegó el caso del asesinato de los tres cómplices venezolanos de Rafael Clavel, así como del abogado del Cártel de Juárez -y otros colegas que habían muerto a manos del crimen organizado- por lo que, decidida a llevar justicia a los familiares de las víctimas, Norma Corona se adentró en el caso sin imaginar que estaría cavando su propia tumba.

Las pesquisas y diligencias que la activista sinaloense realizó poco a poco la iban dirigiendo hacia Héctor “El Güero” Palma, lo que la volvió foco de múltiples amenazas que, de acuerdo con información de El Sol de Sinaloa, se realizaron vía telefónica.

El medio local también relató que las constantes amagos provocaron que Norma Corona Sapién se fuera por un tiempo a España, no obstante, en su regreso al país azteca continuaron las llamadas que le ordenaban que abandonara el caso del abogado y los tres venezolanos asesinados.

La convicción y espíritu de la abogada sinaloense la hicieron omitir las amenazas, no obstante y antes de que pudiera compartir con la Procuraduría General de la República (PGR) la información que había recabado, el 21 de mayo de 1990 fue brutalmente abatida a balazos dentro de su vehículo en Culiacán, Sinaloa.

Fuente: Infobae

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