febrero 29, 2024 22:19

Renán Castro Madera, Director General

 

Redacción/CAMBIO 22

Todo mexicano tiene un familia que le teme a una cosa y no duda en compartirlo: comer pesado antes de dormir y peor si es melón, sandía o alguna fruta por el estilo. Sin embargo, aquella tía que siempre nos regañaba por comer bastante tarde, quizás tenga algo de razón pues recientes investigaciones prueban su punto.

Según un par de estudios de la Hardvard Medical School, publicados por la revista Cell Metabolismcomer tarde incremente el hambre y el riesgo de obesidad. Uno de los autores del estudio, Frank Scheer, comenta sobre su trabajo para la revista de Harvard:

Previamente habíamos llegado a resultados que mostraban la relación entre comer tarde [por la noche] incrementa el riesgo de obesidad, aumento de la grasa corporal y dificultades para la perdida de peso. Queríamos entender las razones. En este estudio nos preguntamos si la hora en la que comemos tenía un impacto significativo.

Para el estudio, seleccionaron a 30 participantes que se vieron sometidos a dietas con un valor calórico idéntico, pero con una variación significativa. El primer conjunto comería de manera más abundante durante la mañana, mientras que el segundo haría lo mismo pero por las noches. Encontraron que el grupo que comía más durante la cena presentaba una mayor sensación de hambre.

La pregunta era clara: ¿Por qué había esta diferencia en el hambre? Aquí es donde entra Frank Scheer, quien lideró el proyecto encargado de responder a la pregunta. Con la ayuda de 16 participantes, variaron la alimentación entre ellos cambiando las horas de comida. Todos comían lo mismo, pero a diferentes horas, con un espacio desfasado entre los participantes de cuatro horas.

Era conocido por el equipo de investigación que las dos hormonas que regulan la sensación de hambre son la grelina y la leptina. Es por ello que su misión era medir si los niveles de estas dos hormonas cambiaban, según el momento en que comían los participantes. Al final, dieron con que aquellos que comían más cuando aún era temprano (leáse, no de noche), contenían un nivel mayor de ambas hormonas, de tal manera que se sentían saciados más fácilmente que los que comían más cuando ya era tarde.

Además, sus resultados indicaron que los que comían más tarde, tenían un ritmo más lento en su quema calórica, junto a una mayor cantidad de acumulación grasa en el cuerpo. Por lo que comer más durante la tarde altera todos esos parámetros.

Pese a que no está condenado comer tarde, pues los horarios varían de persona a persona (y porque no voy a dejar de comer mis taquitos de pastor por las noches), es interesante ver cómo el horario de alimentación puede modificar y condicionar tantas cosas. Lo más importante siempre será intentar mantener una dieta que nos sea suficiente y tomar en cuenta que comer a “buenas horas”, puede resultar beneficioso para nuestra salud.

Fuente: Xakata

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