marzo 4, 2024 05:22

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Renán Castro Madera, Director General

 

Redacción/CAMBIO 22

El cambio climático rara vez trae algo bueno. Pero al menos la arqueología parece beneficiarse cuando los glaciares se derriten rápidamente, el permafrost retrocede cada vez más y los ríos o lagos se secan. Aunque en muchos casos los hallazgos sólo se hacen visibles con el deshielo, el aumento de la temperatura del aire y del agua de las últimas décadas también tiene efectos dramáticos para la ciencia. Lo que estuvo protegido durante milenios en el clima frío y húmedo amenaza ahora con desaparecer en poco tiempo como consecuencia del cambio climático.

Tesoros del hielo

Los hielos han preservado hallazgos sensacionales como el del hombre del neolítico “Ötzi”,descubierto en 1991. Gracias a su excelente estado de conservación, los investigadores pudieron reconstruir con gran precisión cómo vivó este hombre hace unos 5.300 años en los Alpes, entre Italia y Austria.

La arqueología de alta montaña encuentra cada vez más pruebas de dramas pasados. Investigadores de Perú y Polonia acaban de presentar la reconstrucción de la momia inca “Juanita”, una niña de unos 14 años que fue sacrificada a los dioses hace más de 500 años.

A partir del sangriento ritual llamado Copacocha, los incas esperaban la protección de los dioses contra las catástrofes naturales. La momia se encontró en 1995 a más de 6000 metros de altura en el volcán Ampato, al sur de Perú. El deshielo y la erosión habían provocado la caída de la momia desde un emplazamiento inca más alto hasta el cráter volcánico.

Cápsulas del tiempo

En los Alpes europeos y en Escandinavia se encuentran cada vez con más frecuencia armas, trineos y piezas de ropa de la época romana o de la Edad Media que, por su buen estado de conservación, dicen mucho a los investigadores sobre la vida de nuestros antepasados. Unos hallazgos que son especialmente numerosos en lugares donde el permafrost retrocede a una velocidad vertiginosa.

En Siberia, los investigadores descubrieron tres restos de mamut de más de tres millones de años, y en Canadá, incluso el de una cría de mamut completamente conservada y momificada.

Carrera contra el tiempo

Se trata de grandes hallazgos, pero el tiempo apremia. Donde el permafrost conserva aún hoy excelentemente los materiales orgánicos, dentro de unos años sólo serán visibles en el suelo simples decoloraciones. El deshielo de los glaciares, las lluvias torrenciales y, por supuesto, la subida del nivel del mar plantean nuevos retos a la arqueología. Por ejemplo, muchas de las antiguas ciudades portuarias del Mediterráneo se encuentran en grave peligro.

Las sequías revelan tesoros hundidos

Para los arqueólogos es en parte un golpe de suerte, pero para los ecosistemas y sus habitantes es una catástrofe.

En Irak, por ejemplo, una ciudad de 3400 años de antigüedad apareció de repente en un embalse debido a la extrema sequía. En Cáceres, España, los dólmenes de Guadalperal, el “Stonehenge español”, aparecieron en un embalse debido a la sequía. Este monumento megalítico se construyó con más de 150 bloques de piedra hace unos 7.000 años. En el Danubio, muchos buques de guerra alemanes de la Segunda Guerra Mundial también han salido a la luz durante niveles bajos de agua.

Al otro lado del mundo, la sequía masiva en el Amazonas ha dejado al descubierto antiguas tallas faciales en varias rocas de Manaos. Las tallas prehistóricas muestran una variedad de expresiones faciales, desde sonrisas hasta miradas espeluznantes, y recuerdan remotamente a nuestros “emojis” actuales. Las culturas indígenas que vivían en la zona en la época precolombina probablemente realizaron los grabados hace unos 2000 años.

 

Fuente: DW

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