Redacción/CAMBIO 22

Irinea Buendía Cortés lleva más de 13 años recorriendo México. En esta travesía la ha acompañado una foto de su hija Mariana Lima Buendía y la consigna “Yo no me suicidé, tú me mataste”, así como una cruz rosa con la leyenda “Justicia”.

Hace ocho años, la señora Irinea sumó otra compañía: la sentencia Mariana Lima Buendía, emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en 2015 y la cual sienta las bases para que policías y ministerios públicos investiguen como feminicidio todas las muertes violentas de mujeres. A donde va ella, lleva el documento engargolado.

La lucha de Irinea Buendía le ha endurecido la mirada y la voz. No es para menos, mataron a su hija, y después de ella hay registro de más de 7 mil 100 feminicidios de 2015 a septiembre de 2023, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Los datos de años previos son inexistentes, en primer lugar porque no había un tipo penal del feminicidio a nivel federal hasta 2012 y después, acusa la señora Irinea, porque muchos de los asesinatos de mujeres se han clasificado como “accidentes” o “suicidios”, tal como fue el caso de su hija Mariana. De acuerdo con un informe del colectivo Impunidad Cero, en 2021 solo el 27% de los casos se investigó como feminicidio.

Irinea Buendía usa un bastón para sostenerse, las piernas ya no tienen la misma fuerza que cuando inició este recorrido, pero nada la detiene. Siempre supo que tendría la determinación para enfrentar al feminicida de su hija y llevarlo ante la justicia, sin importar que él fuera un policía ministerial de Chimalhuacán, Estado de México.

“Me sentí con esa fortaleza porque yo nunca me he dejado de nadie, siempre he levantado la voz, no soy prepotente, pero tampoco permito que nadie insulte a mi familia por nada. No me considero valiente, pero me atrevo a levantar la voz no solo por el caso de mi hija Mariana Lima Buendía, estoy levantando la voz para que todas tengan justicia”, dice Irinea con firmeza.

Pero además, hizo esta promesa a su esposo Lauro Lima, fallecido en 2018. Él ya no alcanzó a atestiguar la sentencia condenatoria contra el feminicida de su hija, Julio César Hernández Ballinas, a quien el 13 de marzo de 2023 le dictaron 70 años de prisión, condena que fue ratificada en septiembre por el Tribunal de Alzada del Estado de México en un hecho sin precedentes, pues en otros casos los tribunales de apelaciones suelen reducir las sentencias u ordenan reponer todo el proceso.

“Cuando mi esposo Lauro sintió que se iba a morir me pidió que no fuera a dejar la lucha de mi hija Mariana y le dije ‘aunque no me lo pidieras, yo no iba a dejar de luchar’. Ahorita le diría que cumplí, y a mi hija Mariana también le diría que no me quedé callada, porque guardar silencio es como cerrar los ojos en la oscuridad: nada cambia y de nada sirve”, expresa Irinea citando al médico forense Miguel Lorente, autor del texto Ni un minuto en silencio.

La historia de Mariana Lima es un retrato de todo el país, donde el 68% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Además, la ONU estima que en México son asesinadas 10 mujeres al día (entre los delitos clasificados como feminicidio y homicidio doloso).

Y aunque la lucha de Irinea Buendía es también la de otras familias que buscan justicia por sus hijas, hermanas, madres, tías y primas víctimas de violencia feminicida, es poco común que los responsables acaben frente a un juez y con una sentencia condenatoria. El colectivo Impunidad Cero registró que en el 56.6% de los feminicidios cometidos en México de 2016 a 2021 no hubo una condena.

“A mi hija nunca la voy a volver a ver con vida, pero finalmente puede estar tranquila de que este sujeto va a pagar esa sentencia (…) Sacamos a un asesino feminicida de la calle para ponerlo en la cárcel por 70 años y ninguna mujer va a sufrir una violencia por parte de Julio César Hernández Ballinas, por ese lado me siento satisfecha, pero hubiera querido que mi hija Mariana Lima cumpliera su proyecto de vida y estuviera conmigo”, lamenta Irinea.

‘Éramos una familia feliz’

Irinea Buendía era una mujer que se dedicaba única y exclusivamente a su hogar hasta que el 28 de junio de 2010 supo, por voz del propio feminicida, que su hija Mariana estaba muerta.

En la vida familiar de Irinea nunca hubo violencia. Es madre de tres mujeres y dos hombres, a quienes, junto con su esposo Lauro, les proporcionó estudios y todos lograron hacer una carrera universitaria. “Cumplíamos todos los requisitos que como familia podíamos ambicionar”, resalta.

Con una mirada hacia el pasado, Irinea recuerda que, además de cuidar a sus hijos, hubo un tiempo en que ella atendía una cocina económica, después puso una juguería y luego una tienda; incluso se dedicó a la venta de zapatos por catálogo.

“Yo era una persona, hasta cierto punto, común y corriente. Más común que corriente, digo yo. Y a eso me dedicaba: al hogar y a cuidar de mis hijos y de mis hijas, de mi esposo, a proporcionar en la medida de mis posibilidades lo que yo podía hacer dentro del hogar. Considero que éramos una familia feliz”, refiere.

El 28 de junio de 2010 todo cambió en su vida. Irinea Buendía supo desde el primer momento que su hija Mariana no se había suicidado. Sin ser forense, solo le bastó ver las características en el cuerpo de la joven para confirmar que fue asesinada y a manos de quién. Todo era evidente, y confió en que las autoridades detendrían de inmediato al responsable, pero no fue así. Julio César Hernández Ballinas fue aprehendido hasta el 2016.

“Yo confiaba en las autoridades cuando denuncié, pero las autoridades me obligaron a salir a la calle a exigir justicia. En ese tiempo, (íbamos) del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo, los automovilistas nos hacían recordatorios familiares (insultos), pero eso no impedía que nosotros siguiéramos en esa exigencia de justicia”, señala.

En las primeras marchas, a Irinea la acompañaban apenas seis personas, incluido su esposo Lauro. Todos iban sosteniendo una lona con la foto de Mariana y el recordatorio: “Yo no me suicidé, tú me mataste”. No tenían un megáfono, pero alzaban la voz hasta el registro vocal más alto para que se escuchara fuerte y claro: “Justicia”

“En eso me tuve que convertir porque las autoridades no garantizaron el derecho a la justicia que nosotras tenemos. Eso fue lo que yo hice a partir de que Julio César Hernández Ballinas le quitó la vida a mi hija Mariana y que las autoridades no quisieron atender el caso”, acusa.

Con los años, más mujeres se han sumado a la lucha de Irinea Buendía y ella, a su vez, a las exigencias de justicia por otros feminicidios. Es así como ahora transcurre su vida.

Mariana Lima y su proyecto de vida

Mariana Lima Buendía tenía 29 años de edad cuando fue víctima de feminicidio. A diferencia de la vida que le dieron sus padres, en un entorno libre de violencia, la joven fue violentada y amenazada por su esposo.

Julio César Hernández Ballinas y Mariana Lima llevaban apenas 18 meses de matrimonio cuando el sujeto la asesinó. Pero ya desde antes había coartado sus sueños.

“Ella era una joven que tenía un proyecto de vida, quería ser licenciada en Derecho, estaba estudiando en la Facultad de Derecho de la UNAM y llegó al municipio de Chimalhuacán a hacer su servicio social, allí es donde conoce a Julio César Hernández Ballinas (que para entonces ya era agente ministerial). Inician una relación de amistad, más tarde de noviazgo y para el 13 de diciembre del 2008 se casan”, cuenta Irinea.

Pronto comenzaron los maltratos por parte de Julio César y la vida de Mariana se tornó en un ambiente violento, mismo que fue denunciado por Irinea Buendía cuando su hija fue hallada muerta. Ese contexto de violencia ahora es parte central de la sentencia de la SCJN para investigar bajo el protocolo de feminicidio.

“Fue su propio esposo, el hombre que había jurado amarla, respetarla, protegerla y defenderla, quien se convirtió en su verdugo. Yo desde un primer momento lo señalé a él como el asesino de mi hija por la violencia extrema que Mariana vivió. Hubo violencia física, sexual, económica, psicológica y patrimonial en esos 18 meses que mi hija Mariana estuvo casada”, condena Irinea.

Para las autoridades ese contexto de violencia ni las características en que se encontraba la víctima fueron suficientes. En septiembre de 2011, la Procuraduría del Estado de México determinó el no ejercicio de acción penal en contra Hernández Ballinas y cerró el caso señalando que se trató de un suicidio, por el solo hecho de que así lo dijo el feminicida.

En un inicio, Mariana Lima fue sometida a una necropsia que, a decir de Irinea Buendía, fue una “carnicería” ejecutada por la médico legista Yaneli Yoali Carrasco Lugo, quien “destasó el cuerpo de mi hija sin haber tomado muestras importantes y se convirtió en cómplice”.

Al contar esto, Irinea Buendía detalla las características de una fractura en el cuello por suicidio y una lesión por ahorcamiento. No es forense, pero sabe muy bien las diferencias entre una y otra. El feminicidio de Mariana la obligó a conocer de este tema.

El feminicidio que dio paso a la creación de protocolos

Irinea Buendía resalta la labor del abogado Rodolfo Domínguez, quien interpuso una serie de recursos jurídicos y amparos por el no ejercicio de acción penal en contra de Hernández Ballinas, hasta que el asunto llegó al máximo tribunal del país. Ya habían pasado cinco años desde el feminicidio de Mariana.

El 25 de marzo de 2015, la Suprema Corte emitió la sentencia Mariana Lima Buendía, lo que no solo significó la reapertura de la investigación, sino que por primera vez se reconoció la responsabilidad del Estado mexicano en los feminicidios por la falta de perspectiva de género, carecer de un método específico para indagar asesinatos de mujeres y la corrupción de los funcionarios encargados de procurar justicia.

Aunque en 2012 el feminicidio ya era un tipo penal a nivel federal y desde 2010 algunos estados lo incorporaron a sus códigos penales, el concepto era desconocido en México, que desde la década de 1990 ya venía arrastrando una serie de asesinatos de mujeres en la frontera norte, un hecho que fue nombrado erróneamente como “las muertas de Juárez”.

El periodista José Pérez-Espino fue uno de los primeros en rechazar el término “muertas de Juárez”, pues con el tiempo se convirtió en una especie de “mito” cuando, planteó, en realidad se trataba de crímenes impunes por la violencia sistemática hacia mujeres y niñas.

Así que la sentencia Mariana Lima llegó a desmitificar y a dar certeza legal sobre la violencia feminicida.

“La sentencia lleva el nombre de mi hija como un honor a su memoria y a petición de mi esposo y mía. La sentencia nos vino a dar mucha esperanza, porque nos dio claridad en cómo se tienen que investigar las muertes violentas de mujeres, no solo la de Mariana Lima”, resalta Irinea.

Tras la sentencia de la SCJN, la Procuraduría del Estado de México tuvo que formar un grupo de investigación con perspectiva de género y debida diligencia para poder acreditar que la muerte de Mariana Lima se trataba de un feminicidio y que su esposo, Julio César Hernández Ballinas, era el responsable.

En septiembre de 2015, el cuerpo de Mariana Lima Buendía fue exhumado. Habían pasado cinco años y cuatro meses de su asesinato, pero todavía tenía material genético en las uñas. Además de esto, 60 dictámenes adicionales y el contexto de violencia le demostraron al Estado de México que se equivocó: se trató de un feminicidio.

“Cuando se hace la investigación con perspectiva de género y debida diligencia se puede acreditar el feminicidio, incluidos los suicidios y los accidentes. Eso fue lo que nos vino a dar la sentencia Mariana Lima de la Suprema Corte, que es un manual, un libro de bolsillo, que todos los ministerios públicos deberían tener para poder investigar todas las muertes violentas de mujeres”, puntualiza Irinea.

Justicia a medias, no es justicia

A la familia Lima Buendía le tomó 13 años lograr una sentencia condenatoria contra el feminicida de Mariana, aun cuando el artículo 17 de la Constitución Política establece que todas las personas tienen derecho a una justicia pronta y expedita, sin obstáculos.

La señora Irinea celebra que finalmente hay una condena para Hernández Ballinas, pero describe este trayecto como un “calvario” que, en el camino, consumió la vida de su esposo Lauro.

“Mi esposo murió de dolor, él no pudo expresar ese sentir de todo lo que vivió cuando mataron a mi hija con extrema violencia, mi esposo no soportó ese dolor (…) Nosotros tuvimos que luchar en ese calvario, en ese camino de 13 años y que afortunadamente hemos llegado, pero la justicia tardía, no es justicia”, reclama.

Además, la condena para Hernández Ballinas no es firme, pues el Poder Judicial del Estado de México otorga a los sentenciados ocho años para tramitar amparos, por lo que Irinea teme que en cualquiera de esas oportunidades lo dejen libre.

Irinea Buendía ahora centra sus esfuerzos ​​en dar a conocer la sentencia Mariana Lima Buendía en toda la República mexicana, algo que debió ocurrir desde que esta fue emitida.

En noviembre de 2022, Irinea emprendió una caravana para promover el documento de la Corte en todas las fiscalías del país. A la fecha, ha recorrido 22 estados y encontró que, en su mayoría, no conocen la sentencia Mariana Lima, en la que se establecen los pasos a seguir en las investigaciones por feminicidio y qué autoridades son las responsables de llevarlas a cabo.

“Voy a seguir dando a conocer la sentencia en donde sea necesario, no importa que ya haya ido una y otra vez, en donde me llamen yo allí voy a estar. Mientras tenga vida, siempre voy a seguir luchando porque haya justicia para todas”, enfatiza.

Incluso en este esfuerzo por difundir la sentencia Mariana Lima, la señora Irinea se ha topado con obstáculos de autoridades que le cierran las puertas. “Seguramente no quieren terminar con las muertes violentas, con los feminicidios, porque yo no encuentro otra razón para no darla a conocer a sabiendas de la herramienta que tenemos”, considera.

Con el camino que ya tiene recorrido en un país feminicida, Irinea Buendía manda un mensaje a otras mamás de víctimas:

“No desistan, resistan, levanten la voz. Las autoridades tienen la obligación de hacer una investigación conforme lo mandata la Suprema Corte. Mi lucha fue de 13 años, no se desesperen, porque finalmente va a haber justicia y justicia”, concluye.

 

Fuente: La Lista

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