• El filósofo español habla de su nuevo libro ‘La mente del mundo’, donde reivindica la importancia de la imaginación.

 

Redacción/CAMBIO 22

Para Juan Arnau (1968) vivimos en una era donde el proyecto más importante de la civilización occidental es la digitalización del mundo y de seguir así iremos a la catástrofe. En su nuevo libro La mente del mundo (Galaxia Gutenberg), el filósofo español propone una alternativa que nos permita regresar importancia al humanismo y resolver pendientes contemporáneos.

Arnau sugiere distinguir entre conceptos como mente y conciencia, y a partir de ahí repensar nuestra relación con la naturaleza y con nosotros mismos.

¿En La mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción es un spin-off desu anterior Historia de la Imaginación?

En la Historia de la Imaginación se recorre la historia del pensamiento de Occidente. Previamente había escrito otro libro sobre el pensamiento de la India, donde ya había intentado situar a la imaginación en el centro del conocimiento. Hoy día vivimos en una era donde la abstracción, el pensamiento algebraico y el algoritmo están adquiriendo mucho poder, mientras que la imaginación, que es la herramienta del humanista, está siendo arrinconada. En La mente del mundo desarrollo una serie de reflexiones acerca de ese lugar de la imaginación, incluso diría que es mi obra más personal, porque habla un poco de mi filosofía y mi forma de entender y ver el mundo. Ahora estoy escribiendo una serie de corolarios a ese libro, ideas que se puede ver de una manera más práctica.

 

Justo en una parte del libro escribes que la fuente del conocimiento reside en la imaginación.

La imaginación tiene un gran poder proyectivo, de ella salen las teorías científicas, la literatura, el arte, pero también tiene un factor de encubrimiento. Una imagen revela, pero al mismo tiempo oculta, una imagen es una sección de la realidad, tiene un marco determinado y oculta lo que no está dentro de ese marco. Para los sufíes la imaginación era el espacio del alma. En India el alma es material, pero es una materia sutil, que está hecha de imágenes y sonidos, como los sueños, no está el tacto o el gusto, pero está la imaginación, lo visto y lo escuchado, materiales con los que trabaja el humanista.

De hecho, el libro es una respuesta al auge que tienen las neurociencias, no sé si a manera de provocación dice que: “el cerebro está al interior de la mente”.

Esa es una idea muy importante que he desarrollado con algunos neurocientíficos. No es nueva y plantea una mente extendida compuesta por cuatro cosas: la percepción, la memoria, el deseo y el lenguaje, que por sí mismo ya tiene encriptado una serie de principios morales, toda una ética. Uno de los grandes males de nuestro tiempo es que, tanto la biología como la psicología han imitado a la física, la ciencia que más se desarrolla desde Galileo. Si la biología pierde la intencionalidad y la finalidad en la vida se vuelve mecanicista y te encuentras con el cadáver. La psicología hace lo mismo, los programas de psicología el día de hoy, por lo menos en España, no estudian los mitos, la imaginación, los sueños, las leyendas que son elementos constitutivos del poder imaginativo. Eso ha llegado al punto de que consideramos que algo no es real si no tiene una explicación física, esa matematización de la realidad es lo que nos ha llevado a una marginación de la imaginación.

Usted habla también de cómo hemos cedido a la tecnología espacios que antes eran ocupados por la espiritualidad.

El problema es cuando la tecnología se apodera de ti, al final también es una herramienta de trabajo y hay gente que ya no puede salir sin esto en el bolsillo. Cuando llegó la televisión a los hogares decían que iba a destruir a la familia, ahora televisión, radio, la agenda están en el bolsillo. Vivimos en una era donde el proyecto más importante de la civilización occidental es la digitalización del mundo, las grandes compañías, la tecnocracia, los tecnócratas están mintiéndonos: digitaliza y vencerás, eso es el modelo de negocio actual. Cuanto más humanizamos a las máquinas, más nos robotizamos a nosotros mismos, ese menoscabo ocasiona lo que Hannah Arendt llama El Mal Radical, que hace que las personas sean superfluas y prescindibles, además uniformiza el pensamiento.

¿Cómo lee lo que está pasando con la Inteligencia Artificial?

El punto es si hacer máquinas más inteligentes nos hace más inteligentes a nosotros. Quienes nos dedicamos al conocimiento sabemos que unas inteligencias dominan a otras. Ya hablamos de cómo la física domina a la biología y a la psicología. Ahora el cálculo algorítmico domina los discursos. Elon Musk advirtió de los peligros de la Inteligencia Artificial y él, que es un poco diablillo, dijo bueno, como esto es imparable, si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. Es el cinismo absoluto, no puedo vencerlo, sé que es peligroso pero bueno, es el modelo de negocio.

Aunque también las personas hemos cedido este espacio a la tecnología.

Los espacios se suelen ceder, sobre todo, por miedo, pero si damos todo a la Inteligencia Artificial acabaremos siendo idiotas. Este es el tema nuestro tiempo, ha dejado chico cualquier otro tema, incluso, al cambio climático. Los problemas generados por un mundo dominado por la técnica tienen que resolverse desde el humanismo. Los tecnócratas no los pueden resolver porque tienen conflicto de intereses y los técnicos tampoco porque se rigen por lo que funciona, lo que es útil y rentable. Cuando digo que son problemas que se deben resolver desde el humanismo me refiero a que están relacionados a las pasiones humanas, al deseo o la ambición.

Aunque es verdad que durante años la filosofía se quedó encerrada en las facultades y la academia.

Los grandes filósofos de los últimos doscientos años no han sido académicos, Nietzsche no fue académico, lo expulsaron, estaba enfermo y consiguió una baja, recibió una pensión, Kierkegaard, no fue académico. En los últimos doscientos años el único académico fue Hegel, el único importante. El problema del pensamiento académico es que se rige por modas. En la Edad Media estuvo de moda Aristóteles, durante el Siglo XX fueron Lacan, el marxismo, Freud. Richard Rorty decía: “ninguna filosofía puede refutar a otra filosofía”, porque hablan lenguajes diferentes. La necesidad de ser creativo está arraigada en el fondo del corazón humano. Si leo algo que no me deja ser creativo, o una filosofía donde ya está todo dicho, el juego está cerrado.

¿Esto está cambiando hoy? Hay filósofos famosos como Judith Butler, Žižek, Byung-Chul Han o Fernando Savater.

Descartes decía que la fama y la celebridad eran el enemigo de la filosofía, en cierto sentido es verdad, ser un filósofo muy mediático implica aparecer en los medios. La filosofía requiere cierto aislamiento, distancia, uno no puede estar uno siempre en el candelabro. Pero claro, es mejor que el filósofo incida en la sociedad a través de los medios a que pierda el tiempo con burocracia académica o reuniones inútiles, que hay miles.

Usted es muy cercano a la filosofía oriental, Byung-Chul Han tiene un libro sobre la importancia de los ritos, ¿usted cómo lo percibe?

Cuando Han habla de los rituales creo que se refiere a que uno tiene que organizar su cultura mental cotidiana, para mí el concepto de cultura mental es fundamental, es decir, ¿qué hace uno con su mente a lo largo del día y cómo estructura esa cultura mental?  Creo que Han se refiere a que ciertos ritos te ayudan a hacerlo y protegernos de las amenazas de los móviles.

¿Usted cómo se protege?

Saliendo a la calle sin el cacharrito, no consultándolo todo, porque el cacharrito tiene la trampa de que estás hablando con un amigo y dices: “¿cómo se llamaba este filósofo o este futbolista?” Y te lo dice en seguida, todas estas consultas tienen una incidencia en el calentamiento global. Lo que uno puede hacer es poco, pero lo cierto es que mi siguiente etapa será tener a decir un cacharrito que no tenga internet. Cuando veo una persona con un teléfono antiguo pienso: “un hombre o una mujer libre”.

¿Cómo entiende conceptos como libertad, mente e imaginación?

La libertad es indefinible podemos definir, aunque todos sabemos lo que nos hace libres y lo que nos encadena. La mente no está adentro del cerebro, el cerebro está dentro de la mente, es, como hemos dicho al principio, percepción, memoria, intención y lenguaje, esos cuatro factores hacen que nosotros descubramos el cerebro, que en estos términos es una antena que capta. Recordar algo y hacerlo con intensidad significa recrearlo, ahí entra la imaginación, que es el tercer tema sobre el que me has preguntado. La imaginación es el ámbito de materia sutil, es un ámbito entre los cinco sentidos y la mente, según la India, y el ámbito inmaterial de los significados, entre esos dos ámbitos está la imaginación. Henry Corbin, un especialista en el sufismo, decía que es el ámbito donde los cuerpos se espiritualizan y los espíritus se corporeizan.

La neurociencia dice que incluso la libertad o lo que llamamos libre albedrío, está condicionado por el cerebro…

Voy frontalmente contra esa idea, porque nuestro cerebro participa y capta la mente del mundo, no la crea, la capta.

¿Qué origina el funcionamiento de la mente?

Percepción, memoria, intención y lenguaje, una mente extendida.

¿El lenguaje no es producto del cerebro?

No, el lenguaje está ahí. Digamos que, en mi filosofía, tú empiezas tu historia de pensamiento ahora. Venimos al mundo con una memoria, una percepción, con unos deseos y con un lenguaje, a partir de ahí elaboramos nuestra visión del mundo, nuestra forma de actuar, de vivir o de sobrevivir.

 

Fuente: Aristegui noticias

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