Redacción/CAMBIO 22

Cualquier época del año es la indicada para consentirse con una concha, panqué o chocolatín, acompañado de café, leche o chocolate. Siempre será una excelente opción y más este 16 de octubre, Día Mundial del Pan.

Estas piezas, además de las orejas, rebanadas de mantequilla, cocoles, donas, croissant, polvorones de cacahuate, piedras, capacillo o cajita de Iguala (sólo por mencionar algunas), se han vuelto casi parte de la dieta básica de los mexicanos desde hace generaciones. En la mesa, el pan era algo que no podía faltar.

Sin embargo, a la panadería mexicana se le han ido reduciendo espacios en los expendios; productos como las chilindrinas, nubes, alamares o pelones han comenzado a “extinguirse” en el conocimiento y gusto de los consumidores.

Es por esto que Ariana y Julio González, asociados con su hermano Carlos, desde hace 10 años buscan “rescatar” recetas y promover la cultura del pan mexicano.

 

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“Buñuelo es un negocio que se enfoca en la panadería mexicana. Platicando con nuestros papás y abuelos, nos dijeron que hay panes que consumían en su infancia que hoy en día se han dejado de hacer. Lo que estamos tratando de rescatar son estos productos para incorporarlos dentro de la variedad que manejamos en Buñuelo y que la gente vaya conociendo”, cuenta Ariana. La panadería mexicana es una fusión de diferentes técnicas que llegaron de Europa, pero en la actualidad muchas de las grandes cadenas se centran en hacer panadería europea, explican los hermanos.

Todo encajó. El gusto y sus estudios en gastronomía, el querer poner un negocio y, sin duda, la cercanía familiar fue la punta de lanza para que buscaran este nicho en el mercado que no se estaba atacando. Hacer pan mexicano.

“Cuando pensamos en poner este negocio fue por eso, porque había un huequito en el mercado donde había cosas que no se estaban haciendo y nosotros traíamos investigación que podíamos implementar, y que igual, podía ser un diferenciador en cuanto al negocio” dice Julio.

El emprendimiento siempre es complejo, darse a conocer con los clientes no es tarea fácil, pero en su caso, contaron con el apoyo de sus padres, familia y amigos.

A diferencia de las panaderías de autoservicio, ellos les platican a los consumidores sobre los panes, con qué tipo de masa se hace, qué sabor tiene, cómo se hace. Esta relación con la gente es la que les ha permitido hacerse de clientes, dice Ariana.

“A la gente le gusta, y gracias a esa relación, a esa dinámica, han ido aceptando productos que vamos sacando a través de investigar. La investigación de la panadería nos permite sacar productos y que la gente los vaya aceptando”, agrega.

El pan más vendido depende de la temporada, pero la concha o el chocolatín son los que casi siempre ocupan el trono, a excepción de que sea octubre o enero, épocas de pan de muerto y rosca de reyes.

Para esta temporada, que inició el 2 de octubre, la variedad son tres tipos de este esperado pan.

El tradicional que se hace con rayadura de naranja, otro de anís con pulque, que ellos llaman su pan insignia porque “es un pan cuyo perfil de sabor no lo vas a encontrar en otro lado”, y un tercero: el clásico pan de muerto de naranja cubierto de chocolate, que tiene en la parte alta un alfeñique, figura que simula a las ánimas y que les mandan desde Oaxaca cada año.

“Es retomar la parte de que necesitamos que sea un producto que sólo encuentres en Buñuelo, pero que tenga características de México”.

Ariana y Julio buscan seguir preservando recetas mexicanas, ya sea en la forma de preparación o en los ingredientes que, a través de la investigación que realizan, les permite innovar.

Buñuelo se encuentra en Paseo de la Reforma 369 y abren de lunes a viernes, de 8:00 a 16:00 horas.

 

Fuente: El Universal

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