• Con el tiempo, ¿Deberán preocuparse El Salvador o México?, creyendo que sus plataformas políticas son las únicas exitosamente concebidas

 

Ángel Ramírez Hernández / CAMBIO 22

La intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela la madrugada de este sábado que, culmino con la detención y posterior traslado fuera del país, del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, debe verse necesariamente desde dos aristas importantes.

Primero, no dejar a un lado la sensación de desconfianza que, en el fondo hay, no está clara la base legal del ataque, no se sabe incluso si el presidente Trump, tuvo la autorización del Congreso de su país, hasta la acusación y amenaza de recuperación que hizo el propio mandatario estadounidense, ante el presunto robo de Petróleo perpetrado por Venezuela.

Segundo, es necesario que la comunidad internacional, a través de sus organismos que agrupan a la mayoría de los países, liberen a los ciudadanos que sufren los abusos de regímenes autoritarios, corruptos y en las últimas décadas, no solo ligados, sino líderes también de organizaciones criminales y del narcotráfico.

Lo que sucede en Norte América, por ejemplo, en casos como Cuba, Nicaragua, Colombia y, hasta podríamos aventurarnos mencionar a México; no es de merecimiento de pasarlos por alto, con el argumento de la autodeterminación de los países, no, la comunidad internacional debe liberar a los pueblos que sufren del yugo de gobiernos abusivos, que trastocan sus instituciones y saquean sus arcas sin reparo alguno.

La no intervención de los países o la libre determinación que, es el derecho fundamental de los pueblos a decidir su propio destino político, desarrollo económico, social y cultural sin injerencias externas, está establecida en el derecho internacional y la Carta de la ONU, cuando los gobiernos son democráticos, legítimos, honesto y velan por los derechos de sus gobernados, no la contraparte.

El caso de Venezuela y Cuba, son dos ejemplos de democracias, gobiernos de izquierda, simuladas, dónde el pueblo apenas sobrevive entre la inmundicia, la desigualdad, pobreza y marginación, sin que nadie haga algo por ellos.

No es justo ver estas poderosas naciones en sus momentos de relevancia, sobrevivir en condiciones infrahumanas; observar a sus connacionales, abandonar sus países, exponer sus vidas, para poder lograr mejores condiciones de vida.

Pertenezco a una generación, que presenció la caída y derrota del régimen de Somoza en Nicaragua, concretada por la Revolución Sandinista en julio de 1979.

Tres décadas de dominio familiar del dictador Anastasio Somoza Debayle, culminando con la entrada de los guerrilleros a Managua y el exilio de Somoza, poniendo fin a una brutal dictadura que abrió paso al gobierno revolucionario.

Por cierto, esa rebelión se intensificó con el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro en 1978. Hoy tristemente vemos que esa izquierda representada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, tiene en José Daniel Ortega Saavedra, una figura similar a Nicolás maduro o a los Castro en Cuba. No hay que olvidar los años de calma que vivió Nicaragua, gobernada por Violeta Chamorro, la viuda de Pedro Joaquín.

También nos ha tocado ser parte, ya como periodista, pero desde la barrera, la intervención militar en Panamá que llevó a la detención del general Manuel Antonio Noriega Moreno, dictador apartado del poder por los Estados Unidos, precisamente un día como hoy, tres de enero, de 1990, hace 36 años.

Y así, quienes fungieron como liberadores de sus propios países, se convirtieron en dictadores, Daniel Ortega, Fidel Castro, cuya familia mantiene su hegemonía en Cuba, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Lula Da Silva, que va a sus casi 90 años por la presidencia de Brasil, entro otros.

Corresponderá ahora a los venezolanos y, a los organismos internacionales, vigilar que los Estados Unidos no se convierta en el abusador y dictador de la Venezuela Bolivariana.

La misma suerte podrían alcanzar Nayib Bukele, en el Salvador, un político que le ha cambiado la cara para bien al país centroamericano, acabo prácticamente con la violencia y lo tiene en los primeros lugares en temas de economía, altamente cuestionado por los derechos humanos por su forma de gobernar; pero no se puede decir que no tiene resultados positivos.

Pero Nayib Bukele, no está ajeno, en convertirse en un odiado dictador con el tiempo, pues creen que solo ellos pueden llevar a tierra firme sus objetivos, porque no ven plataformas similares en otros.

En México, ya vemos esas caras; primero con el mesías Andrés Manuel López Obrador que, quiere eternizarse con sus hijos, previo compás de espera garantizado por Claudia Sheinbaum, su alumna más adelantada, ¿Podrá la mujer de origen judío sacudirse al López Obradurismo?

A ella le queda esa máxima de, cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, hace unas horas, el presidente Donald Trump decía de ella: “Los carteles de la droga gobiernan México, no la presidenta Claudia Sheinbaum, ella les tiene mucho miedo, es buena mujer, le he dicho, quieres que hagamos algo con ellos, ella contestó no por favor; pero nosotros tenemos que hacer algo para frenar el narcotráfico”, la narrativa añeja de Estados Unidos para intervenir países en Norte América, aunque sabemos que sus intereses son otros, Petróleo y el Canal de Panamá en su momento.

Y la pregunta que pongo sobre la mesa, ¿Qué lectura ven los jóvenes en estas intervenciones militares vulnerando el derecho de auto determinación de los pueblos, y detenciones de gobernantes?, solo que está bien, porque los enjuiciados son malos.

¡Aguas!! Esperamos de ellos, capacidad de análisis.

 

 

 

redaccionqroo@diariocambio22.mx

GPC/RCM

WhatsApp Telegram
Telegram