Redacción/CAMBIO 22

El próximo 26 de septiembre se cumplirá un año de que la nave espacial DART -la primera misión de la historia en lograr modificar la trayectoria de un asteroide- chocara con Dimorphos, el cual, por cierto, nunca representó un peligro para la Tierra en lo que a la posibilidad de una colisión se refiere.

La misión DART fue concebida por la NASA para darle forma a un programa de defensa planetaria mucho más ambicioso con el que la Agencia Espacial estadounidense busca, desde hace varias décadas, estudiar objetos cercanos a la Tierra -básicamente asteroides y cometas- que orbiten alrededor del Sol y que se encuentren a unos 4 millones de kilómetros de la órbita de nuestro planeta. Estos objetos, que pueden contarse por miles, podrían resultar peligrosos si su órbita llegase a coincidir con la órbita terrestre.

Por tal motivo, desde 2016, y con un presupuesto millonario, la NASA se tomó muy en serio el tema y creó una oficina dedicada exclusivamente a ello cuyo nombre es Coordinación de Defensa Planetaria (PDCO, por sus siglas en inglés), con la cual pretende buscar objetos cercanos a la Tierra y determinar así sus órbitas y características físicas utilizando para esto una red de observatorios presentes en varios países.

Si uno de estos objetos es detectado y resulta peligroso (si existe la probabilidad del 1% o más de impactar con la Tierra durante los próximos 50 años), esta Oficina será la responsable de proporcionar mensajes de notificación para que la NASA los envíe directamente a la Oficina Ejecutiva del presidente, así como a los miembros del Congreso de Estados Unidos quienes decidirán qué acciones tomar.

Evidentemente, el gobierno estadounidense no puede trabajar en solitario llevando a cabo esta compleja tarea para la cual es necesaria una gran coordinación. Por ello, requiere de la colaboración de otros países y otros gobiernos que se sumen a los esfuerzos globales para tratar de paliar los peligros que representan los asteroides y cometas que pululan cerca de la Tierra de manera caótica.

Por todo esto, la NASA también ha destinado una importante suma de dinero con el fin de desarrollar la tecnología necesaria (DART es un ejemplo de ello) que pueda desviar cualquier objeto que ponga en peligro la vida en nuestro planeta. No obstante, el problema podría surgir si un hipotético objeto es detectado de manera tardía en su trayectoria hacia nuestro planeta.

¿Cómo podría ser desviado?

Con respecto al éxito de la misión DART, hace unos días en la página de internet del Telescopio Espacial Hubble -el cual lleva enviando fotografías espectaculares del universo desde hace más de 33 años- se publicó una imagen fechada el 19 de diciembre de 2022 de un enjambre de rocas que muy probablemente se desprendieron de Dimorphos cuando DART lo impactó a unos 22,530 kilómetros por hora.

Estas pequeñas rocas varían de tamaño y van desde los 3 hasta los 35 metros de diámetro. Además, se están alejando del asteroide a una velocidad bastante lenta: a menos de un kilómetro por hora. Una velocidad semejante a la velocidad con la que “camina una tortuga gigante” -como lo mencionó la NASA- por la arena de una playa.

Lo que no ha quedado muy claro -esto lo tendrán que determinar los científicos a partir de una próxima misión a Dimorphos- es si este enjambre de rocas se desprendió del asteroide tras el impacto o si, por el contrario, dicho enjambre ya estaba allí antes de que el choque sucediese.

Al respecto, en una entrevista concedida recientemente al portal de internet del Telescopio Espacial Hubble, David Jewitt, de la Universidad de California, y quien se ha dedicado a rastrear los cambios en Dimorphos antes y después del impacto con DART, mencionó que “esta es una observación espectacular, mucho mejor de lo que esperaba porque vemos una nube de rocas que transportan masa y energía lejos del objetivo del impacto. Por tanto, el número, el tamaño y la forma de estas rocas son consistentes con que hayan sido arrancadas de la superficie de Dimorphos por el impacto”.

Para responder a la pregunta en torno a si estas rocas realmente se desprendieron de Dimorphos tras la colisión con DART y, sobre todo, para conocer con mayor profundidad cuál es la verdadera dinámica en términos físicos del impacto entre un asteroide y una nave espacial de varias toneladas de peso, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) pretende llegar hasta el asteroide binario Didymos (del cual forma parte Dimorphos) en 2026 mediante una misión que llevará por nombre Hera.

Con esta misión, los investigadores de la ESA pretenden proporcionar información, que seguramente será muy valiosa, con respecto a la geofísica de los asteroides, la formación del sistema solar y los procesos evolutivos, pero sobre todo conocer cuál será el impacto de las misiones futuras que se aproximen a estos objetos con la finalidad de desviar su trayectoria.

Hace unos 65 millones de año un asteroide de entre 10 y 18 kilómetros de longitud golpeó la superficie de la Tierra cayendo en lo que hoy es Chicxulub en la Península de Yucatán, dejando tras de sí una oleada de extinciones masivas que llevaron a la desaparición de los dinosaurios.

Este acontecimiento quizá sirva para reflexionar respecto al hecho de que aún queda mucho camino por delante para comprender los mecanismos que podrían llevar a un gran asteroide o a un cometa a impactarse violentamente contra la Tierra.

De esto depende sobremanera nuestra capacidad de predicción, que podría apoyarse en el uso de la Inteligencia Artificial para lograr detectar a tiempo un evento de esta magnitud.

Considero, pues, que la detección de asteroides y cometas potencialmente peligrosos es uno de los grandes desafíos para nuestra supervivencia, quizá de la misma importancia que el cambio climático, aunque este último, evidentemente, es de carácter verdaderamente urgente.

 

 

 

Fuente: Aristegui noticias

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