• Plaga y abandono: gusano barrenador invade el estado mientras persisten estrategias caseras y opacas

 

  • Una dirigencia impune y otra cuestionada; la guerra entre Cepeda y Macari agrava la crisis ganadera

 

Renán Castro Hernández/ CAMBIO 22

La ganadería yucateca se encuentra atrapada en un escenario de abandono institucional, pugnas internas y ausencia de una estrategia sanitaria real, justo cuando el estado enfrenta la amenaza creciente del gusano barrenador, una plaga que pone en riesgo al hato ganadero y a la economía rural. Mientras la emergencia avanza, las respuestas oficiales siguen siendo tardías, fragmentadas y, en muchos casos, improvisadas.

Productores de distintas regiones del estado coinciden en que no existe un plan integral para contener la plaga. En el campo, las acciones se limitan a medidas caseras, esfuerzos individuales y recomendaciones informales, sin una política clara de control, vigilancia epidemiológica ni acompañamiento técnico sostenido.

La ausencia de campañas masivas, trazabilidad efectiva y control sanitario riguroso ha permitido que el gusano barrenador se extienda sin una contención real.

Cifras de casos confirmados

Casos acumulados: Se registran 1,450 casos confirmados en animales de sangre caliente desde el inicio del brote en marzo de 2025.

Casos recientes: Solo en la última semana de diciembre y los primeros días de enero se reportaron 39 nuevos casos.

Efectividad de atención: De los casos totales, 1,450 han sido ya atendidos y curados gracias a tratamientos gratuitos, manteniendo una tasa de mortalidad de 0% en animales bajo tratamiento oficial.

En rancherías alejadas de Tizimín o el sur del estado, el reporte puede tardar días en llegar. Si la larva alcanza órganos vitales o cavidades (como ojos u oídos) antes de la llegada del personal técnico, el animal suele ser sacrificado para evitar su sufrimiento, lo que técnicamente “no cuenta” como una falla del tratamiento, pero sí es una pérdida.

La cifra de 1,450 casos atendidos con éxito es real dentro del sistema oficial, pero es muy probable que no refleje el impacto total en la fauna del estado, la efectividad es alta una vez que el veterinario llega a la herida, pero la tasa de prevención ha quedado corta frente a la magnitud del brote.

Casos en humanos: Lamentablemente, se han confirmado 8 casos en humanos en la entidad (incluyendo un reporte reciente de un hombre de 62 años en diciembre).

Municipios Afectados

La plaga tiene presencia en 98 de los 106 municipios de Yucatán, lo que representa aproximadamente el 92% del territorio estatal. Los municipios con mayor incidencia o reportes recientes son:

Mayor incidencia reciente: Mérida (15 casos nuevos), Tizimín (lidera estadísticas acumuladas), Hunucmá (6 casos) y Panabá.

Otras localidades con reportes activos: Ucú, Seyé, Ticul, Chicxulub Pueblo, Kanasín, Ixil, Santa Elena, Tetiz, Abalá, Maxcanú, Tecoh, Tepakán, Yaxcabá, Tixpehual, Chocholá y Dzemul.

A esta crisis sanitaria se suma el desorden en la movilización de ganado y el ingreso constante de reses provenientes de Centroamérica, región identificada como foco activo de miasis. La falta de controles estrictos en la frontera sur y en los puntos de movilización internos incrementa el riesgo de propagación, mientras la autoridad parece mirar hacia otro lado.

Dirigencias enfrentadas y un sector rehén del conflicto

El deterioro del sector no puede explicarse sin atender el conflicto político y gremial que hoy divide a la ganadería yucateca.

Luis Cepeda Cruz encabezó durante 12 años la dirigencia de la UGROY, un periodo señalado reiteradamente por opacidad, falta de rendición de cuentas y una impunidad que nunca fue sancionada. Posteriormente asumió Esteban Abraham Macari, cuya gestión también quedó marcada por señalamientos, entre ellos presunto robo millonario, además de heredar y profundizar las divisiones internas del sector; una crisis que, lejos de resolverse, se agravó con su paso posterior por la Dirección de Ganadería del estado.

La actual administración de la UGROY, encabezada por Mario Esteban López Meneses, no se queda fuera, ya que sus intereses políticos vinculados a la Cuarta Transformación podrían estar influyendo en la intención de opacar y enjuiciar al exdirigente panista Esteban Abraham, sobre todo en un momento de crisis sanitaria, lo que, de confirmarse, estaría desviando la atención de las responsabilidades sustantivas que debería asumir una dirigencia regional enfocada en la defensa y fortalecimiento del sector ganadero.

Cepeda Cruz arrastra un pasado como exdirigente de la UGROY del que salió envuelto en acusaciones de presuntas irregularidades financieras, jamás aclaradas públicamente.

Para amplios sectores del gremio, su llegada a la función pública no significó una ruptura con las viejas prácticas, sino la continuidad de un modelo político-gremial basado en lealtades, confrontación y exclusión.

Lejos de construir consensos, la confrontación entre los grupos que representan Macari y Cepeda ha convertido al sector ganadero en rehén de una guerra interna, donde la prioridad no es la sanidad animal ni la productividad, sino el control político del gremio.

Apoyos sin transparencia y productores al margen

En medio de la crisis, los apoyos al campo continúan envueltos en opacidad. No existen padrones públicos claros, ni criterios técnicos verificables para la asignación de recursos.

Ganaderos denuncian que los beneficios se concentran en grupos cercanos al poder, mientras pequeños y medianos productores quedan fuera, enfrentando solos el impacto económico de la plaga y el cierre de la frontera norte a la exportación de novillos.

El resultado es un sector asfixiado, con pérdidas crecientes, sin acceso equitativo a apoyos y sin una autoridad capaz de articular una respuesta seria ante la emergencia.

Hoy, la ganadería yucateca avanza sin dirección, atrapada entre una plaga fuera de control, una dirigencia histórica impune y una autoridad estatal cuestionada, incapaz de generar confianza o liderazgo técnico.

La falta de decisiones firmes y transparentes amenaza no solo al presente del sector, sino a su viabilidad futura.

Mientras las pugnas políticas continúen por encima de la sanidad, la transparencia y el interés colectivo, el panorama seguirá siendo desolador para uno de los pilares productivos más importante del estado.

Este escenario no puede entenderse sin el contexto político que hoy domina al sector.

La llegada de perfiles ligados a Morena, con antecedentes cuestionables y sin capacidad de generar consensos reales, ha profundizado la división entre los propios ganaderos y ha sustituido la planeación técnica por decisiones de corte político-electoral.

Mientras desde el discurso se intenta sostener una narrativa de control y avance, en los hechos prevalece la improvisación, la simulación y la falta de acciones concretas frente a una crisis sanitaria que exige respuestas inmediatas y coordinadas.

Morena ha demostrado, también en la ganadería yucateca, un patrón reiterado, equivocarse, cubrir los errores y continuar como si nada pasara.

Las cifras “positivas” que se presumen no resisten el contraste con la realidad del campo, donde el desorden en la movilización del ganado, los apoyos clientelares y la ausencia de controles efectivos ponen en riesgo a todo el gremio.

Esta lógica de apariencias y omisiones amenaza con consolidar el peor lustro para la ganadería del estado, no por falta de advertencias, sino por una conducción política que ha privilegiado intereses partidistas sobre la viabilidad y el futuro del sector productivo.

 

Con información del Sistema de Noticias CAMBIO 22

redaccionqroo@diariocambio22.mx

AFC/GCH

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