Milton Merlo / CAMBIO 22

La relación entre Cuba y Venezuela atraviesa horas turbulentas. Así lo pudieron constatar ejecutivos del sector petrolero que siguieron de cerca el viaje a Caracas del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, esta semana

La incursión, supervisada por la encargada de negocios Laura Dogu, con pasado en el FBI, no fue solo sobre temas energéticos. Si bien este viernes se habilitaron desde la Casa Blanca dos licencias que permiten a grandes petroleras operar en Venezuela, el viaje de Wright incluyó el pedido a Delcy Rodríguez de interrumpir cualquier relación con La Habana.

Así lo confirman en el ámbito diplomático en Ciudad de México. Washington le recomendó a Rodríguez evitar apoyos al régimen castrista que se encuentra en un punto de colapso. En los últimos días Venezuela no solo no envió apoyo humanitario a la isla, sino que en breve interrumpirá la contratación de más de 11.000 médicos cubanos asentados en el país sudamericano, tal como ya lo anunció el gobierno de Guatemala.

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Esta línea de acción, además, cuenta con el respaldo del ministro Diosdado Cabello, que en privado siempre se ha quejado de la influencia de La Habana en los círculos chavistas. La frialdad hacia Cuba une los puntos más distantes en esta nueva fase del oficialismo venezolano y da fuerza a los dichos del embajador ruso en Caracas, Serguéi Mélik-Bagdasarov, quien a las pocas horas de la captura de Nicolás Maduro comenzó a hablar de traiciones al interior del chavismo. En la incursión militar de Estados Unidos para llevarse a Maduro murieron 32 militares cubanos.

La reunión de Wright con Rodríguez fue tan exitosa que, además de las licencias petroleras, el presidente Donald Trump anunció una visita a Caracas (el último mandatario estadounidense en viajar a esa capital fue Bill Clinton) y retiró al mayor portaaviones estadounidense, el Gerald Ford, de las aguas del mar Caribe: ahora viaja rumbo a Medio Oriente.

Un detalle adicional: Rodríguez le aseguró a Wright que Venezuela puede contribuir en la transición cubana y que le pediría a La Habana que comience a revisar la liberación de presos políticos, un primer paso para mejorar las conversaciones, por ahora secretas, entre Estados Unidos y el castrismo.

El giro de los acontecimientos es sorprendente. Cuba fue durante años el combustible ideológico del chavismo y ahora, frente a un potencial auge petrolero, Rodríguez contribuye al ocaso del régimen iniciado en 1959.

Las próximas postales pueden ser aún más estridentes. En el Departamento de Estado recomiendan observar las posturas que tendrá Venezuela en la Organización de las Naciones Unidas y, en un giro todavía más audaz, hasta se menciona la posibilidad de que un enviado de Rodríguez participe de la reunión que Trump protagonizará el mes que viene en Miami con los presidentes de la región que considera aliados. Un viaje de ida desde la mística bolivariana hasta los atardeceres de Mar-A-Lago.

El asedio al eje de La Habana-Caracas estuvo presente en dos reuniones de alto nivel de esta semana. La primera fue martes y miércoles en Washington, donde viajaron el general Ricardo Trevilla y el almirante Raymundo Morales para escuchar la estrategia hemisférica del secretario de Defensa Pete Hegseth. Allí se dijo que el narcotráfico latinoamericano expone una confluencia de militares, policías y grupos insurgentes que no se entiende sin Cuba y Venezuela y que es un riesgo para Estados Unidos.

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El segundo encuentro fue en Alemania, donde el secretario de Estado Marco Rubio llegó este viernes para la Conferencia de Seguridad de Múnich que agrupó a los principales jefes de la OTAN . El titular de la política exterior estadounidense dijo que el mundo ya cambió y que la seguridad es el asunto más determinante para la Casa Blanca, el verdadero motor de su ambición expansionista. El jueves un editorial de The Wall Street Journal, señaló que si se quería conocer el futuro del mundo ya no era preciso ir al foro de Davos, sino, asistir al hotel Bayerischer Hof, en el centro de Múnich.

Por lo pronto, el mes que viene comenzarán los viajes a Venezuela de ejecutivos del ámbito petrolero, bancario y de la construcción. En abril habrá un foro para promover inversiones en Nueva York y antes de julio se menciona un nuevo paquete de reformas con novedades en materia de radio y televisión para actores privados. Los negocios avanzan más rápido que la democracia, aunque Wright, a su regreso de Caracas habló de elecciones en diciembre.

Los caminos de Cuba y Venezuela podrían volver a confluir bajo la tutela de Trump. Un tema que se abordó en Las Vegas, hace dos semanas, en la reunión anual de la Asociación Americana del Cemento, el foro más grande de Estados Unidos dedicado a la infraestructura y la construcción. Allí se habló de detonar un centro logístico en Cuba para aprovechar el negocio petrolero, de gas y de minerales que se avecina en Venezuela. Todo bajo la proyección de un inminente final del castrismo, aunque este epílogo, todavía, luce brumoso.

Esta idea ya la impulsaron en 2009 el magnate Marcelo Odebrecht y el presidente brasilero Lula Da Silva en el puerto cubano de Mariel. Andrés Manuel López Obrador suele decir, en privado, que ese proyecto explica el estallido de la causa Odebrecht en los tribunales de Estados Unidos que se volvió un dolor de cabeza para la izquierda latinoamericana y que terminaría con Lula y Odebrecht presos.

En definitiva, la tesis del eterno retorno ahora en clave tropical: Lula volvió a ser presidente de Brasil, la empresa de Odebrecht volvió a operar y ahora, igual que en 2016, se vuelve a hablar de una transición en Cuba con negocios y grandes obras. Todo bajo la mirada de Trump, quien, después de momentos muy aciagos, también regresó para cambiarlo todo. O, al menos, intentarlo.

 

 

Fuente: Politica Oline

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