Redacción/CAMBIO 22

Zacatecas, Zac. En una cadena de sucesos extraordinarios, el ingeniero militar alemán Carl de Berghes, ex artillero en el ejército francés de Napoleón Bonaparte y participante en la batalla de Waterloo en 1815, salió huyendo de Europa por la derrota napoleónica y emigró a México, donde estudió y elaboró los mapas de principales zonas arqueológicas de Zacatecas, lo cual permitió su futura conservación y rescate.

Luego de deambular por distintos sitios, en 1830 De Berges llegó a trabajar en las ricas minas del estado como topógrafo, pero en 1833 cerró en la que laboraba en el municipio de Vetagrande, y el militar alemán fue contratado por el gobernador Francisco García Salinas para incorporarse de artillero en un ejército local que en 1835 se enfrentó en rebeldía con las fuerzas de Antonio López de Santa Anna.

Pero el alzamiento de García Salinas no prosperó, y De Berghes huyó de regreso a París, Francia. Sin embargo, entre 1933 y 1935, el topógrafo alemán, por encargo del gobernador de Zacatecas, ya había elaborado un pormenorizado estudio topográfico de las principales ruinas arqueológicas de la entidad: Altavista, en Chalchihuites; La Quemada, en Villanueva; Las Ventanas, en Juchipila, y el Cerro del Teúl, en el municipio del mismo nombre. Sólo de Chalchihuites había entonces algunos estudios previos elaborados por el arqueólogo Charles Kelley.

La historia anterior fue meticulosamente investigada y documentada por más de dos décadas, y narrada ahora en entrevista con La Jornada por el estadunidense Peter Jiménez Betts, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien señaló que gracias a ese trabajo ha sido posible rescatar y reconstruir los vestigios arqueológicos de una región del país donde predominaron culturas de grupos prehispánicos como los caxcanes y chichimecas, a quienes De Berghes consideró en su estudio ancestros de los aztecas.

Peter Jiménez Betts estima que sólo las ruinas del Cerro del Teúl abarcan un periodo de ocupación de hasta mil 600 años, con vestigios en su iconografía cerámica donde se representa a un águila devorando una serpiente, en un periodo fechado 900 años antes que en Tenochtitlan.

Carl de Berghes entregó alrededor de 1835 un original de su atlas de las zonas arqueológicas zacatecanas al entonces gobernador García Salinas, pero ese archivo se perdió. Sin embargo, en pleno siglo XX, se descubrió una copia en una biblioteca privada que rescató la Universidad de Chicago. Ese es el documento que ha servido para la reconstrucción, durante las últimas cuatro décadas, de los lugares prehispánicos zacatecanos, que incluyen calzadas, juegos de pelota, pirámides y múltiples vestigios.

Carreteras con piedras de ruinas

Entrevistado en el Pueblo Mágico de Teúl de González Ortega –ubicado en los límites de Zacatecas y Jalisco, al pie del cerro cuya zona arqueológica está bajo tutela del INAH–, Peter Jiménez Betts informó que, incluso en la época moderna, muchos vestigios arqueológicos, como el de La Quemada –éste, en el municipio de Villanueva–, estuvieron expuestos al saqueo y la destrucción, a manos del propio gobierno, durante la construcción de carreteras, entre los sexenios de José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado.

En ese periodo reciente, desde la Secretaría de Asentamientos y Obras Públicas (SAOP), con maquinaria pesada y decenas de camiones de volteo –todos de color amarillo, recuerda–, se estuvieron sacando de ese sitio prehispánico cientos de toneladas de piedra de las construcciones indígenas, utilizando la zona arqueológica, literalmente, de banco de materiales.

Se perdieron muros y taludes completos, señala Peter Jiménez, y La Quemada estuvo a punto de desaparecer, pero gracias a los documentos históricos de Carl de Berghes se logró el rescate arqueológico del sitio.

En la década de 1980, durante el gobierno local de José Guadalupe Cervantes Corona, se decidió rescatar La Quemada, tras un vuelo de reconocimiento que hicieron el arqueólogo estadunidense, el gobernador y Enrique Florescano, porque se vio que, con el saqueo de la SAOP, estaba en un estado crítico de sobrevivencia; entonces, allá había que hacer primeros auxilios.

Una década después se presentó un problema de extrema sequía, entre 1992 y 1993, y llegaron a Zacatecas recursos extraordinarios por una declaración de emergencia, y se contrató a cientos de campesinos, para rehabilitar con mayor rapidez el sitio.

Entonces, de trabajar con un grupo de 15 a 20 personas, tuvimos un aumento a 350, 380 y luego 400 hasta llegar a casi 500 personas trabajando con nosotros, lo que nos permitía llegar y atacar los enormes taludes caídos y restituirlos. Porque ya había muchas manos, debido a que el trabajo arqueológico es a mano.

Documentos extraviados

En 1833, el gobernador Francisco García Salinas (fundador del Instituto Literario de Jerez, precursor de la actual Universidad Autónoma de Zacatecas) pidió a De Berghes “hacer la topografía y registro de todas las haciendas españolas, para comenzar a repartirlas, y, de paso, le encargó que realizara los levantamientos topográficos de los vestigios arqueológicos del estado.

Entonces, De Berghes fue a La Quemada y realizó un trabajo intensivo de topografía maravilloso, con toda una red de 170 kilómetros de calzadas, lo registró e hizo dibujos y litografías. Luego, al Cerro del Teúl e hizo lo mismo, con una crónica excelente, sobre las tumbas de tiro y del juego de pelota, sin saber entonces qué era un juego de pelota.

Pero en 1835, cuando se enfrentaron en Zacatecas las fuerzas militares locales con las del presidente Antonio López de Santa Anna, De Berghes tuvo que huir de Zacatecas, pero ya antes había entregado su informe arqueológico. Los planos con que trabajamos hoy día de De Ber-ghes son copia del original, porque con el desmadre que hubo entre los generales García Salinas y Santa Anna, no se supo dónde quedó ese archivo; se perdió.

De Berghes regresó a Europa, y en esa época conoció allá al famoso historiador mexicano José María Luis Mora Lamadrid, que estaba exiliado en París. En una ocasión que se encontraron, éste le preguntó sobre el levantamiento topográfico que hizo en el valle de las ruinas de Chicomostoc (La Quemada) y le pidió una copia, y Berghes se la mandó.

Pero luego, en otra revuelta social de la época en Francia, fue provocado un incendio justo en la cuadra donde vivía Mora Lamadrid, y se quemó toda su casa, la biblioteca y el archivo. Adiós informe.

Rehacer todo

Mora Lamadrid contactó nuevamente a De Berghes y solicitó una nueva copia, pero el ex militar alemán respondió que no tenía, que tendría que abrir su baúl y reunir sus documentos y escritos originales para hacer un informe más de sus apuntes y sus croquis, rehacer todo. Así lo hizo, y en 1855 lo publicó en Europa con el título: Descripción de las ruinas de asentamientos aztecas durante su migración al Valle de México.

Pasaron los años, y no se supo más de ese documento. También se consideró perdido. Sin embargo, en la década de los años 80, en pleno siglo XX, la Universidad de Chicago adquirió una biblioteca privada, y “compró como muchas veces hacen los museos, toneladas de legajos de archivos, a un grupo de alemanes, y entre esos archivos estaba parte de unos dibujos en alemán. Entonces le mandaron copia de eso al investigador Hans Prem, arqueólogo de la Universidad de Bonn, y le preguntaron si los reconocía, y contestó; ‘sí, son los dibujos de De Berghes’. ¿Cómo llegaron ahí?

De pura chiripa terminó en algunas colecciones, en ese legajo de toneladas de papel que se adquirieron en Chicago, y ahí estaba el famoso informe, que nosotros usamos para saber tanto de las zonas arqueológicas de La Quemada, en Villanueva; La Cruz de la Boca, en Sombrerete, y del Cerro del Teúl. Eso es un tesoro, la historia de De Berghes es fabulosa, como para hacer una película.

 

 

Fuente: La Jornada

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