La mayor utilidad que le han dado al Coruco Díaz han sido de manera intermitente los equipos de la otrora llamada Liga de Ascenso, principalmente, categoría cuyas mejores entradas rondan los cinco mil aficionados, cifra muy lejana al aforo de 24 mil personas que tiene el estadio. Por ejemplo, el último partido del Atlante como local en la Jornada 3 del Torneo Clausura 2026 tuvo apenas tres mil 918 asistentes.
Como no todos los años ha habido futbol en el inmueble por el rondín de franquicias que van y vienen, durante el gobierno del hoy morenista Cuauhtémoc Blanco fue convertido en un gimnasio improvisado para los trabajadores de Morelos.
Desde la sociedad civil, instituciones como la Asociación Morelos Rinde Cuentas han intentado fiscalizar los recursos erogados, pero lo único que han encontrado es un sistema que promueve la opacidad con fiscales anticorrupción y auditores afines al sistema de gobierno estatal.
“Desde entonces, 2014 o 2015, tenemos una Auditoría que no funciona, una Auditoría que está controlada por los diputados y por las personas que gobiernan en turno”, asegura Roberto Salinas, presidente de la mencionada asociación en referencia a la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización del Congreso del Estado de Morelos.

Estadio sin problemas
Zacatepec tiene poco más de 36 mil habitantes. Es decir, en el estadio cabe 67% de la población del municipio. La desproporción es tal que, para comparar, en el Estadio Azteca cabría apenas 0.8% de los habitantes de la Ciudad de México.
Incluso, el aforo del Coruco Díaz es superior al promedio de las asistencias de la Primera División durante el Torneo Apertura 2025, que fue de 22 mil personas por juego. La desproporción no es sólo arquitectónica sino política. Simplemente no era necesaria una obra de esa magnitud. A los pocos días de iniciar su mandato, Graco Ramírez confirmó el proyecto.
“¿Quién va a ganar? Van a ganar los jóvenes, va a ganar nuestro estado, porque va a venir gente a ver futbol, vamos a dar una imagen positiva de Morelos”, prometió el gobernador en julio de 2013.
Diez años después, en 2023, Cuauhtémoc Blanco, quien tuvo varios encontronazos políticos con Graco Ramírez, llegó a decir, en la inopia, que el estadio se estaba cayendo y que requerirían alrededor de 100 millones de pesos para arreglarlo. Una semana después se retractó.
Injustificada argumentación
A partir de la declaración de intenciones de Graco Ramírez en 2013 comenzó una cascada de argumentos inverosímiles para que existiera una petición “legítima” de remodelación.
La Promotora Deportiva Zacatepec, cuyo equipo militaba en la Tercera División Profesional (TDP), le pidió formalmente al gobernador, en febrero de 2013, ampliar y remodelar el inmueble, pese a que ese club no tenía la más mínima posibilidad de jugar en la Liga de Ascenso.
Aun así se echó a andar la maquinaria burocrática y en una sesión del Comité de Obras Públicas morelense, realizada en septiembre del mismo año, se enumeraron varios “antecedentes” para plantear la reconstrucción. Entre los argumentos que mencionó la Promotora Deportiva Zacatepec estaba que el estadio no cumplía con el “cuaderno de cargos” exigido por la Federación Mexicana de Futbol (FMF).
A esa petición se sumó la Dirección de Protección Civil estatal con el argumento de que el estadio representaba un riesgo por su vieja estructura. También la presidencia municipal pidió la reconstrucción “con carácter de urgente” y en el mismo tenor se pronunció el Instituto del Deporte y Cultura Física del Estado de Morelos, entonces dirigido por…
Fragmento del reportaje publicado en la edición 0033 de la revista Proceso, correspondiente a marzo de 2026, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.



















